RUIZ, Sara - Las vecinas de Bédar que hicieron sonar las campanas para salvar a todo un pueblo del incendio

Las vecinas de Bédar que hicieron sonar las campanas para salvar a todo un pueblo del incendio

Manoli y Puri recibieron la llamada del alcalde y subieron al campanario mientras las llamas avanzaban hacia el centro del pueblo


Manoli y Puri, las vecinas de Bédar que tocaron las campanas para desalojar el pueblo, en el bar El Cortijo - Autor: RUIZ, Sara / LA VOZ DE ALMERÍA

El sonido de las campanas rompió el silencio de la tarde en Bédar cuando el incendio avanzaba sin control hacia el municipio. No llamaban a misa ni anunciaban una fiesta. Avisaban de que había que salir del pueblo cuanto antes. Al otro lado del teléfono, el alcalde, Ángel Collado, apenas tuvo que dar una orden: “Coged la llave de la iglesia y tocad las campanas”. Manoli y Puri, bedarenses, no lo dudaron. Subieron al campanario e hicieron sonar un aviso que muchos vecinos aún recuerdan cuatro días después.

El incendio forestal que ha dejado trece víctimas mortales y unas 7.000 hectáreas calcinadas continúa sacando a la luz historias que reflejan cómo se vivieron aquellas horas en los municipios amenazados por las llamas. En Bédar, hoy LA VOZ ha encontrado una de ellas en la terraza del bar El Cortijo, el primero que recibe a quienes llegan al pueblo.

Allí, entre vecinos y residentes extranjeros que intentan recuperar la normalidad, Manoli, junto a Puri, ha rememorado la tarde en la que las campanas volvieron a convertirse en el sistema de alerta de todo un pueblo. En la misma mesa, Antonio, sacerdote natural de Los Gallardos y responsable de las parroquias de Antas, Uleila y Lubrín, escucha la conversación. Él también vivió aquellas horas ayudando a atender a los evacuados y haciendo sonar las campanas en otras pedanías cuando el fuego seguía avanzando.

“Tocad las campanas”

Todo comenzó horas antes de la evacuación. Sobre las cuatro y media de la tarde, un amigo camionero avisó a través de un grupo de WhatsApp de que una torreta eléctrica había caído cerca del bar Anita y que los bomberos ya trabajaban en un incendio. Al principio, desde Bédar solo se distinguía una columna de humo en la distancia, pero con el paso de los minutos la preocupación fue creciendo.

Fue sobre las siete y media de la tarde cuando sonó el teléfono. Al otro lado estaba el alcalde. La orden era clara: el pueblo debía ser evacuado y había que avisar a todos los vecinos lo antes posible. “Nos dijo: 'Hay que desalojar el pueblo. Coged la llave de la iglesia y subid a tocar las campanas para que la gente supiera que pasaba algo’”, relata en la conversación con LA VOZ.

Las dos vecinas no lo dudaron. Subieron hasta el campanario e hicieron sonar las campanas. Después, mientras regresaban a sus casas para preparar la salida, fueron recorriendo las calles y avisando puerta por puerta a quienes todavía no habían recibido la alerta. Poco después, con lo puesto, Manoli, Puri y la hermana de Manoli abandonaron Bédar rumbo al pabellón de Los Gallardos. Fueron de los últimos vecinos que lograron salir en coche antes de que las llamas obligaran a cortar la carretera. Ni siquiera imaginaban que aquella tampoco sería su última parada.

De una evacuación a otra

El pabellón de Los Gallardos se convirtió el jueves por la noche en el primer punto de encuentro para los vecinos evacuados. Allí permanecieron alrededor de una hora junto a decenas de familias mientras seguían con preocupación la evolución del incendio. Sin embargo, la tranquilidad duró poco. “Veíamos cómo las llamas se acercaban al pabellón y nos dijeron que tampoco nos podíamos quedar allí”, señala Manoli.

Fue entonces cuando comenzaron de nuevo los desplazamientos. Un matrimonio amigo de sus padres les abrió las puertas de su casa para pasar la noche. Días después, tras el fallecimiento de un familiar de esa familia en el incendio, volvieron a cambiar de alojamiento y fueron acogidas por otros conocidos en Los Gallardos hasta la noche del domingo. “Nos fuimos con lo puesto. La gente se ha portado de maravilla con nosotras”, agradece.

Y mientras Bédar era evacuado, la emergencia también se extendía por el resto de la comarca. Antonio, responsable de las parroquias de Antas, Lubrín y Uleila del Campo, pasó aquella noche atendiendo a los vecinos desplazados en Lubrín. Horas más tarde, cuando las llamas amenazaban varias pedanías del municipio, volvió a recurrir a las campanas de la iglesia para alertar a la población y facilitar una nueva evacuación. “Conozco bien esta tierra y sabíamos que la situación era muy complicada”, explica el párroco, que colaboró durante toda la emergencia junto a voluntarios, concejales y efectivos de la Cruz Roja en la atención a los vecinos que tuvieron que abandonar sus casas.

El regreso a un paisaje irreconocible

No fue hasta la tarde del domingo cuando las tres pudieron regresar a Bédar. El alivio por volver a casa se mezcló con la tristeza al contemplar el paisaje que el incendio había dejado a su paso. “Veníamos llorando en el coche. Todo estaba negro, negro. Con lo precioso que estaba esto... fue desolador”, recuerda Manoli, todavía emocionada.

Ahora, poco a poco, Bédar recupera el pulso. En la terraza del bar El Cortijo vuelven a escucharse conversaciones entre vecinos y residentes extranjeros, aunque el incendio sigue estando presente en cada mesa. Basta levantar la vista hacia la sierra para comprobar la magnitud de la tragedia.

Las campanas de la iglesia han vuelto a marcar las horas, como llevan haciendo desde hace generaciones. Pero quienes estuvieron allí aquella tarde saben que, durante unos minutos, dejaron de ser el sonido cotidiano del pueblo para convertirse en una llamada urgente a la evacuación. Un eco que todavía resuena en la memoria de Bédar y que, probablemente, nadie olvidará cuando vuelva a mirar hacia la montaña.

RUIZ, Sara

La Voz de Almería (13-07-2026)

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