LÒPEZ, Rafael - Las campanas: una voz olvidada

Las campanas: una voz olvidada

Las campanas son seres inertes, aunque capaces de hablar con el hombre. Tienen una voz alegre o quejumbroso, según lo anunciado, que, desde las alturas donde habitan, llaman a reuniones alegres de alabanza a Dios o a otras tristes de despedida.

Son tan antiguas como la Edad de los Metales. Ya los hombres primitivos descubrieron su sonido, vibrante y agudo, que los metales mezclados emitían al golpearlos. Los antiguos en China, Egipto, Grecia o Roma ya las emplearon en sus distintas modalidades.

El cristianismo las toma como símbolo de comunicación. Están presentes en todos los lugares de culto. Han sido el instrumento para regular las distintas fases del día en monasterios, catedrales (ciudades) e iglesias (pueblos); con sus diversos toques eran el cartel y el reloj anunciador de aconteceres. Los moradores de esos lugares se enteraban de los acontecimientos de cada día por las distintas formas de sonar.

Su tamaño es muy diverso: desde las que llegan a pesar 20.000 Kg., como la campana mayor de la catedral de Toledo, hasta los campanillos.

Cuando una iglesia necesitaba unas campanas, se encargaban a un artesano. Acudía al lugar y, tras las medidas oportunas, se empezaban a construir siguiendo una serie de fases cuyas operaciones podrían ser:

  • Preparar el horno para fundir.
  • Construir un núcleo recubierto con tierra fina, sin ningún escape.
  • Recubrir el núcleo con una capa de arcilla del grosor de la campana. (Aquí se ponía el nombre del donador y los adornos deseados, dedicatoria, etc.).
  • Otros materiales recubrían la arcilla.
  • Levantando el último molde con cuidado y, rompiendo la arcilla, se volvía a colocar quedando así el hueco.
  • Por el vértice superior se echaba la aleación. Se dejaba enfriar.
  • Rotos los moldes, aparecían: campana, adornos, inscripciones.
  • Luego había que colocar un yugo de madera para la suspensión, y un badajo.

Subir la campana suponía otra curiosa dificultad. No podían hacerlo por dentro de la torre, había que subirla por el exterior. Como la campana podía golpearse en la piedra de la torre al subir, un campanero se sentaba encima de ella con las piernas abiertas haciendo de comodín durante la ascensión hasta su sitio.

Ya colocadas, las campanas eran manejadas por el sacristán; a la oración, (al romper el día); al medio día, (en mitad de la jornada); a las ánimas (al hacerse de noche). Además de: a misa, al rosario, a bautizo, a boda, a entierro, a la procesión, a fuego, a perdido, etc. Cada toque tenía su forma peculiar: Volteando, repicando, clamando, etc.; más lento o más rápido según la circunstancia que se deseaba anunciar.

Todo esto viene a cuento por el olvido en que van quedando estos instrumentos, antes tan útiles, hoy, con el progreso, tan arrinconados.

¡ Pobres campanas ! y realizado por .

Rafael LÓPEZ hijo de Tordesilos
Extraído de la revista de la "Asociación cultural Amigos de Tordesilos" (1998)

  • TORDESILOS: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía
  • Fundidores de campanas: Bibliografía
  • Lista de toques: Bibliografía