Reconstruyen en Os de Balaguer, localidad de la Noguera, una campana de 500 kilos realizada con métodos de la Edad Media
Hacía 200 años que en Cataluña no se fabricaba una campana siguiendo las técnicas medievales; la manera de hacer y trabajar de los viejos maestros. Así que este fin de semana la localidad leridana de Os de Balaguer, que cada año celebra un encuentro de campaneros, ha sido el escenario de un insólito espectáculo: ver en directo, a pie de la torre del campanario, la fundición de una campana de grandes dimensiones.
Y es que no ha sido una tarea fácil. El pasado 10 de abril se empezó a construir en esta pequeña localidad de la Noguera, un gran horno de leña que iba a servir para dar forma a los moldes y poder fundir, después, los lingotes de bronce, con los que fabricar una campana de 500 kilogamos, noventa centímetros de diámetro y una altura de más de un metro. Un reto superado ayer gracias al tremendo esfuerzo y empeño de los responsables de la idea.
Este sábado por la noche tuvo lugar la esperada exhibición: contemplar como de los moldes de barro y de la fundición del bronce aparecía una campana.
Todo el referido proceso ha sido supervisado por el maestro campanero y fundidor cántabro, Abel Portilla y su ayudante José Cagigas.
Generación tras generación
El ayudante del maestro campanero explica orgulloso que se trata de un técnica muy antigua, «hace 400 o 500 años que se fundían así las campanas. Es un sistema muy antiguo que ha ido pasando de familia en familia», y pone un ejemplo que le llena de satisfacción: «Hace 400 años que el escultor Miguel Angel ya lo utilizaba en Italia».
Abel Portilla, que tiene un taller de fundición en la localidad cántabra de Gajano, ha sido el responsable de realizar todo un trabajo de investigación que ha servido, finalmente, para recuperar estas técnicas medievales con las que se construían las campanas de las iglesias, que guiaban a la comunidad.
Pero no sólo la campana tiene estas ya citadas considerables dimensiones, también los materiales utilizados durante el proceso de fundición.
Para esta sorprendente construcción han sido necesarios cinco kilos de leña, dos mil kilos de barro, quinientos kilos de bronce, cinco litros de sangre animal y un compás medieval, entre otras curiosidades.
Pero aseguran, con entusiasmo, que tanto esfuerzo ha merecido la pena. El trabajo de fundición no sólo ha recibido el aplauso de los curiosos sino que también han sido alabados por el centenar de campaneros que se han reunido en este XII encuentro de la localidad leridana de Os de Balaguer para reivindicar un oficio que no quieren que se pierda.
Hablan de su oficio milenario esperando que se les reconozca una labor que requiere mucho esfuerzo y que pocos conocen.
«Quedan muy pocos campaneros y no digamos fundidores. Es un oficio que se está perdiendo y que tendríamos que intentar mantener», señala Joan Tarragona, un hombre que es campanero que desde hace muchos años y que recuerda cuando las campanas servían para comunicar a la población los distintos acontecimientos que se sucedían en un pueblo. Como si fueran pequeños y especiales periódicos.
«Hay repiques para todo, para entierros, bodas, fiestas y también para avisar por ejemplo de que hay fuego».
El centenar de campaneros de toda España y Europa, que este fin de semana se han reunido en Os de Balaguer han hecho una amplia demostración de sus habilidades con las campanas, con la esperanza de que las nuevas generaciones sigan sus pasos, como en el pasado los artesanos enseñaron a sus aprendices.