Historia de un templo
Las reformas necesarias y mejoras importantísimas realizadas en la iglesia de Santa Lucía, de esta ciudad, son motivo para reseñar la historia de dicho templo. Los orígenes del mismo se remontan a la época de la Reconquista, en el año 1238, en que el rey Don Jaime el Conquistador se posesionó de Valencia, y entonces, en la Metropolitana ya existió la capilla y Cofradía de Santa Lucía, enriquecida con reales concesiones y privilegios. En el año 1392, sexto del reinado de Don Juan II de Aragón, hicieron los miembros de la mencionada Cofradía una reverente súplica a su majestad, incluyendo diferentes capítulos de sus estatutos, los cuales fueron aprobados, y atendiendo a las gracias y licencias de los anteriores reyes, el monarca decretó que se pudiese tener en el altar de la Santa, en la Seo, una lámpara que ardiese continuamente y dos cirios, sin ninguna obligación o consignación de bienes, y además dió facultad el rey para buscar lugar cómoda y fabricar en él iglesia y poderse reunir los cofrades a tratar y conferir los negocios y asuntos de la referida Cofradía; todo esto consta por real privilegio expedido en Diciembre del mencionado 1392. Antes de poner en práctica lo otorgado, y a consecuencia de haber fallecido el rey, acudieron a su sucesor don Martín los cofrades, consiguiendo del soberano, en 15 de Abril de 1399, permiso para comprar casas, huertos y demás heredades con el fin de poder edificar y construir iglesia o capilla a honra y gloria de Dios y de la virgen y mártir Santa Lucía; en virtud de esta concesión, los vocales de la Junta de la Cofradía adquirieron aquel mismo año patios y casas para la edificación de la iglesia. Existen archivadas las escrituras de venta, como asimismo las bulas de Benedicto XIII concediendo diferentes indulgencias a la Cofradía en 1421. En 1511 se concluyó la fábrica de la nueva iglesia, se procuró licencia para su bendición, que se logró en 15 de Septiembre del mismo año por el entonces Obispo Ausias Carbonell, Religioso Dominico del real convento de Predicadores, quien celebró la primera Misa que se dijo en el expresado templo, en el cual continuó el culto, autorizado por la Santidad de Clemente VIII en 18 de septiembre de 1526.
La Cofradía se vió en estado floreciente, próspero, llena de esplendor; los Papas la enriquecieron con la donación de reliquias; consta esto por la bula que se conserva de Sixto V en 17 de Octubre de 1584, y también en el sumario de indulgencias concedidas por Gregorio XIII, en bula expedida en Roma en 1588. Antes de esta fecha, en 23 de Noviembre de 1570, el inolvidable Arzobispo Beato Juan de Ribera se dignó visitar la Cofradía, disponiendo, en documento que se conserva firmado por su mano y por la de su secretario, Fray Feliciano de Figueroa, que se gastase en la comida de los pobres que el día de Santa Lucía se daba, doble de lo que hasta entonces se invertía.
Más noticias y datos históricos de la iglesia de Santa Lucía de Valencia podríamos comunicar a los lectores; pero en gracia de la brevedad, basten los aportados. Solo resta decir, que han pasado las centurias, y el huracán de la revolución que todo lo destruye, ha respetado este templo antiquísimo, y la esponja del olvido no ha borrado en las gentes el recuerdo de los milagros que Dios obra por mediación de la mártir de Siracusa en favor de sus devotos. Como por la uña del león, por la garra de esta fiera, se adivina toda la formidable majestad del terrible rey del desierto, de modo parecido, por la piedad y el amor con que nuestros padres honraron la imagen de Santa Lucía en su histórica iglesia de esta capital, podemos deducir la gran fe y entusiasmo de aquellos españoles, de los cuales son dignos émulos los señores que hoy constituyen la Junta de Gobierno de la Cofradía, a la cual pertenecen millares de católicos de la ciudad y pueblos. Valencia entera agradecerá debidamente los esfuerzos que se han hecho para llevar a feliz término obras de reparación en el histórico templo que nos ocupa. Verdaderamente, en el interior y fuera de él, se admira un gusto exquisito en procurar la limpieza y ornato que requiere la casa del Señor; zócalos de azulejos, nuevo pavimento, restauración de altares, fachada decorada convenientemente, todo nos da la impresión de lo moderno, aunque se ha conservado, como es de alabar, la nota de antigüedad que caracteriza y es propia a esta iglesia, en la que cada día el culto es mayor, dado el celo de su Capellán, que procura el buen servicio de los fieles, en la administración de los sacramentos de la Penitencia y Comunión, celebración de Misas y funciones religiosas.
Amantes de las glorias valencianas y tradiciones populares, creemos que merecen enhorabuena cumplidísima los que en la excelente obra de restauración de la iglesia de Santa Lucía han tomado parte con su dirección o consejo, con su cooperación y desprendimiento. Se trata de un monumento histórico de piedad que nos habla, más elocuentemente que todos los discursos, que es un testimonio secular de la devoción española, que es un libro en cuyas páginas de piedra podemos leer las bondades y los beneficios de Dios, que es un recinto sagrado en donde varias generaciones oraron y gimieron, precioso invernadero de flores de virtud y en el cual los hombres han alcanzado mercedes y favores; templo, en fin, a donde se acude en busca de la vista corporal, que Dios concede por mediación de Santa Lucía, y a donde todos hemos de acudir también para que la mártir de Cristo dé a los ciegos entendimientos de los hombres de hoy la luz de la fe y la vista clara de la virtud, que llevan a la humanidad por los derroteros de la civilización y del verdadero progreso-