Notas sobre las campanas en Villamayor de Gállego

Informante: Manuel Tomeo Turón. Nacido en Villamayor, pero residente en Jaca. Maestro. Nacido en 1959.

Informaciones recibidas de Ángel Aliana (1922-1997), que realizó durante muchos años la función de sacristán y que aprendió los toques y el oficio de su padre, que había sido alguacil del pueblo y responsable de las campanas durante años. Y de Gonzalo Turón 1935-) monaguillo y nieto de la tiá Cigarras, responsable del orden de la iglesia durante muchos años.

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El Sacristán y Campanero D. Ángel ALIANA CORRAL repicando - Foto TOMEO TURÓN, Manuel (1992)

1.- Datos personales Aprendí a tocar con Ángel, el Alguacil; durante sus últimos años le acompañaba en determinados toques y le ayudaba en las tareas de limpieza del espacio. Tengo antecedentes familiares de tocadores locales: mi bisabuela Francisca García, la tiá Cigarras, que atendió muchos años el cuidado de la iglesia; y mi tío Gonzalo Turón, o incluso mi madre subió alguna vez a tocarlas.


2.- Las campanas Había cinco campanas: la Valera, que era la más grande; a la derecha la de los Cuartos, que se electrificó unos años antes y así volteaba; a su derecha, la Abadajera y a la derecha de esta, la María, que estaba deteriorada y le faltaba un buen trozo; por último, a la izquierda de la grande, el Cimbalico. Todas se tocaban en algún momento.

Anteriormente se bandeaban (o volteaban) diversas campanas, incluida la grande, pero hacía mucho tiempo que no lo hacía; últimamente tan solo la más pequeña, el Cimbalico, y la de los Cuartos, al electrificarse.


3.- Las horas y el reloj Las horas se tocaban en la Valera y los cuartos de hora en la de los Cuartos. Estas, las horas, se repetían al cabo de un breve tiempo. Se hacía con sendos mecanismos que unían el mecanismo del reloj, situado en el piso de abajo, con unos mazos metálicos que golpeaban las dos campanas. Su sonido era buenísimo: afinado, buen timbre y largo.

El reloj era propiedad del Sindicato de riegos de Villamayor y estaba situado en un angosto cuarto, justo debajo del piso de las campanas; tan angosto era que para darle cuerda era necesario estar de rodillas. Este Sindicato se encargaba de pagar el mantenimiento y de tener una persona que cada dos días subiese a dar cuerda. Durante muchos años de esto se encargaba la familia de los alguaciles. Durante el siglo XIX, se tienen noticias de que esta tarea era realizada por los maestros y remunerada por el Ayuntamiento. Una vez electrificado, el mecanismo del reloj pasó a dependencias del Sindicato.


Los toques En los toques, los batajos iban enganchados con sogas para su manejo; pero una vez mudas, las sogas se retiraban y se dejaban libres los batajos. Tan solo la más grande la conservaba para así poder realizar los toques de misa desde abajo del campanal.


4.- Toque de misa diaria. Lo realizaba el propio párroco desde abajo. Una cuerda llegaba desde el cuerpo de campanas hasta abajo de la torre. En el centro de la sala había un agujero por el que se introducía la cuerda. Esta, a su vez, iba enganchada a otra que cruzaba de parte a parte de la torre: un extremo en la pared y el otro enganchado al badajo de la campana Valera. El toque consistía en unos treinta golpeos seguidos y algo rápidos y terminaba, tras una breve pausa, con uno, dos o tres golpes más, dependiendo de si era el primer, segundo o tercer aviso. Últimamente todas las misas se tocaban así, excepto cuando se repicaba.

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El Sacristán y Campanero D. Ángel ALIANA CORRAL repicando - Foto TOMEO TURÓN, Manuel (1992)

5.- Toque de difunto de segunda. Fue el habitual durante los últimos años, para así no hacer distingos. Con él se anunciaba el fallecimiento de una persona, el anuncio de su entierro y el toque de difuntos del día de la fiesta mayor. Así mismo, se tocaba el día 8 de septiembre, día de la fiesta mayor, al anochecer; anunciando la misa de difuntos del día siguiente. Era este último toque, un sonido tremendamente paradójico: día de fiesta, bullicio en la calle... y anuncio de muerte en el campanal.

El toque era algo complejo y constaba de varias partes.

