BARBER, Llorenç - Cadencia (de alto abaxo) sobre una ciudad
Cadencia (de alto abaxo) sobre una ciudad
- Sonar ahí afuera es simplemente darnos que pensar
- Otra relación con lo sónico es posible. también otra relación con la naturaleza, con el paisaje. otro mundo, o mejor éste mismo con otra manera de estar-en-relación es deseable y posible.
- La música nunca pisa tierra firme salvo cuando es música de azar extremo, o de entusiasmos y piel. esplendor.
- Frente al sonar opaco del auditórium, la variedad y la aventura sin extinción del afuera.
- Cada sonido, como cada manipulación concreta del sonar, crea instantáneamente un espacio (social) determinado.
- Proverbio árabe : la música bella es aquella que no es tocada según las normas previstas.
- Por un vivir sin sordina(s), a pleno pulmón. Al ayre.
- Más que como compositor, preferiría ser denominado sólo músico, o mejor " maestro de escuchas".
- Los sonares se encuentran en relación compleja y provisional con el entorno y el tiempo.
- Además, estamos hartos de músicas clónicas, faltas de sabor y desconectadas del locus ( lo que acaba siendo una amenaza para la música misma).
- Arte por accidente: podemos más de lo que sabemos.
- Música y " ruido de fondo" ¿ algo más que familia?.
- En el mundo de la composición oficial ( puede que también de la otra) más que rodeados de hechos lo estamos de deshechos ( Tomás Marco hablaría de escorias).
- Un buen son nos revela no hacia sino desde el origen.
- El
mal de las vacas locas es a la ganadería lo que la industrialización
del sistema cultural y el star system a la música, al arte: una
aberración.
- En música lo que menos me gusta es la nota ( a pié de página).
- ¿ es el de las campanas un sonido con INRI?.
- El hombre es un ser de lejanías. Quizás por ello resuena nuestra memoria y/o nuestra alma con el son campanero.
- Hay voces, pero también caras que nos suenan.
- El mar es una tarde con campanas (Antonio Hernández, poeta andaluz)
- Desdén absoluto por la "oficialización" (subsidiarización) de la música contemporánea. Prefiero los aledaños abiertos y provocadores de un (a)crítico encame sónico. Perdieron lo que a nosotros nos sobra: transgresión, capacidad de dudar.
- Cita: "si los astros estuvieran inmóviles, el tiempo y el espacio no existirían". (Maurice Maeterlink).
- Lo mas hermoso es que el idilio y el enigma continúan tras el fín del obrar sonoro.
- La ciudad, más que abrir claves, nos pone en situación de enclave.
- Música,
materia que territorializa emociones y conocimientos a quienes andamos
por ahí, ajenos al "arte", enzarzados en la pelea del vivir.
- El sonar nos hace contendientes, ciudad-individuo, cuerpo a cuerpo, alma a alma,. Combate a pleno ayre sonoro.
- La oreja de la calle saca su pabellón auricular para escuchar cuanto de huérfano hay en el aire, en el espacio ese llamado ciudadano.
- El son es sólo tiempo pensándose.
- Tarea: embarazar al desigual, resbaladizo ayre.
- Sembrar de intemporalidad el nervioso tic tac del cotidiano ir y venir, eso es la escucha.
- Otra vez. Somos lo que oímos. Esto es: lo relacional es el meollo de todo lo no elemental, y la escucha nunca lo es.
- Si ves una hoja puedes contemplar el otoño. Si oyes una campanada es el cosmos que envejece.
- También el ayre y sus distancias tienen lados y oídos.
- Hay ayres que cantan su alma en pena, su inminencia misma, su rostro de nada, su máscara de nadie. Son ayres que andan allá por las antípodas del ocio, del cómodo sillonazo de reconocimientos, de aeropuerto o palacio de la música.
- Una vez más Valente:"el compromiso es el compromiso con la realidad, tal y como tú la percibes". Para mí la realidad es el son (ar) y éste manda y mucho. Y ante y con él no soy nada, sólo un audaz asaltador, un emboscado atrapador.
- Tarea: embelesar los oídos con ayres que inquietan, que nos arrastran a su noche, a su aura (aein) que nos "sopla" su "zeia mania", esto es su divina locura.
- Musicayre es dios que danza. Es soplo. Más que transformar la escucha, lo que buscamos es simplemente cuidarla, recuperarla, protegerla. Pues es vulnerable y nosotros somos sus huéspedes y ambas dos realidades (ayre, oreja) han de estar a una altura si no óptima, al menos con un mínimo de iniciativa aceptable.
- Intensificar ayres, dimensiones y distancias es acercarse al abismo y sus formas.
- La escucha agudiza la vida. Nos hace mejores. Es un reservorio que airea al fondo de nuestras oscuridades.
