JIMÉNEZ, Noelia - Loja a vista de campana

Loja a vista de campana

Más de 130 vecinos y turistas pasaron la mañana de este domingo visitando el centro histórico desde otra perspectiva: la de sus tres impresionantes campanarios

Una mirada diferente a la ciudad de Loja - Autor: CHAPA
Una mirada diferente a la ciudad de Loja - Autor: CHAPA

Conocer a pie el centro histórico de una ciudad media es relativamente habitual, pero hacerlo a varias decenas de metros de altura es más complicado. Por eso, la actividad estrella del área de Turismo del Ayuntamiento de Loja para esta Navidad ha sido enseñar la ciudad desde algo tan significativo, omnipresente y, sin embargo desconocido para casi todos los vecinos, como sus campanarios.

En Loja hay tres, los de la terna de iglesias que rodean el centro neurálgico del casco antiguo: la Encarnación, Santa Catalina y San Gabriel. Y «a vista de campana», como se llamó precisamente esta novedosa propuesta del consistorio lojeño, dejó a más de uno sorprendido por la belleza de la ciudad cerca de campanas como María del Carmen, la más antigua de San Gabriel, del siglo XVII. «Todas las campanas tienen su nombre, inscrito además en el registro nacional de campanas», explicó Juan Carlos Gómez, lojeño y amante de la historia de su pueblo que ejerció de guía en la visita al campanario de San Gabriel, un edificio del siglo XVI.

Junto a los nombres de estas campanas, siempre femeninos obviamente, una de las cosas que más coincidieron en destacar los visitantes fue la espectacularidad de disfrutar de estas vistas panorámicas, las más altas que se pueden ver desde la propia ciudad. Y aún más hacerlo con un sonido tan vibrante como el del repique de las campanas a la hora en punto y al llamar a culto a los feligreses.

Lojeños y turistas

Conchi Mancilla y sus hijos pequeños tuvieron el valor de subir y bajar varias veces las empinadas, largas y enrevesadas escalinatas para llegar a los campanarios. «Al de la Encarnación sí había subido de niña, porque aquí vivían los abuelos de una amiga mía, pero a los demás no había subido nunca», contó impresionada por lo distintas que son entre sí las torres de las iglesias. La más antigua, con 128 escalones de nada, es la de la Iglesia Mayor de la Encarnación, que, con su amplitud, permite a más de 10 personas estar al mismo tiempo disfrutando de un ensordecedor repique. El campanario restaurado de San Gabriel ofrece la vista más baja de la ciudad y cinco campanas de entre los siglos XVI y XX. Y el de Santa Catalina es el que hace la visita más cómoda, con muchos menos escalones, aunque apenas deja ver el repique en directo a tres personas, por la estrechez de la estancia y las grandísimas dimensiones de una campanas que, cuando voltean los 360 grados, resultan cuanto menos peligrosas. «Hay que tener mucha precaución», advirtió a los grupos que subían Conchi Mateos.

Loja a vista de campana fue ocasión para que vecinos como Lola Vigil se reencontraran con las reminiscencias de su niñez. «Me acuerdo cuando de pequeña venía a la Iglesia Mayor a coger palomos, que el párroco don Rogelio solía guardar en un palomar que había entonces», recordó. Pero también permitió que lojeños que viven fuera y regresan a Loja por Navidad disfrutaran de sus orígenes en unas fechas tan significativas. «Es una forma de conocer de dónde vengo, porque mis padres son lojeños, aunque vivimos en Huelva», comentó Antonio Reyes. Como él, Néstor Cruz -que reside en Granada- subió a lo más alto de la ciudad antigua junto a su padre José María. Sin duda, otra forma diferente de pasar un soleado domingo prenavideño.

Campanas con DNI

Por turnos de diez personas, para no saturar los edificios, lojeños y turistas de puntos como Sanlúcar recorrieron esta parte de Loja -también histórica y espectacular- de la mano de Ramón Pérez, Conchi Mateos y Juan Carlos Gómez. «Lo que más les sorprende es comprobar las estancias que hay antes de subir a la torre», indicó Pérez. Porque, además de la panorámica final, los visitantes encontraron en la subida habitaciones que una vez fueron hogar para los encargados de cuidar la iglesia y en las cuales incluso se hicieron hogueras y las tradicionales matanzas de animales. También descubrieron los trasdoses, esos espacios que cubren las cúpulas de las iglesias y que pocas veces se imagina cómo son. O los relojes que marcan el ritmo del reloj de la iglesia, como el centenario mecanismo de la iglesia mayor.

Campanas que suenan y se voltean con sistemas más modernos que antaño -ahora controlados por sistemas digitales-, pero que marcan el ritmo de las horas de una ciudad e incluso su estado de ánimo, con sonidos diferentes para cada momento. Campanas con su particular 'DNI' -que incluye nombre, fecha y lugar de fundición y quién la costeó- que muestran Loja desde otra perspectiva.

JIMÉNEZ, Noelia

Ideal (22-12-2014)

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