OJOSNEGROS, Agapito (El Norte de Castilla) - El Tercer reloj histórico que vuelve a marcar las horas gracias a Daniel Sanz

El Tercer reloj histórico que vuelve a marcar las horas gracias a Daniel Sanz

El joven ha restaurado el reloj del campanario de la iglesia de Fuentelcésped que podrá ser visitado en el Museo de Arte Sacro de Peñafiel


No hay dos sin tres, mi mejor tiempo que el empleado en hacer lo que a uno le apasiona. En este caso la referencia al tiempo y a su buen aprovechamiento viene que ni pintada por Velázquez, pues Daniel Sanz Platero, joven arandino de profundas raíces peñafielenses, se ha vuelto a poner manos a la obra para restaurar un antiguo reloj de torre.

En esta ocasión ha devuelto a la vida al que desde lo alto del campanario de la iglesia de San Miguel ha sincronizado la vida de los vecinos de la localidad burgalesa de Fuentelcésped durante algo más de dos siglos, pues data de 1727. Ahora esta joya de la relojería puede admirarse y ver cómo su mecanismo marca las horas y las hace sonar en el Museo de Arte Sacro de Peñafiel, ubicado en la iglesia de Santa María, donde ocupa uno espacio privilegiado en la sacristía con sus impresionantes medidas de 3 metros de alto por 2 de ancho.

Anteriormente, Daniel resucitó al completo la maquinaria –siglo XIX- del reloj de la conocida en Peñafiel como Torre del Reloj, y, de igual forma, su colaboración fue decisiva para que las agujas de la esfera de la fachada del Ayuntamiento peñafielense recobraran vida tras años congeladas en las 12 en punto.

El joven, de 24 años y estudiante de Historia, ha conseguido devolver a su sitio cada rueda dentada y mecanismo del reloj del municipio burgalés que desde hace años era carne de chatarrería, desmembrado y en estado póstumo en la casa parroquial del pueblo cercano a Aranda de Duero.

Daniel lo compró por bastante más de lo que hubieran pagado por él al peso, y a partir de ahí empezó la tarea de restauración –o construcción- de los distintos materiales en los que está realizado como el bronce de los mecanismos, la piedra de las pesas, y el hierro forjado y la madera de la estructura que lo sustenta. Inestimable fue la ayuda que le prestó su padre, Alfonso Sanz. En la tarea de rescate incluso se ha recuperado una vieja campana de un barco portugués, que es la encargada de poner sonido al tiempo cada media hora.

El mecanismo es de cuerda, operación que en su nueva ubicación hay que realizar cada tres horas, mientras que antes en el campanario se realizaba cada 24 horas al tener mayor recorrido –el de la torre, 15 metros- las pesas.

Daniel explica que conocía la existencia del reloj pues fue campanero en la localidad burgalesa, y que en el 2015 fue cuando, «buscando una esfera para una de las caras la Torre del Reloj de Peñafiel», pensó en la del pueblo de Burgos, adquiriendo finalmente toda la máquina en feliz acuerdo con párroco y parroquianas.

«Milagrosamente estaba toda la maquinaria», señala Daniel, quien añade que todo el conjunto está «formado por dos partes que hemos montado sobre un bastidor de madera. Por un lado está el mecanismo que mueve el tiempo y por otro el que acciona la campana». Sobre el armazón de madera «hemos colocado otro bastidor realizado por el taller de Rodrigo Margüello, de Peñafiel, de forja, que ha quedado muy bien. Lo mismo que la cabrilla que sustenta la campana».

Esta también tiene su historia, pues tras sonar a bordo de una embarcación posiblemente portuguesa, a mediados del siglo XIX, luego lo hizo en una ermita de Lisboa ya desaparecida. En su ubicación actual es sostenida por el yugo de madera de olmo de una compañera que en tiempos pretéritos tañó en el templo de San Miguel, de Peñafiel. Y en el rizado del rizo de la recuperación y reutilización de elementos, una cenefa de chapa proveniente de los lomos de algún antiguo libro, al que abrazaba para ejercer de cierre del mismo, decora el frente del armazón de madera.

Económicamente la inversión se puede cuantificar en 2.000 euros, algo que no se puede hacer con el tiempo, curiosamente, con las muchas horas dedicadas a esta joya relojera. Daniel tendrá que tirar de cuaderno de bitácora, pues ha apuntado meticulosamente el día a día de la restauración.

Cadenciosa, a cada avance dentado del engranaje correspondiente, se aprecia perfectamente el movimiento de la aguja de los minutos, la cual ha podido recobrar vida después de 15 meses de trabajo, algo que ha merecido la pena pues como dice el propio Daniel: «No he visto ningún reloj como este, alguno con similitudes, pero ninguno como este».

OJOSNEGROS, Agapito

El Norte de Castilla (17-07-2016)

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