No sé si esto os llegará, si es así espero que esta vieja historia os guste tanto como me gustó a mí cuando me la contaron.
Yo soy de Zamora, pero muy a menudo suelo ir por la parte de Sanabria con mis amigos a hacer acampadas y esas cosas. Una noche, antes de acostarnos decidimos contar historias, uno de mis amigos, que sabe mucho de Sanabria, nos contó la historia de Ribadelago Viejo.Ribadelago era un pueblo cerca del Lago de Sanabria, situado a los pies de una presa, la cual estaba en un estado lamentable, por lo que algunos habitantes del pueblo habían pedido el traslado del mismo, pero el traslado no llegaba nunca. Todo transcurria de forma normal en el pueblo hasta que una noche de tormenta, la presa se rompió arrastrando consigo a todo el pueblo de Ribadelago, y sepultando bajo sus aguas animales, personas y hogares. Muy pocas personas sobrevivieron a la catástrofe y los que lo hicieron trataron de purgar sus almas y las de los vecinos muertos reconstruyendo el pueblo más arriba, lo que hoy es Ribadelago Nuevo. Todo fue bien hasta la primera noche de San Juan, o la noche de los difuntos, cuando de dentro del lago salió un arado, tirado por dos bueyes, partiendo de Ribadelago Viejo para llevarse consigo a todos los supervivientes que dejó la rotura de la presa, mientras de fondo se oían repicar las campanas de la iglesia del antiguo pueblo.
Dicen, que todavía hoy, en la noche de San Juan, se oyen repicar las campanas en la torre y se ve salir del mismo lago, a una pareja de bueyes tirando de un arado.
La leyenda viene a decir que nadie puede esconderse de la muerte ni del destino, y que las personas que se habían salvado de las aguas no debieron hacerlo nunca, por lo que la muerte, representada en la pareja de bueyes, sale todos los años a buscar a esas personas y a sus descendientes.
Yo no soy de Zamora pero vivía allí, en Zamora capital, cuando ocurrió la desgracia de Ribadelago. Fue un episodio impresionanete el vivir la tragedia tan cerca, la radio dando las noticias y cómo los habitantes habían tratado de ponerse a salvo. Recuerdo que se hablaba de un ciego acompañado de un niño y cómo tropezaba la gente con ellos en la huída.
Yo he vuelto un par de veces y he vuelto a visitar sus calles y las placas con los nombres de los difuntos... pero la última vez, la verdad es que hará ya por lo menos unos 10 años, vi que había algunas casas habitadas, que se estaba convirtiendo en un pueblo de esos recuperados.
El lago de Sanabria ya tenía su parte de leyenda antes del episodio de Ribadelago. De hecho fue el que inspiró a Unamuno su obra "San Manuel Bueno, martir" donde el lago forma parte de todo el simbolismo de la obra, podríamos decir que es uno de sus protagonistas. Cuentan, dicen, que el lago fue antes un pueblo próspero pero que fue sumergido, anegado, debido a la falta de caridad de sus habitantes. Son leyendas que estaban vivas en esa zona antes de que ocurriera lo de Ribadelago.
La rotura de la presa aquella noche aciaga de enero de 1959 vino a unirse a las leyendas que circulaban por la zona, solo que entonces no había maldad en los habitantes de Ribadelago pero sí mucha negligencia y desidia en los constructores de la presa.
El pueblo nuevo, construido en el estilo de otros pueblos similares que quedaron sepultados por pantanos, se quiso construir en un sitio más seguro, pues el Ribadelago viejo quedaba prácticamente en el curso del Tera, aunque fue la presa, montaña arriba, lo que provocó su destrucción. En el pueblo nuevo los que lavaron sus conciencias fueron los gobernantes, aunque no tanto como hubiera sido necesario.
Hay otras interpretaciones sobre los pueblos bajo las aguas, cuyas campanas siempre tocan, y es la de que los pueblos nunca mueren porque todos nosotros llevamos dentro una amplia tradición, el verdadero conocimiento, el poso de generaciones que nos va conformando. No en Ribadelago pero sí en otros lugares, me viene a la mente Riaño, se salvan los edificios simbólicos que se trasladan al nuevo pueblo o se colocan en algún lugar simbólico: el templo de Debod en Madrid, salvado de las aguas de la presa de Asuán.
El campanario, por ser el punto más alto del pueblo, con tanto simbolismo y con tantos usos tanto civiles como religiosos, es también lo que primero se desvela cuando bajan las aguas, es el símbolo del espíritu de los pueblos, de ese que permanece y sobrevive siempre.
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