Las quejas de un veraneante acallan las campanas en un pueblo de Burgos: «Valdeande tiene sus sonidos, tiene su vida»
El vecino se quejó por los decibelios del reloj durante la noche y, finalmente, ha obligado a cesar los avisos de 23:00 a 8:00 de la mañana. También le molesta el canto de los gallos de la localidad

Vista de la iglesia de Valdeande, en Burgos - Autor: AYUNTAMIENTO DE VALDEANDE
Valdeande es una localidad tranquila y con un vecindario muy unido. Tiene su bar, sus piscinas, su museo lagar, su lavadero... y su iglesia, dedicada a san Pedro, con un reloj que da las horas mediante campanadas. Pero ahora, debido a las quejas de uno de sus vecinos, el horario de este se ha visto restringido.
Este pueblo de Burgos, ubicado en la Ribera del Duero, cuenta con 103 habitantes censados, aunque en invierno ronda el medio centenar. La historia de las campanas y un veraneante con problemas de sueño se remonta al año 2023, cuando el reloj marcaba todas las horas: a las en punto, toques según el número de hora; y, a y media, un toque para avisar de que ya habían transcurrido 30 minutos.
Hace tres años, en julio, un vecino «no residente» en Valdeande se reunió con los miembros de la corporación municipal. En la misma les trasladó su «malestar con el ruido de las campanas en horario nocturno», según un bando que el propio Ayuntamiento publicó para transmitir el asunto al resto de habitantes y visitantes.
Tras deliberar sobre el asunto, los concejales decidieron «por unanimidad» continuar con el horario de las campanas tanto de día como de noche. 180 toques diarios a los que muchos vecinos estaban acostumbrados y que les ahorraba mirar el reloj.
Una denuncia lo ha cambiado todo
Sin embargo, el vecino «no residente», o veraneante, como se les conoce coloquialmente en los pueblos, volvió a la carga contra las campanas en enero de 2026. El Ayuntamiento de Valdeande recibió un estudio de ruido que concluía que las campanas excedían «los límites permitidos nocturnos».
Al respecto, la corporación decidió estudiar el caso, para lo que contrató un mantenimiento de reloj con la intención de «bajar» los decibelios de los avisos. Otra compañía se iba a encargar de realizar un estudio del ruido de la campana.
Pero todo cambió en mayo de 2026. Según explica el bando, se interpuso «un recurso contencioso administrativo» al Ayuntamiento por el tema de las campanas y sus reiterados avisos sonoros. Al respecto, la corporación municipal «se ha visto obligada» a anular este proceso y ceder en las peticiones del veraneante.
El Ayuntamiento de Valdeande no quería asumir los «costes excesivos» del proceso judicial para destinarlos a otros proyectos. Por tanto, se ha reducido, muy a su pesar, el horario de los toques de campana. Desde principios de junio, la última vez que suena es a las 23:00 horas. Las siguientes campanadas se oyen a las 8:00 de la mañana. 48 toques menos.
Los vecinos sienten que les imponen su modo de vida
«El pueblo tiene sus sonidos, igual que tiene su vida, tiene los tractores que van al campo a trabajar, las gallinas, las campanas, el agua que cae por los chorros de la plaza...», explican varios vecinos de Valdeande que viven todo el año en la localidad ribereña. «Esta es nuestra vida», sentencian con pesar.
«¿Hay más ruido en la ciudad, no?», se preguntan. Porque sienten que estas personas no residentes en Valdeande no entienden su forma de vida y que un pueblo tiene también sus propios sonidos. Los vecinos de la localidad no quieren que personas que les visitan durante uno o dos meses al año les «impongan su modelo de vida».
«Al final, cuando tú vas a un sitio te tienes que hacer a ese sitio y, si no te gusta, aguantar», afirman los vecinos de Valdeande.
Reivindicaciones del mundo rural en forma de carteles, pintadas y pegatinas
Desde junio, la noche en Valdeande es más calmada, pero nadie puede saber qué hora es sólo con aguzar el oído. Días más tarde de eliminar los toques de campana, el pueblo vivió sus fiestas en honor a san Pedro.
Fue entonces cuando aparecieron pintadas, carteles y pegatinas en la localidad ribereña. «Bienvenido a Valdeande. En este pueblo tenemos: iglesias cuyas campanas suenan regularmente; gallos que cantan temprano; rebaños que viven cerca; agricultores y ganaderos que trabajan para alimentarte. Si no puedes soportarlo, estás en el lugar equivocado. Si puedes hacerlo, recibirás una gran bienvenida y amabilidad».

Carteles y pegatinas aparecidos en Valdeande. (BC)
También se vieron en Valdeande unas pegatinas en las que se podía leer: «El pueblo tiene vida, tiene sonidos. No son ruidos, son nuestras raíces. Respeta nuestro pueblo».
Al veraneante también le incomodan los gallos
Tal es el asunto que, después de las campanas y las acciones reivindicativas, el veraneante, que parece tener problemas de sueño, también se ha quejado sobre el canto de los gallos. De hecho, incluso ha llamado a la Guardia Civil aquejando que los animales no le permiten descansar, según cuentan varios vecinos de Valdeande.
Los agentes, tras el aviso, acudieron a la localidad ribereña, donde comprobaron los gallineros permitidos por la Junta de Castilla y León, así como sus condiciones. «Todos cumplían», señalan los vecinos de Valdeande.
A pesar de las quejas, Valdeande se mantiene unido. Sin embargo, los residentes que viven en el pueblo durante todo el año señalan que algunos visitantes sin empadronar se han vuelto «muy exigentes», a la par que piden que se respete la vida en el medio rural con sus sonidos, sus olores, sus tradiciones y su saber vivir. Que ellos no visitan la ciudad para quejarse.