BARBER, Llorenç - Cadencia (de alto abaxo) sobre una ciudad

Cadencia (de alto abaxo) sobre una ciudad

De ayres nadies

El ánima del son son más sones.

Los afueras del son también son son.

La escucha es siempre aérea y tumultuosa.

Son es activación reverberante del espacio. Parpadeo envolvente cuya vida se hace sentir. Revelación.

Igual que de ciertos libros se puede decir que su "argumento" es su estilo (Nabokov), de ciertas músicas lo es el instrumento que las suena, el son sonado.

Son es pálpito del ayre, anomalía, tantas veces deforme.

Tiempo rumiando sus argumentos, eso es la música cuando ya no le queda nada por hacer.

No se trata tanto de cambiar el mundo, sino la manera de atenderlo, de auscultarlo (pietas).

El ayre es la revelación, la epifanía del son. Mas allá de todo lenguaje, de todo simbolismo el sonar es fusión, alquimia, reconciliación y encuentro.

Siglo el que acabó de los materiales, sutiles e invisibles, pero brutales como la naturaleza.

Música es llenar el espacio de lo insólito. Hay ayres agitados y rumorosos ayres calmos.

El son es siempre vecino de la nada, de la vecina muerte.

Misión del son: civilizar el tiempo.

Misión del músico: interrogar a todos esos "dioses en lucha" que son el son.

¿música para qué? Para tras tanta modernidad de especialista y limpieza, volver a pensar cómo debemos escuchar, esto es atender la existencia y sus órdenes y devastaciones (algunas, de nuestro entorno "natural", ya irreversibles).

Si sonayre es también otredad y separación, algún día me llevará también a mí este viento.

La ciudad anonadada

La progresiva disneylandización de los espacios y las ciudades crea lo que Rem Koolhaas llama "espacios basura", ahí la única música posible es la latosa y enlatada música-plástico.

En las ciudades – ciudad es ya hoy todo el ancho mundo – hemos sustituido la escucha por el romo y sordo oír embarullado de las calles. Un fragor en disolución sin huecos ni jerarquías, puro rumor " no proposicional" nos envuelve. Un puré ilimitadamente modificable e intercambiable, sin estructura ni diferenciación ( como esos ríos de plástico sonar ahí de los DG’s de hoy en esas cavernosas catedrales que rugen por las noches).

Vivimos inmersos en una "nueva" (nada moderna) forma de son sin jerarquía de sentidos. El sonido informe prevalece hoy sobre el claro y distinto de antaño, un cierto son sin los rasgos tradicionales que posibilitaban hasta no hace tanto un cierto análisis, una captación de estructuras, contextos y referencias hoy ya convertidos en un son masa indiferenciada donde todo está en todo y por ende la experiencia lo es de nadas, pues se llena de aconteceres plasticosos e intercambiables y ubicuos.

Fácil la similitud de éstas músicas con la lectura que el gran arquitecto Rem Koolhaas hace del urbanismo de nuestros días.

Insiste en que también el urbanismo vive sus últimas horas. Si existe un "nuevo urbanismo" su misión ya no es , dirá, disponer ordenadamente sobre el territorio objetos más o menos permanentes, sino escenificar la incertidumbre y el caos del momento. Insiste: el ámbito público por excelencia de la arquitectura moderna no es otro que el "espacio basura", un interior interminable e indiferenciado que han hecho posible la escalera mecánica, el aire acondicionado y el tabique de yeso dando pié al shopping mall norteamericano.

El ayre en fábula

Campello, febrero 2001

BARBER, Llorenç

(01-02-2001)

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