SEVILLANO, Antonio - Campanas y campaneros (III)

Campanas y campaneros (III)

Doble cargo. En septiembre de 1840 la Alcazaba ya estaba abandonada a su suerte y custodiada solo por un soldado, quien cumplía a su vez con la función de campanero de la Vela

Almería
Almería "Alcazaba" Torre de la Vela - Autor: L. S. P. - 8

A la ciudad musulmana
tornó libre la cristiana.
De noche, a las diez, desgrana
veinte toques la campana
de la Vela desde entonces

Con el paso del tiempo la campana de la Vela fue desertando de su inicial cometido ermitaño y de alerta a la tropa acuartelada en la fortaleza ante los ataques piráticos, tanto berberiscos como abanderados por otros países, caso de la escuadra angloholandesa o desde el propio territorio nacional cuando en julio de 1873 las fragatas Victoria y Almansa, arboladas por el insurrecto Cantón de Cartagena, trataron de apoderarse de la ciudad o, en su defecto, que pagase un exorbitante "impuesto revolucionario", cifrado en cien mil duros. En todas las circunstancias estuvo auxiliada y fue eco del campanario catedralicio. En 1680 (según Martín del Rey), tras sufrir la ciudad diversos terremotos, construyeron la espadaña que la cobija y montaron (una centuria después) la actual de "Santa María de los Dolores", bajo el reinado de Carlos III. La propiedad de la campana seguía siendo militar, pero no tardaría en traspasarse su usufructo al Ayuntamiento y a generar documentación administrativa; ahora ciertamente anecdótica, pero no en su momento, en el contexto que se produjeron.

Levantando actas

La primera noticia municipal data de septiembre de 1840. Por el plenario del día 24 sabemos que la Alcazaba estaba abandonado a su suerte, en estado ruinoso pese a que Almería seguía considerada plaza de guerra y las murallas no las habían aún derruidos. En la atalaya defensiva solo residía un soldado a cuyo cargo se encontraba asimismo la campana de la Vela:

Seguidamente se acordó que la campana nombrada de la Vela, que se halla situada en la Alcazaba de esta Ciudad, continúe marcando por la noche con sus toques las horas en los intermedios de estas; y la aproximación de naves de guerra durante el día, u otras novedades de importancia que en la mar notase, como se venía ejecutando en la antigüedad, pero estimando justo al mismo tiempo que el soldado que custodia el citado fuerte, y que ha de quedar obligado a dar los toques tan asidua e indefectiblemente cual corresponda, sea remunerado en su trabajo y se le gratifique por ahora con tres reales diarios de los fondos y arbitrios municipales de esta Corporación, que los serán de los del ramo de Alumbrado y Serenos. Que esta determinación se comunique al Sr. Comandante General tanto por desear obrar la Corporación en este asunto con su acuerdo, como para que, si no encontrase reparo, tenga a bien a dar por su parte la orden oportuna, a fin de que desde la noche de este día comiencen los toques en la forma que venía en practicar antes de ser interrumpidos.

Por una u otra razón, la interrupción que señala se convirtió en motivo de queja decenio tras decenio. El aumento salarial originó igualmente reiteradas reclamaciones. Ambos temas son recurrentes en gacetillas y cartas de vecinos a los periódicos, deplorando los prolongados silencios de la "arriscada viejecita sonora del castillo moro". A ello obedece la petición de un aspirante a cubrir el puesto de trabajo (mayo, 1844):

Se vio un memorial de Pedro Ruescas solicitando se le conceda la plaza de tañedor de la campana de la Vela, pues que tiene entendido no cumple con exactitud el que la obtiene; y se acordó: téngase en cuenta en tiempo oportuno.

Incluso, cuando el Ayuntamiento presidido por Braulio Moreno intentó amortizar el cargo (marzo, 1912), exponiendo que el titular se encuentra enfermo en el Hospital sin esperanzas de curación, el vecindario de La Almedina se amotinó y obligó al gobernador civil a suspender el acuerdo:

Dióse cuenta de un oficio del Sr. Gobernador Civil de la provincia, trasladando su providencia por la que ultimado el recurso de alzada interpuesto por D. José Andrés Burgos y otros vecinos contra el acuerdo de este Ayuntamiento en sesión de 11 de marzo último, sobre supresión del cargo de campanero de la Vela, se deja sin efecto el acuerdo recurrido, y el Ayuntamiento quedó enterado, encargando al Sr. Alcalde Presidente que procure la práctica de este servicio, que viene interrumpido hace algún tiempo por enfermedad del funcionario encargado del mismo

Vapores y nombres propios

Mientras que en la prensa local arreciaban las críticas por las deficiencias del servicio nocturno, en llegado el Corpus granadino se extendían en ponderar la antigüedad e historia de la campana de la Vela en La Alhambra. Si el pleno de 1845 señalaba que los toques debían hacerse al avistar naves de guerra, ahora su cometido girará sobre el movimiento portuario (25 de enero 1845):

Leyóse una proposición del Sr. Sindico (concejal Onofre Amat) para que el campanero de la Vela que durante la noche da los toques repitiendo la hora solo a cada cuarto, lo haga cuatro veces a lo menos durante el mismo; o sea cada cuatro minutos; y que durante las horas del día anuncie la llegada de los vapores a este puerto: con una campanada cuando venga de poniente, y con dos cuando procedan de levante, repitiéndolas cada cuatro minutos desde que aviste el buque hasta que haya fondeado, en cuyo acto serán cinco campanadas seguidas; invitándose a los comerciantes y demás personal que tengan correspondencia por medio de los vapores a que se suscriban con una módica gratificación mensual, que nunca deberá exceder de un real, a favor de dicho campanero por el aumento de trabajo que se le impone; siendo del cargo del mismo su recaudación; y se acordó: conforme con un todo lo que propone el Sr. Canet, a quien le compete realizar la suscripción indicada; dándose por luego la oportuna orden para los toques de que queda dicha expresión y comunicándose esta medida al Sr. Comandante general para su debida inteligencia, mediante a que la campana de la Vela está colocada en el fuerte de la Alcazaba

Desde comienzos del XIX la campana iniciaba su sinfonía sonora a las diez de la noche y enmudecía a las cuatro de la madrugada. Con veinte badajazos al principio y otros tantos al final; sin un código fijo de toques en ese largo intervalo; diferentes, además, cuando trataba de arrebatos en caso de incendio y otros desastres ciudadanos. El humilde oficio de campanero se equiparaba al de sereno y pregonero; disponiendo este de una modesta habitación adosada al muro donde se alza la espadaña. Desempeñado por hombres, preferentemente inválidos de guerra, contó con dos mujeres, que sepamos. Braulio Góngora (penúltima del total del gremio), nombrada en agosto de 1943, estuvo precedida por otra fémina (diciembre, 1932):

Dándose cuenta de los escritos de Antonia López Fernández y Ramón Belver Medina en súplica de que se les nombre encargados de la campana de la Vela, cargo vacante por jubilación de Teodoro Alonso Soria que la desempeñaba; el señor García Alonso propuso que se nombre a la primera por tratarse de una mujer viuda que mantiene un hermano impedido (…); y se acordó: nombrar encargada de la campana de la Vela a Antonia López Fernández, con el jornal de cuatro pesetas mensuales.

SEVILLANO, Antonio

El Almería (18-10-2014)

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