SAGARZAZU, Xabier - “Son días de nervios para mí, porque no son toques difíciles pero hay mucha gente pendiente de las campanas en fiestas”

“Son días de nervios para mí, porque no son toques difíciles pero hay mucha gente pendiente de las campanas en fiestas”

Ramón Iridoy, de 53 años, es muy conocido en Hondarribia, tanto por su faceta de campanero como por su familia, ligada al Casco Histórico y al astillero que, hasta hace pocos años, llevaba su nombre, junto al muelle de veteranos

Son días de nervios para mí, porque no son toques difíciles pero hay mucha gente pendiente de las campanas en fiestas - Autor: SAGARZAZU, Xabier / NOTICIAS DE GIPUZKOA
Son días de nervios para mí, porque no son toques difíciles pero hay mucha gente pendiente de las campanas en fiestas - Autor: SAGARZAZU, Xabier / NOTICIAS DE GIPUZKOA

Ramón Iridoy, conocido también por Raku, que es el mote familiar, se dispone a vivir “los días más especiales del año” como campanero, como son las fiestas de la ciudad, en las que “el toque de campanas no es tan complicado, pero sí es más relevante porque hay mucha gente que se fija en ello”.

¿Cómo y cuándo empezó usted en esto de tocar las campanas de la parroquia de la Asunción y el Manzano de Hondarribia?
-Precisamente fue un 8 de septiembre, cuando tenía solo doce años. Por entonces, yo solía portar el estandarte de la Virgen de Guadalupe durante el Alarde, hasta la altura de San Markos. Don Martin Iturbe me pidió que subiera a la iglesia a dejarlo allí. Encontré la puerta del campanario abierta y me metí. Allí estaba Jose Luis Arbelaiz, a quien tomé el relevo de campanero hace poco y que fue quien me lo enseñó todo.
¿Son complejos los toques de campanas de estos días? ¿Qué es lo que más le pesa en fiestas?
-Más que el propio trabajo en sí, es la responsabilidad lo que más pesa estos días, el tratar de que todo salga bien y los toques se den cuando han de darse, conjuntados con otros elementos. Por ejemplo, mañana, día 7, a la hora de lanzar los cohetes que anuncian el inicio oficial de fiestas, hay que estar atentos a que el primer cohete se lance justo con el primer toque de las doce del mediodía, y no antes. Para mí, este, el del repique de las campanas con los cohetes, es un momento muy especial, de los que me ponen la piel de gallina cada año. Y también mañana por la tarde, los momentos que se viven durante el Te Deum y la Salve, y el repique a la salida, son muy emotivos. El día 7 de septiembre es incluso más emocionante, para mí como campanero, que el propio día 8 y los toques durante el Alarde.
¿Cómo es un 8 de septiembre en y desde el campanario?
-Verlo todo desde ahí arriba es algo increíble. Es una jornada especial, sí, porque tienes que dar algunos toques en momentos muy concretos. Para ello, cuento también con ayuda. Para mí uno de los momentos bonitos, y que suele pasar casi desapercibido, es el toque de campana de la Llamada a capitanes, sobre las 8.30 horas, cuando las tropas del Alarde están en Gernikako Arbola. Luego ya, una vez la compañía Arkoll recoge la bandera en la parroquia y tras las descargas en Arma Plaza, debo estar atento al toque de corneta con el que se inician lo sones del 8 de septiembre, que es cuando se voltean todas las campanas. Ya por la tarde, con mi ayudante bien atento a ello, empieza el repique de campanas justo en el instante en que el Cabo de Hacheros pisa el primer adoquín de la calle Mayor, tras pasar por el arco de la puerta de Santa María. Ahí son unos 45 minutos seguidos de repique, hasta que toda la tropa sube a Arma Plaza.Tras las descargas de la tarde, se tocan las campanas a modo de honores a la bandera de la ciudad, cuando esta se coloca en el balcón del ayuntamiento.
¿Con tanta responsabilidad estos días, especialmente el día 8, le da tiempo a disfrutar de la fiesta?
-Sí que me da tiempo. El día 8, a mediodía, bajo del campanario y cierro la parroquia, para luego ir a tomar un vermut y a comer en casa, con mis hermanos y sobrinos. Eso sí, me lo tomo con tranquiliad, para estar bien por la tarde. Ya cuando termina todo, sí me junto con los amigos y la familia y disfruto ya sin las preocupaciones en la cabeza.
Además de campanero, también es portador de gigantes de la comparsa Izugarria. ¿Disfruta con ello?
-Muchísimo. Montamos Izugarria hace 21 años, cuando siendo yo presidente de la asociación de vecinos Harresi, del Casco Histórico, nos propusieron hacernos cargo de los gigantes y cabezudos. No sabíamos nada de ello y aquí seguimos. Es algo que me encanta. Nos lo pasamos muy bien y además, eso es lo mejor, tenemos el relevo asegurado.
Muchos hondarribiarras le asocian también a la comparsa La 3 y el Carnaval. ¿Con qué fiesta se queda?
-Son fiestas tan distintas que no puedo elegir una u otra. Estos días disfruto mucho, pero a la vez tengo una responsabilidad con las campanas. En el Carnaval puedo hacer algo más el gamberro y me encanta.
Su txoko guipuzcoano.
La calle Pampinot y la perspectiva de sus casas y aleros, en el Casco Histórico.
Un monte.
Jaizkibel, por cercanía, es donde más voy.
Un paisaje.
Las vistas de la bahía de Txingudi desde la terraza del Parador de Carlos V.
Una playa.
No soy muy de playa, pero la de Hondarribia.
Una fiesta.
Para disfrutar a tope, en mi caso, el Carnaval.

SAGARZAZU, Xabier

Noticias de Gipuzkoa (06-09-2016)

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