COLÓN, Carlos - Doblan las campanas

Doblan las campanas

DOBLAN las campanas de la Giralda por un anciano canónigo en la mañana gris y fría de principios de marzo. Su fúnebre y hermoso tañido se oye en las estrechas calles sobre las que cae una lluvia fina que hace brillar los irregulares adoquines; se oye en los pisos silenciosos fundido con el tic tac de los relojes, en las cocinas vacías en cuyo fregadero se ha dejado apresuradamente la taza del primer café, en las azoteas con los tendederos vacíos, en la penumbra melancólica de la iglesia de los Filipenses, en las habitaciones tras cuyas ventanas -apartando de vez en cuando los visillos- viven sus días iguales personas mayores y solas, entre los naranjos que, lamentablemente, van llenando de minúsculos cadáveres blancos las aceras, en la plaza de la Virgen de los Reyes -ante la que el canónigo fallecido, don Publio Escudero, dijo diariamente misa durante tantos años- sin que los turistas que van de acá para allá, la mayoría mirando sin ver y oyendo sin escuchar, sepan a qué vienen esos solemnes tañidos que caen sobre la plaza y las calles llovidas como lágrimas de bronce.

No parecía una mañana cuaresmal de marzo, sino de un antiguo noviembre de difuntos. No parecía que la Amargura aguardara su traslado al paso, sino su besamanos. No parecía que fuera un día cualquiera de 2016 sino, tal vez, de aquel 1952 en que don Publio llegó a la Sevilla clerical y civilmente convulsa porque el largo enfrentamiento entre el cardenal Segura y el Régimen -desde el mismísimo Franco al que desairaba cada vez que visitaba la ciudad hasta los gerifaltes falangistones locales- alcanzaba su máxima tensión, convirtiéndose en conflicto internacional con los americanos justo mientras se firmaban los acuerdos con ellos, tras la publicación en marzo de su pastoral contra la libertad religiosa y el protestantismo. Una cuestión clave para el presidente Truman en el marco de los acuerdos que suscitó hasta un comentario crítico en el New York Times. El empecinado Segura iba definitivamente a la deriva, abandonado hasta por el Vaticano, que le colocaría a Bueno Monreal de no deseado obispo coadjutor el 27 de octubre de 1954, como si quisieran que el viejo león integrista sintiera caer sobre él todo el amargo peso de la advocación de la Virgen que debía coronar menos de un mes después.

A esa Sevilla llegó el don Publio por quien ayer doblaban las campanas en una fría y lluviosa mañana de marzo en blanco y negro.

COLÓN, Carlos

Diario de Sevilla (08-03-2016)

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