GARCÍA-VIVÓ, M. - La leyenda negra del Miguelete

La leyenda negra del Miguelete

En sus 600 años de historia, ocho personas han perecido al caer desde lo alto.
Visite el Miguelete todos los días de 10 a 13 h y de 16’30 a 19 h, y sorpréndase de una torre cargada de recuerdos


Aunque es uno de lo símbolos más típicos de Valencia, son pocos los valencianos que han subido hasta su cúspide, y poco a poco se convierte en un monumento olvidado, una antigua torre que nos parece bajita en comparación con los actuales rascacielos. Sin embargo, más de 500 años de apasionante historia se esconden entre sus muros, porque este campanario, lo ha visto todo. A lo largo de su historia, por desgracia o suicidio, han muerto 8 personas, según la documentación que se posee. la primera de ellas se produjo en 1418 cuando se estaba construyendo cayó un obrero y se mató. Años más tarde el 6 de noviembre de 1441, un sacristán que tocaba las campanas cayó a la plaza.

Casi 200 años más tarde, el martes 29 de junio de 1638 cayó el niño Lorenzo Fuster. El pequeño contaba con 6 años de edad, era hijo del campanero y cuando quería alcanzar la cuerda de una pequeña campana cayó por una claraboya. Pero como todas las torres, también ha tenido sus momentos trágicos: El 23 de Diciembre de 1767, se suicidó arrojándose al vacío, el soldado catalán Manuel Sarcos Anner, siguiendo con una funesta tradición que decía que El Miguelete era el lugar para todos los desesperados con el corazón roto que quisieran acabar con su vida.

El 11 de abril de 1831, el médico de 36 años José Bruño puso fin a su vida. Lo mismo hizo el 30 de junio de 1861 Isabel Bartina Mestre, de 30 años, hija de un conocido comerciante de la ciudad. El 14 de febrero de 1887, un joven del barrio de Ruzafa, Vicente Navarro, de 18 años, también se suicidó. Finalmente, el 20 de noviembre de 1895, el maestro de obras, Antonio Labrandero sufrió un accidente hasta caer a la plaza.

Todos estos percances han ocurrido en los 600 años de historia del Miguelete, que comenzó a construirse en 1381, concebida como una torre exenta a los pies de la catedral, por “Necesidad y decoro de la catedral, y en honra de la ciudad de Valencia”, según escribió el obispo Jaime de Aragón, al rey D. Pedro IV el Ceremonioso.

Construcción

El proyecto se encargó al arquitecto Andrés Juliá, pero las obras fueron tremendamente lentas debido a la falta de dinero, aunque el celo del obispo y su cabildo acabaron por empujar la construcción del campanario, y por fin en 1415, después de muchas reformas y varios arquitectos, ya estaba construida una parte del último cuerpo. Aún así, faltaba lo más importante, las campanas. El 29 de Septiembre de 1418, día de San Miguel, se inauguró la campana mayor, de la cual procede el nombre de la torre. Y el 18 del mismo mes de 1424, a pesar de que todavía faltaba un remate que nunca llegaría a colocarse por impago al arquitecto, las campanas repicaban por fin triunfales sobre El Miguelete. Su altura definitiva es de 50,85 metros, longitud idéntica al perímetro de su base y se accede al interior por una escalera de caracol.

Recuerdos

Desde su construcción, El Miguelete ha sido el lugar de anuncio de los grandes acontecimientos y fiestas de la ciudad: proclamaciones de reyes y pontífices, triunfos de armas, celebraciones paganas y religiosas... Uno de los actos más tradicionales fue durante mucho tiempo la conmemoración de la entrada del rey D. Jaime en Valencia y la purificación de la catedral de Valencia el día de San Dionisio. Otra de las funciones del Miguelete era la llamada “Fumada”, una hoguera que se encendía todas las noches al toque de las primeras oraciones. Mediante un sistema de torres visibles entre sí y estratégicamente situadas, se vigilaba toda la costa de los ataques de piratas y moros. Una hoguera encendida significaba “sin novedad”, dos querían decir peligro; y si el torrero arrojaba la hoguera desde lo alto de la torre, los moros habían desembarcado y había que preparar el contraataque. la “Fumada” del Miguelete, por ser la torre más dominante de todo el litoral, era la que daba la señal a las otras, que la iban reproduciendo a lo largo de todo el reino.
Mucho más tarde, en 1840, cuando ya comenzaba a vislumbrarse la revolución industrial, la torre todavía cumplía funciones prácticas. se colocaron en ella dos enormes pelotas de badana huecas, que subían y bajaban para anunciar la salida de los vapores del puerto.

GARCÍA-VIVÓ, M.
Valencia en Feria (22/04/1998)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanarios: Bibliografía

     

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