No sé si ha cambiado, pero en mi niñez y adolescencia las campanas de la iglesia Santa Cruz consistían de dos cilindros de los que se utilizan para envasar gas, los cuales guindaban lado a lado de un palo atravesado de la parte superior de una especie de caseta alta de madera, sin techo. Aquellos cilindros eran menos gruesos que los de ahora y al no tener pintura tenían un aspecto granoso y, sin ser negros, tenían el color oscuro característico del hierro oxidado.
Al ser golpeados con dos mazos de hierro, de distintos tamaños y formas, los cilindros dejaban escapar sonidos metálicos únicos y distintos que se podían escuchar en casi todo Mao. El encargado de tocar la “campana” era Joselito Marrero, quien era un artista sacándole música a aquellos “jierros”.
Por medio de esos toques de campana, que eran variados, dados a distinta velocidad, y a intervalos regulares, sabíamos si se trataba del “primero, segundo, o tercero de misa”. Después de las tres series de toques, casi inmediatamente comenzaba ésta.
Para señalar el final de la misma, cuando el padre decía Ite Missa Est, y los mocitos ya habíamos pasado el umbral de la puerta de salida, el toque era rápido e insistente, como sonido de galope de caballo desbocado. Eran aquellos, toques de alegría. “Tan-tan, si no me dan, café con pan, le jalo la sotana al sacristán”, imaginábamos que decían.
![]() |
||
© Cosas de Mao (2007) © Campaners de la Catedral de València (2026) campanerscatedralvalencia@gmail.com Actualización: 20-06-2026 |
||