- El sonar habla de "lo nuestro" tanto como de "lo suyo". Siempre es autónimo, y siempre es metáfora. Es pensar en compañía.
- Auscultar la realidad es palparla, darle corporeidad.
- El ayre es ya música "in nuce", sólo el empellón falta y ese lo da el otro ( el cosmos y sus meteoros) o el hombre.
- Todo menos el rigor es música (el rigor siempre es mortis).
- El ayre contiene no una sino cien músicas, cien atmósferas (los señores del ayre).
- Hay que com-poner, no con los dedos (demasiado vecinos del cerebro), sino con los pies, y pies fatigados y terrosos.
- No sólo en el juego y en el deporte, sino también en las músicas existen los tiempos muertos.
- Ayre es labia ( eso sí adulescens).
- Hay sonidos que centellean como si fueran objetos con brillo propio.
Descubrirlos, presentarlos y puede que depurarlos o no, esa es nuestra tarea de fatigados mortales imitadores.
- Arcaísmo y vanguardia. Es fantástico repensar que el descubrimiento de las pinturas del paleolítico (Altamira y demás) y las piezas de furiosa emoción primitiva como "LE SACRE" son casi del mismo año ¡
- Si es el ayre la materia del sonar, es también el ayre y las distancias quien nos lo pinta de contornos borrosos, imprecisos. espectrales (fuzzy), superabundantes o extrópicos. El son siempre es complicado®.
- Somos otra cosa. Venimos de otra parte, cada vez que nos bañamos intensamente en el mar de lejanías y abismos que es el son(ar¡).
- LLEGAR A CONOCER LA GRAMÁTICA INTERNA DE CADA SON, ESA ES LA AVENTURA DEL MÚSICO DE HOY.
- Hay que atender al son no sólo entre los paréntesis de un auditorio sino siempre ( y sacar consecuencias, claro.)
- No es que sean feos ni romos, pero los sonidos del sinfonismo me crean claustrofobia por el exceso de encasillamiento, por su distorsionante y gastado uso, lo que da un plus de inflación y fatuidad al trabajo compositivo.
- Hay veces en que el asmático ayre se puebla de entes seráficos.
- Campanas, música ancestral pero también "original" en el sentido de Foucault: "el origen es, pues, aquello que está en vías de volver".
- Más claro. Música es la puesta en ayres ( en vibra y espacio) del sonar.
- Música es siempre música "en curso" ( in progress se decía antes, o en deconstrucción algo mas tarde).
- Mi música no es sino hacer audible de forma directa, casi inocente, las percepciones más sutiles del acto de escuchar (qué escuchamos, qué nos masculla este atender que goza y aprende pensando).
- Escuchando construimos el mundo. Auscultar es "fabricar" universos y emplazarlos en "nonsites", en unos "no lugares" que llevamos en nosotros.
- Dar cuerpo y respiro a lo invisible, eso es la música con sus latidos y sueños tan llenos de continuos, repeticiones, tensiones y relajos.
- Igual que un territorio es tanto más rico cuantas más y más variadas aves avecina ( o plantas, arbustos y árboles lo pueblen) así un territorio es tanto más humano cuantas más
- sugestiones sónicas lo pueblan ( mera redundancia, claro).
- Vivimos hoy las "vanguardias" arcaicas y sosegadas, en claro contraste con aquellas de las horas veloces y pretendidamente blancas de los años cincuenta y sesenta.
- Las leves transparencias del ayre ocultan preñes de amenas cotidianidades.
- Ponerle acentos y paréntesis y comas y demás minucias al reverberante viento, ese es mi anarquismo sónico, mi enganche entre dos milenios.
- Entre convulsiones y serenidades, el ayre va. Privilegio fugaz atenderlo (ayre cromático).
- Es la mía una música sin guantes blancos, o mejor, una música de guantes de jardinero y cuerda gruesa. bárbara.
- Como se ve reivindicar el ayre, esta es mi barricada de músico de intemperies.
- Escuchar(se) es plantar una interrogación al ayre que nos hace vivir.
- Es el son(ido) el que revela el lugar, lo ubica, lo dimensiona.
- Hay sonidos luminoso que deslumbran incluso vidas o generaciones. Son madejas de tiempo que se desenrollan al escuchar algo, un matiz, un eco.
- No de vuelta (de riflusso) sino de revuelta. De roces verticales, de frotes blasfemos.
- Son es "derrumbamiento", cadencia (chaparrón o chirimiri).
- La música está afuera de todas las cosas. Es movimiento y frote en duración.
- Sonar, sentir el sol en las manos.
- El dondon badajador se alambica en su interrogación constante de rebotes y ecos.
- Ser un maquis sólo del sonar. Ser capaces de moldear cantos con olor de alba.
