Desde los 7 hasta los 14 años hice de monaguillo en la Parroquia de Ullastrell, un pueblo pequeño cerca de Barcelona, y esto comportó una retahila de vivencias que si me lo permitís las pondré sobre el papel

Bertomeu - Autor: MASDE55.COM
Durante muchos años llegando el verano y cuando el calor apretaba, o se formaban las tormentas y tronadas, esto comportaba el riesgo de fuertes granizadas que podían malograr la cosecha de fruta, pero especialmente de uva que era lo que mayormente se cultivaba. Entonces cuánto se acercaba un temporal alguien corría hacia la iglesia y avisando al campanero se ponían a tocar a 'buen tiempo'. Es curioso que se tocara a buen tiempo y no a mal tiempo, que es lo que se acercaba.
El toque de 'buen tiempo' consistía con una repicada larga hecha por dos campanas a la vez como el toque a ' rebato' , y a continuación, ahora una campana, ahora la otra, con un toque más triste pero en realidad las campanas estaban señalando de donde venía la tromba de agua.
El Sr Rector se ponía el roquete y la estola y acompañado por la gente del pueblo iban al 'comunidor' que no era otra cosa que una barraca con 3 ventanales muy grandes y la puerta, que estaban orientados a los 4 puntos cardinales y según de dónde vendía la tormenta se abría la ventana correspondiente. Desde aquí el Padre salmodiaba las letanías contestadas con mucho fervor por la gente con un ora pro nobis cuando acababa las oraciones venía lo que todo el mundo esperaba, la ablución con el agua 'bobalicona' y la bendición con Vera Cruz de cara a la niebla que venía cargada de agua o de piedra con el siguiente ritual mientras iba benciciendo, Circundater Deus Pàter, Circundater Deus Filius, Circundater Deus SpirituSantu otra benedición y Comprinater Deus Pater , Comprinater Deus Filius, Comprinater Deus Spiritu Santu benedición final y Destruater Deus Pater, Destruater Deus Filius, Destruater Deus Spiritu Santu .
Entonces veíamos como la tormenta se partía por la mitad dejando paso a un chubasco más o menos fuerte pero nunca llegaba a granizar.
La fe a esta ceremonia era muy arraigada, y por esta razón acudía mucha gente, pero todos éramos hombres, las mujeres nunca habían venido a 'comunir' .
Los más viejos del pueblo recuerdan que antes de construirse la caseta del 'comunidor', las oraciones y toda la parafernalia se hacían en la iglesia y el sacerdote oficiante salía a la puerta para hacer las bendiciones. Una vez un rector que no lo conseguía y la granizada se le echaba encima, en medio de la plaza empapado y mojado dijo de cara a las nieblas 'que queréis que haga más' en aquel momento hizo un trueno muy fuerte y él sacándose un zapato lo lanzó contra la niebla que le venía de cara. Malas lenguas dicen que no encontró nunca jamás el zapato.
Un caso más triste fue una vez que un rayo mató, arriba en el campanario, a un joven que tocaba a ' buen tiempo'. Desde entonces instalaron un pararrayos porque no había hacia la iglesia.
Corrían los años 1920 cuánto una veintena de labradores que tenían las viñas mirando a mediodía construyeron una torre arriba de un cerro, desde dónde cuándo se acercaba una niebla de gran extensión tiraban cohetes para reventar las nubes. Todo iba bien hasta el día 1 de Julio del año 1925. Aquel día se levantó una fuerte masa de nubes por el lado del río, y venga echar cohetes en alto, y la niebla cada vez más negra, hasta que acabaron las municiones. Entonces descargó una granizada tan fuerte que no cosecharon nada, salvo únicamente las viñas que miraban a mediodía. Del pueblo hacia arriba , ni una piedra.
Al día siguiente fiesta del Beato Pere de Luxemburgo , copatrón del pueblo, el predicador desde el trono dijo,' Esto que pasó ayer, es el triunfo de la fe sobre satanás, ninguno de los que vinisteis a 'comunir' perdisteis la cosecha'.
Desde entonces nadie echó nunca jamás ningún cohete, esto que todavía se puede ver la torre arriba el cerro, mudo testigo de aquella derrota
Cuando alrededor de 1950 llegó al pueblo un cura joven, dijo que el ir a 'comunir' era una superstición, que si querían ir a rogar a la iglesia, él tendría la puerta abierta pero que al 'comunidor' no entraba . De hecho ya la mitad de viñas no se cultivaban y así es como acabó el ir a 'comunir'.
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