GIPUTXIRENE - Habla mudita

Habla mudita

El talán de una campana puede convertirse en un pequeño lujo engastadoen lo cotidiano actual

En una sociedad tan saturada de ruido como la nuestra, que una campana recupere el habla es todo un acontecimiento. Pues hasta ahora se estilaba lo contrario: cientos de ellas han enmudecido por toda la tierra vasca a la vez que se iban retirando del oficio los últimos campaneros y campaneras. Esta semana arrancó una acertada iniciativa: el programa de toques 'Avisos del mar' desde la torre del Museo Naval donostiarra con el que se quiere recuperar un patrimonio marítimo inmaterial inscrito en la memoria vivida de nuestros pueblos. Durante siglos, 'a campana tañida' se convocaba la asamblea de vecinos en nuestros concejos y con el toque 'a vereda' se llamaba al trabajo en 'auzolan'. En no pocos pueblos con determinados golpes se advertía de la llegada del obispo, pero también del arribo del barbero para quien necesitara aseo capilar o una cura de muelas. No tenían pelos las lenguas de bronce para anunciar dichas y desdichas, nacimientos y entierros con pormenor del sexo e incluso de la condición religiosa del difunto (si era cura o el propio Papa de Roma); ellas daban la alarma ante un temporal marino o un incendio y, en la amenaza de una tormenta de pedrisco, la voz metálica del 'konjuruko kanpaia' actuaba como escudo protector. Las campanas funcionaban también como 'hoja parroquial' llamando a las misas con antelación e informando en cada caso quién era el oficiante, de tal modo que, desde casa, los fieles podían elegir cuándo acudir a la liturgia o al confesionario. Cada campana se caracteriza por su sonido, igual que cada tocador tiene su propia forma de ejecución. Uno de estos últimos es Laureano Tellería, quien a sus 83 años sigue subiendo dos veces por semana los 146 escalones del campanario de La Asunción de Segura. Me cuenta que, antiguamente, el coste de venta de un terreno en el monte se encarecía hasta un 30% si se hallaba dentro del llamado 'territorio campanil'. Para probarlo, se convenía con el sacristán que tañera a determinada hora sin darle al badajo ni más fuerte ni más suavemente de lo normal. Y, al mismo tiempo, sobre el terreno dos testigos tomaban nota de la acústica. Para mayor seguridad, se encendía un fuego a fin de analizar el movimiento del humo: la dirección del viento delataba el posible riesgo de 'fugas' del sonido. Para quien aún conserve la calidad de escucha entre tanto bullicio ambiental, el talán de una campana puede convertirse en un pequeño lujo engastado en lo cotidiano actual: como una rosa en la solapa del traje de faena o un vaso de buen licor añejo a mitad de la jornada. Una voz preciosa que evoca una esfera distinta y distante en el tiempo y el espacio.

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Diario Vasco (28-07-2018)

  • DONOSTIA: Campanas, campaneros y toques
  • Lista de toques: Bibliografía

     

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    : 23-09-2018
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