- El son, allá en su reino del tiempo, esto es de las horas (tan distantes y distintas) , tanto como puede estar acompañado por afuera lo está de sólo por adentro.
- Hay sonidos, como el de campanas, que más que tocados por la sombra de un dios, están preñados de miles de dioses en revoltijo.
- El son es la escalera que nos roza de allendidad nuestra piel auscultante.
- La vida (mi vida) no es sino el constante paso de una adolescencia a otra, esto es de un auscultar a otro.
- Desde el fondo sin tiempo de ciertos sonidos, ritmos o melodías nos habla el universo.
- Me río yo y bien a carcajada limpia del progresismo de salón tipo Cristóbal Halffter, con su neocostumbrismo sinfónico a cuestas.
- La catarata sónica de una orquesta en auditorio nos parece dulce sordina cuando se llega al acaparador sonar de una verdadera catarata (o similar).
- Hay sonares , cual el de campana, emanados directamente del "fuego y el hielo de dios"(en palabras de Steiner).
- Un concierto de campanas es "fiesta en el ayre" (Goya), pura algazara y encuentros arriesgados e imprevisibles entre músicas de adherencias distantes.
- Y no hay algo de FLUXUS en ese mi usar un son(ar) cotidiano y digamos banal?.
- Música no es algo que decido escuchar, es también algo que me sucede. Los acontecimientos llegan, suceden y suenan ahí. Prepararnos para estar a su altura, a su traspié, una obligación.
- Y tan degradados estamos que escuchar el silencio se ha convertido en un lujo excepcional.
- Los riscos y las cornisas cantan. Son un nido de rebotes y arracimados espectros sónicos, además un cierto "hálito de la historia" pervive en muchos de ellos.
- Dejados de la mano de dios, tanto los campanarios como su fuerza simbólica o sus cansados bronces estaban ahí, varados, esperando una señal.
- Hay tiempos y espacios camembert, esto es estirables, de tan reverberantes y escurridizos como son ( como los relojes de Dalí). Provocarlos, descubrirlos encenderlos, esa es tarea de titanes músicos.
- Si tienes una personalidad decía Balthus, lo mejor que puedes hacer es deshacerte de ella. Las orejas y las mentes no son más que máquinas que escuchan lo que deben hacer.
- Por más que los llamados compositores y los intérpretes llamados virtuosos se apresuren y esmeren en vestirla, la música siempre está en cueros vivos, expósita.
- Y la música devino son y éste nos desbordó por todas partes.
- Hay días en que me sonríen los sonidos, incluso los de las taladradoras.
- Cada son arrastra sus sombras con sus connotaciones, locuras, máscaras y olvidos.
- Sobre la tiranía del temido "índice de audiencia": cada vez escuchamos menos y peor.
- El mundo suena distinto a cada cual, y gracias a su metamorfosearse en música, en lugar de oír un solo mundo, el nuestro, llegamos a disponer de tantos y tan diversos mundos como músicos originales hay o ha habido.
- Hay sonidos, cual vaho, que nos incitan al viaje, al ensueño.
- Más que materia el son es vibra, estado errático .incandescencia.
- El de las campanas es un sonido arracimado que voltea ayres y calles y ciudades y cosmos.
- El atardecer le viene bien al sonar, al menos tanto como el alba, pues sus consecuencias son de tregua y limón, ya que el son se hace parlero, verborréico.
- Hacer nuestros los errores del errar, tarea del buen músico.
- Soy un músico tan arcaico que ni me enteré del fin del 68.
- El son es señor del ayre.
- Somos capaces de gustar ya del sonido de a través del sonido con sus formantes de paso asmático unos , de trote de enamorado corcel otros.
- Mundo no obstante numinoso donde ondea sin cesar la fiesta del ayre.
- No somos lo que vivimos, somos lo que hemos oído a lo largo de la vida.
- Horadar el silencio, sorprender al sonido y viajar por sus sombras, por sus turbiedades.
- Son como espesa niebla dentro de la que el futuro fluye hacia el pasado, palpablemente, como nos recuerda borges.
- Frente al sonido afilado de los ayeres, el sonido pasta hodierno. Las campanas borran mi
nombre.
De ayres nadies
El ánima del son son más sones.
Los afueras del son también son son.
La escucha es siempre aérea y tumultuosa.
Son es activación reverberante del espacio. Parpadeo envolvente cuya vida se hace sentir. Revelación.
Igual que de ciertos libros se puede decir que su "argumento" es su estilo (Nabokov), de ciertas músicas lo es el instrumento que las suena, el son sonado.
Son es pálpito del ayre, anomalía, tantas veces deforme.
Tiempo rumiando sus argumentos, eso es la música cuando ya no le queda nada por hacer.
No se trata tanto de cambiar el mundo, sino la manera de atenderlo, de auscultarlo (pietas).
