PADILLA, Alfons - El deterioro imparable de la iglesia de Xàbia

El deterioro imparable de la iglesia de Xàbia

El párroco advierte de que la torre no es segura y evita que los vecinos suban sin control en el único día que es visitable, el Viernes Santo


La iglesia gótica de Sant Bertomeu de Xàbia no está para muchos trotes. Su torre, que como todo el templo tiene traza de fortaleza, sufre un deterioro imparable. Construida en el siglo XV (en 1513 dirigía las obras Domingo de Urteaga, maestro cantero que acabó la Lonja de la Seda de València), la iglesia presenta una cubierta muy singular, de montons (abombamientos). Pero hay que subir torre arriba para llegar a lo alto del templo y contemplar una maravillosa solución arquitectónica que permitió que la nave central ganara altura.

Y subir es cada día más peliagudo. El anterior párroco, Vicente Gilabert, abría la torre un único día del año, el Viernes Santo. Tras el Via Crucis, los vecinos ascendían a els montons y al campanario. Esa tradición tiene los días contados. El campanario no está para que los visitantes troten arriba y abajo.

El actual sacerdote de Sant Bertomeu, Salvador Torrent, quien se hizo cargo de esta parroquia en septiembre, ya empezó ayer a tomar medidas para evitar posibles accidentes. Limitó el número de visitantes. Subieron entre 15 y 20 y lo hicieron acompañados. La torre tampoco da para más.

La visita, desde luego, vale la pena. Desde la torre, se domina toda Xàbia. Salta a la vista, además, el carácter acastillado de esta iglesia. En la cubierta de montons hay un adarve propio de una fortaleza. Y sobre cada uno de los pórticos, sobresalen los matacanes.

Pero el deterioro es tan acusado que hay que dar los pasos con mucho tiento. Los peldaños de la escalera de caracol están desgastados. La piedra tosca se deshace. En la cubierta e incluso en los intersticios de algunos sillares, los hierbajos crecen. Algunas gárgolas (también son de tosca y, como los pórticos, sus detalles se van erosionando) da la impresión de que se han convertido en maceteros. Otro signo de abandono es el de los cables de viejas instalaciones eléctricas que cuelgan aquí y allá. La iglesia sufre, además, goteras.

En el campanario, el riesgo es mucho más evidente. Varios listones de madera del suelo se han roto. Otros están carcomidos. La gran campana Sebastiana o La Grossa, que pesa 1.331 kilos, cría herrumbre.

No hace falta aguzar mucho la vista para descubrir grietas en la torre. El antiguo reloj está lleno de polvo. Su complejo mecanismo de hierros y engranajes es uno de los tesoros que guarda la iglesia.

El párroco hace bien al reducir las visitas del Viernes Santo y asegurarse de que quien sube lo hace supervisado por un responsable. En la torre, hay que ir con pies de plomo.

La iglesia de Xàbia, que es una de las joyas del gótico valenciano, pide a gritos obras de restauración. Antes de la crisis (en 2006) la cosa parecía hecha. Incluso se planteó musealizar el templo y hacer visitable el campanario y els montons. El proyecto, de 2,4 millones, se fue al limbo.

PADILLA, Alfons

Levante - El Mercantil Valenciano (15-04-2017)

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