GUITIÁN, Javier - ¿Por quién doblan las campanas?

¿Por quién doblan las campanas?

La Voz publicaba estos días la noticia del robo de las campanas de la iglesia de San Benito de Seráns, en Porto do Son. El encargado de abrir la capilla se encontró tiradas en el suelo las cuerdas de las dos campanas que, desde su construcción, coronaban el campanario; las campanas ya no estaban. No se trata de descuideros o carteristas, tampoco de toperos o butroneros, sus protagonistas son especialistas en robar campanas. Lo hemos visto en muchos lugares de la Galicia rural y se las llevan a plena luz del día, sin resistencia alguna. Les parecerá una noticia sin importancia, pero para mí no lo es.

Las campanas de las iglesias rurales son un medio de comunicación ágil y eficiente que nada tiene que envidiar a los nuevos teléfonos; siempre tienen cobertura y no exigen un contrato. Con un radio de acción sobresaliente, su llamada formó parte, desde tiempo inmemorial, de la vida de nuestros pueblos. Defunciones, fiestas o actos litúrgicos fueron, y son, comunicadas por este hermoso procedimiento de tecnología aparentemente primitiva pero sonido evocador. Decía Miguel Delibes en su obra El camino, que «el lenguaje de las campanas es expresivo y cambiante, capaz de acentos hondos, graves, livianos, agudos y sombríos. Nunca las campanas dicen lo mismo y nunca lo dicen de la misma manera».

Robar una campana no es lo mismo que robar un cable telefónico, por más que ambas cosas interfieran en las comunicaciones. Quien se lleva una campana se lleva mucho más que su valor material, secuestrando una parte de la vida de ese pueblo; tal vez el ladrón no lo sepa, pero allí nada volverá a sonar igual. Cuando nuestros pueblos estaban habitados, robar una campana habría resultado tarea imposible: paisanos, perros y vacas hubieran impedido tan sonora tropelía. Pero ahora todo está desierto y pueden llevarse lo que quieran, incluso al cura.

Desde nuestra perspectiva urbana, nos hemos acostumbrado a ver el mundo rural como un mundo lejano y pintoresco, hasta en los robos. Las noticias de ese mundo las procesamos como si se tratara de la sección de internacional, excepto cuando aparece una berza gigante; eso sí nos parece cercano. Pocas campanas doblan ya en la Galicia rural porque la despoblación se extiende a la misma velocidad que merman los servicios. Sin embargo ese mundo está ahí y no tardaremos en crear la oenegé Paisanos sin fronteras, para tratar de paliar las consecuencias.

En el preámbulo de la novela Por quién doblan las campanas aparece una cita de John Donne, que hace referencia a que todos formamos parte de un ser colectivo y concluye que, por ello, nunca debemos preguntarnos por quién doblan las campanas: doblan por nosotros. Hasta que veamos los problemas de la Galicia rural desde esa perspectiva colectiva no entenderemos que nos están robando algo más que las campanas.

GUITIÁN, Javier

La Voz de Galicia (09-01-2017)

  • PORTO DO SON: Campanas, campaneros y toques
  • Destrucciones de campanarios y campanas: Bibliografía

     

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