El ayre es la revelación, la epifanía del son. Mas allá de todo lenguaje, de todo simbolismo el sonar es fusión, alquimia, reconciliación y encuentro.
Siglo el que acabó de los materiales, sutiles e invisibles, pero brutales como la naturaleza.
Música es llenar el espacio de lo insólito. Hay ayres agitados y rumorosos ayres calmos.
El son es siempre vecino de la nada, de la vecina muerte.
Misión del son: civilizar el tiempo.
Misión del músico: interrogar a todos esos "dioses en lucha" que son el son.
¿música para qué? Para tras tanta modernidad de especialista y limpieza, volver a pensar cómo debemos escuchar, esto es atender la existencia y sus órdenes y devastaciones (algunas, de nuestro entorno "natural", ya irreversibles).
Si sonayre es también otredad y separación, algún día me llevará también a mí este viento.
La ciudad anonadada
La progresiva disneylandización de los espacios y las ciudades crea lo que Rem Koolhaas llama "espacios basura", ahí la única música posible es la latosa y enlatada música-plástico.
En las ciudades – ciudad es ya hoy todo el ancho mundo – hemos sustituido la escucha por el romo y sordo oír embarullado de las calles. Un fragor en disolución sin huecos ni jerarquías, puro rumor " no proposicional" nos envuelve. Un puré ilimitadamente modificable e intercambiable, sin estructura ni diferenciación ( como esos ríos de plástico sonar ahí de los DG’s de hoy en esas cavernosas catedrales que rugen por las noches).
Vivimos inmersos en una "nueva" (nada moderna) forma de son sin jerarquía de sentidos. El sonido informe prevalece hoy sobre el claro y distinto de antaño, un cierto son sin los rasgos tradicionales que posibilitaban hasta no hace tanto un cierto análisis, una captación de estructuras, contextos y referencias hoy ya convertidos en un son masa indiferenciada donde todo está en todo y por ende la experiencia lo es de nadas, pues se llena de aconteceres plasticosos e intercambiables y ubicuos.
Fácil la similitud de éstas músicas con la lectura que el gran arquitecto Rem Koolhaas hace del urbanismo de nuestros días.
Insiste en que también el urbanismo vive sus últimas horas. Si existe un "nuevo urbanismo" su misión ya no es , dirá, disponer ordenadamente sobre el territorio objetos más o menos permanentes, sino escenificar la incertidumbre y el caos del momento. Insiste: el ámbito público por excelencia de la arquitectura moderna no es otro que el "espacio basura", un interior interminable e indiferenciado que han hecho posible la escalera mecánica, el aire acondicionado y el tabique de yeso dando pié al shopping mall norteamericano.
El ayre en fábula
- Nada ocurre en vano, ergo nada suena porque sí. La caverna aquella de platón ¿sonaba? ¿a qué ¿ ¿ es la campana un remedo de la caverna? ¿todavía arrastramos el cavernícola aquel que fuimos?
- Crecer es viajar al fondo del desconocido conocimiento que no se sabe que se sabe.
- El sonido es una encarnación que da vida y cuerpo a la escucha que lo soporta.
- Todos
los músicos somos "temporeros" del arte sónico. Como venimos nos vamos: no nos comemos el mundo, ni siquiera el ayre y sus sones. Mas bien los alimentamos con nuestro esfuerzo. Quizás la mejor música es la que desaparece en el ayre, fluyendo, respirando – casi inaudible – difuminada, ingrávida, abierta y borrosa.
- Oír es oírnos pero también es oír lo fortuito, lo otro. Escuchando encontramos, iluminamos, amamos, fragmentamos etc.
- Hay ayres parlanchines y los hay endemoniadamente habitados por memoria primordial, esa poco lenguaraz que Jose Ángel Valente sabía "memoria del silencio". estos ayres de lo primordial nos invitan a la persecución de la belleza mediante contención y austeridad, ese roce de lo mínimo que puede llegar a la casi retirada del autor, propiciando así una "poética de la retracción" (son palabras de Valente) con su aquel de tinieblas que nos son legión y lección. Una "retracción " tal me identifica como cantor que amanece campanero en torre de desolaciones y ausencias de las que apostillar, también en palabras de Valente,"él ya no es él, le dije. Es el nombre que toma la memoria, no extinguible, de todos".
- En efecto, soy campana, metal, ayre sin nombre. Un metálico afán me guía. Un resonante golpear de allendidades rozará los lindes del significado y del imposible silencio. también la sobriedad es suculenta y compleja.
Campello, febrero 2001
BARBER, Llorenç
(01-02-2001)EL CAMPELLO: Campanas, campaneros y toquesBARBER, LLORENÇ (PATERNA) : Toques y otras actividadesConciertos de campanas: Bibliografía
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