1ª Se tocaban los toques de misa diaria

2ª Un toque con tres campanas que se iba acelerando poco a poco hasta hacerlo a mucha velocidad en la que se terminaba con un repique. Las cuerdas se sujetaban de la siguiente manera: con la izquierda la de los Cuartos y con la derecha la Abadajera y la María. El esquema rítmico era así: un golpe con la de los Cuartos, otro con la Abadajera, otro con la de los Cuartos y un último con la María. Este esquema se repetía durante tres minutos aprox.


3ª Cuando el esquema anterior ya era muy rápido, se cortaba y se continuaba sin interrupción por un repique de la Abadajera y la de la María. El repique duraba unos 20 segundos.


Después de este repique, se volvía a repetir la parte 2ª y 3ª; una vez más si era mujer y dos más si era hombre.

Imitando el sonido de este toque, los monaguillos canturreaban

Quién se ha muerto,

Juan el tuerto.

Quién lo ha dicho,

La perdiz.


6.- Toque de difunto de primera. Tan solo lo vi tocar tres veces. Al toque de segunda, se le añadía un golpe especial con la campana Valera. Este se realizaba con el pie, pisando la cuerda transversal que bajaba hasta el suelo de la torre para tocar el párroco los toques de misa. El toque se realizaba igual que el anterior, pero el golpe con el pie se daba a continuación del que se hacía con la María. Era un golpe fuerte y de doble duración.

Lo tocó Ángel, cuando murió su mujer.


7.- Toque de mortijuelo. Se le realizaba a los niños pequeños que no habían realizado la comunión. Era un toque alegre, por la gloria de subir el niño al cielo. Se tocaba con el Cimbalico y la Abadajera (algunos informantes hablaban de que eran Cimbalico y María). Comenzaba con toques lentos de una y otra y terminaban a modo de repique entre las dos.


8.- Toque de quema. Se tocaba desde arriba con una sola campana. Con la Valera. Eran toques muy rápidos y vivos.


9.- Toque de perdidos. Se realizaba cuando alguno se había perdido por causa de la niebla o para que nadie se perdiese. Creo que se hacía con la Valera. Eran toques muy espaciados mientras fuese necesario. Se perdió este toque hace muchos años.


10.- Repiques

En los repiques se tocaban alternativamente dos campanas: la Abadajera y la María; con golpes rápidos intercalados con otros más lentos y pausados. Así mismo, se golpeaba con el pie la cuerda de la campana Valera, intercalando su sonido con las otras dos. Hace falta recordar, que el badajo de la Valera estaba tensionado con una cuerda que cruzaba el espacio del campanal para sí tocar desde abajo. Unas veces fuertes, otros más suaves. Se trataba de jugar con ellas.


11.- Repique de domingo. Se realizaba un sencillo repique todos los domingos para la misa mayor. Se repicaba solo el primer toque; pues los otros dos se tocaban desde abajo. Se tocaban la de los Cuartos y la Abadajera. Cuando terminaba se avisaba mediante golpes, si era el primero,...


12.- Repique de fiesta. El repique era igual que el anterior pero duraba mucho más tiempo: hasta 20 minutos o más. En tres o cuatro ocasiones se paraba el repique y se alternaba un volteo durante unos minutos del Cimbalico. Este repique se hacía en tres ocasiones principalmente: el día de la víspera (7 de septiembre) a las doce del mediodía; ese mismo día al anochecer y el día 8 de septiembre, festividad de la Virgen del Pueyo, a la salida y llegada de la procesión. Así mismo, se repicaba de esta manera en las festividades más importantes: Corpus, Ascensión y durante el Gloria de la misa de Pascua de Resurrección.


13.- Bandeos. Como ya queda dicho, hace mucho tiempo que dejó de bandearse la campana Valera y tan solo el Cimbalico lo hacía los días de gran repique. Los últimos años, a la de los Cuartos se le aplicó un motor eléctrico que la volteaba a gran velocidad. Este motor causó numerosos problemas, pues unas veces se calentaba demasiado y se rompía; y otras, se estropeaba y sonaba sin cesar durante muchos minutos.

El Cimbalico se bandeaba durante unos minutos intercalado con el repique del resto de campanas. Si había una sola persona, primero se repicaba y luego se bandeaba; y si había más, se tocaba al mismo tiempo.

El bandeo siempre se realizaba completo, es de decir dando la vuelta completa; nunca medio bandeo.


Vocabulario.

Batajo es la forma tradicional con la que se denomina al badajo en Villamayor.


Fotografías tomadas por el autor, en 1992

TOMEO TURÓN, Manuel (2012)

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