Muchas campanas que todavía están en los campanarios de la ciudad y de la provincia de Pontevedra llevan la firma de la familia Ocampo
En el centro, campana de Melchor Ocampo en Santa María, Pontevedra. M. BARÁ
Las campanas fueron el Es-Alert para dar avisos a la población desde que existen en los campanarios de las iglesias. En la actualidad aún cumplen sus funciones en pequeñas poblaciones rurales en las que todavía se toca a difuntos, tañer de "tocar a muerto".
Por desgracia, en el mundo de las campanas, hay dos profesiones a punto de desaparecer en el mundo de los campaneros: una la de los fabricantes-fundidores y las pocas personas que todavía las tocan manualmente, porque conocen el lenguaje de las campanas. Sobre esto último destacar que, en 2019 en España según Real Decreto 296/2019 de 22 de abril, y después por la Unesco en 2022, el Toque Manual de Campanas fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ya que han, "funcionado durante siglos como un lenguaje de comunicación social, litúrgica y de alerta".
Esta crónica resume la historia de una empresa familiar que mantiene viva la profesión de campanero desde hace cuatrocientos años en Arcos da Condesa en Caldas de Reis (Pontevedra). Una empresa que dejó su huella en Galicia, España y el mundo, que todavía sigue haciendo las campanas prácticamente igual que en el s. XVII.
La primera fundición en Arcos da Condesa en Caldas de Reis (Pontevedra) se remonta por lo menos al año 1630. Casi cien años después, en 1734, Juan Jerónimo Blanco Rucabado, natural de Santa María de Toroya (Cantabria), en principio se instala en Meis y posteriormente se trasladó a Arcos da Condesa, lugar en el que se estableció como fabricante de campanas dando origen a una saga de campaneros que llega hasta nuestros días. Casi todos los artesanos campaneros eran de origen cántabro. La contratación de una campana se hacía mediante contrato redactado por un escribano público. La fundición de Arcos a lo largo de los siglos cambió varias veces de ubicación, casi siempre en la misma zona.
Juan Jerónimo Blanco Rucabado contrajo matrimonio con María Paz y Moure en 1786 en Santa Mariña de Gomariz, Leiro (Ourense). Le sucedió en el negocio su hijo Antonio y Felipe Blanco Paz que hizo en 1828 las campanas de la iglesia de San Xulián de Bastavales en Brión a las que cantaba Rosalía de Castro, "Campanas de Bastabales,/cando vos oio tocar,/mórrome de soidades./Cando vos oio tocar,/campaniñas, campaniñas,/sin querer torno a chorar".
Le sucedió el nieto de Juan Jerónimo y sobrino de Felipe Blanco, Juan Ramón Ocampo Blanco, hijo de Buenaventura Ocampo y Margarita Blanco Paz, que trabajo como campanero con Felipe y Antonio. Juan Ramón Ocampo Blanco se casó con Carmen Baliñas y fueron los padres de José y Melchor. Juan Ramón, entre otras muchas, realizó en 1873 la campana mayor de la iglesia de San Pedro de Cea en Vilagarcía de Arousa o en 1878 la de la capilla de San Roque en San Cristovo de Briallos (Portas).
Continuó como campanero su hijo Melchor Ocampo Baliñas , que se casó con Francisca Barreiro Monteagudo. Reseñar la campana central de la Basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra, que consta de cuatro campanas, procede de la fundición de Melchor Ocampo y fue fabricada en 1910, que bendijo el 12 de agosto por el Rector Castro Queiruga, "Hoy a las nueve tendrá lugar en Santa María el acto de bendición de las dos nuevas campanas refundidas por el conocido y reputado campanero de Arcos de la Condesa Sr. Ocampo". La campana mediana, de 1640, es de autor desconocido, otra mediana de 1930 es de Ocampo, así como la más pequeña de 1904.
En 1911 Melchor anunciaba la fundición con su hijo Juan, "Se presenta en las parroquias para realizar los contratos; se encarga de arrastres y colocaciones bajo su responsabilidad, y garantiza sus obras por el tiempo que convenga. Recibe las viejas a cuenta y cobra a plazos". Melchor gano un pleito en 1909 en el Juzgado de Padrón sobre el impago de un importe adeudado de una campana de la iglesia de Sorribas.
Cuando falleció Melchor, en 1913, se hizo cargo de la fábrica su hijo Juan Ocampo Barreiro casado en segundas nupcias con Josefa del Río Baliñas (1888-1967). Un ejemplo de su paso por la empresa es la campana mayor de la iglesia de San Pedro de A Ramallosa de Nigrán en 1948 y de la iglesia de San Vicente de Cerponzóns, la mayor en 1918 y la menor hecha en 1952, campanas que todavía existen.
Los nietos de Melchor, e hijos de Juan que había fallecido en 1954, Laureano, Manuel, Julio y José Ocampo del Río siguieron con la fundición y eran conocidos como "Os campaneiros de Arcos". Laureano se casó con Aurora de la Fuente Búa el 18 de febrero de 1961 en la iglesia de Santa Marina de Caldas de Reis.
Según contaba Laureano en una entrevista, en los años sesenta salían de la fábrica Ocampo unas cien campanas al año para toda España, entre ellas la campana mayor la de la ermita de Santa Margarita de Mourente en 1967.
El precio de una campana de bronce de 110 kilos rondaba las 30.000 pesetas. Aunque no hay registro de la patente decían que habían patentado la técnica de fundición, que guardaron siempre en el más estricto secreto, aunque no existe constancia oficial de dicha patente. La campana se hacía partiendo de moldes de barro y el material de la misma provenía de Pontevedra, Vigo o Vilagarcía.
El tiempo medio que tardaban en hacer una campana variaba en función de la época del año; por ejemplo, en verano veinticinco días y en invierno cuarenta. Laureano detallaba que para fundir el material para hacer una campana de 400 kilos se necesitaban unos 4.000 kilos de leña de pino, roble y eucalipto y se lograba fundir en unas seis horas.
En esa época la fundición la hacían los sábados para "levantar las campanas" el lunes, explicaba Laureano. Nunca les devolvieron una campana por ningún defecto, debido la excelente calidad de los materiales, la durabilidad y al sonido de las mismas. Para ello era imprescindible contar con un instrumento, el escantillón, que era un palito con marcas a modo de plantilla del que no se separaba Laureano, "Estas rayitas y curvas señalan o indican la debida proporcionalidad exigida por una campana", matizaba sobre el palo mágico que heredó de sus bisabuelos. La campana más grande que habían hecho ellos, en su generación, había sido para el templo de San José de Marín , que pesaba 1.290 kilos en 1962.
Además de la campana de Santa María de Pontevedra de Melchor de 1910, José Enrique López Ocampo , la generación actual de los Ocampo, sigue con la tradición familiar y en 2017 refundió las campanas, ya muy deterioradas, de la capilla de San Roque de Pontevedra para hacer unas nuevas.
Xosé Troiano Carril, Estanislao Fernández de la Cigoña y colaboradores, hace ocho años catalogan las campanas de Galicia como parte del trabajo "Maestros Fundidores de Campás en Galicia". Están realizado un inventario necesario de las campanas de Galicia, entre las que se encuentran las de la familia Ocampo, que esperamos ver plasmado en un libro que es, sin lugar a duda, de interés general para Galicia.
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