SILVÁN, V. - Alma de campanero

Alma de campanero

Blas Cubelos es el campanero de Campo, uno de los pocos que mantienen viva una tradición que durante siglos marcó la identidad y el ritmo de vida rural

Blas Cubelos con sus dos campanas, Santa María y Santa Bárbara - Autor: QUINITO
Blas Cubelos con sus dos campanas, "Santa María" y "Santa Bárbara" - Autor: QUINITO

Dice el historiador José Luis Alonso Ponga que las campanas son “símbolo de la libertad y de nuestra cultura, su voz es venerada como la voz del pueblo”. Una voz que se va apagando, sin jóvenes en los pueblos que cojan el testigo y mantengan viva la tradición, para algunos ya en peligro de extinción. Pero aún quedan campaneros empeñados en no dejar morir su sonido y reivindicarlo como parte de nuestro patrimonio. Ese es el caso de Blas Cubelos, encargado de repicar y voltear a 'Santa Bárbara' y 'Santa María', como se llaman los dos bronces de la iglesia de Campo (Ponferrada).

Blas tiene 34 años, pero su relación con las campanas le viene de muy pequeño. Con apenas siete años ya subia al campanario y hacía lo que podía, aprendiendo del cura, Don Maximino, y el antiguo alcalde, Julián Girón. “En mi familia no había campaneros,vengo de una familia de músicos, mis abuelos y mis tíos eran acordeonistas, pero lo de las campanas lo llevo dentro, aunque no sea herencia”, asegura el campanero, que destaca que esas dos personas le fueron enseñando los toques a muerto, a 'tentenube, de fiesta y de procesión.

Un alma de campanero que echa a volar con cada sonido de las campanas de Campo. “Son muy antiguas y tienen un sonido muy peculiar, antiguamente decían que se oían hasta en Dehesas, una es del siglo XVI y otra del XVII”, destaca Blas, que incluso apunta a la “legenda” que existe en el pueblo. “Cuenta la gente mayor la historia, que ha pasado de generación en generación, que en Campo había tres campanas y la más grande se la llevaron para la basílica de la Encina, la campana más grande que tiene La Encina era de Campo”, relata.

“Me he interesado mucho por el tema, he buscado toques, es algo que tienes dentro. Incluso yo creo que nací con esto, me llamaba la atención domingo tras domingo y es una afición que me viene de dentro, aunque no esté en los genes”, explica Blas, que lamenta que esa tradición se esté perdiendo porque en los pueblos ya no quedan niños que, como él, suban al campanario y quieran aprender. “Mi hijo tiene siete años y me gustaría enseñarle, lo he intentado, pero a los chicos de hoy en día solo les gustan los videojuegos, igual con los años cambian las cosas y le llaman la atención”, añade.

Así, reconoce que es una construmbre que “tiende a la extinción” y destaca que tocar las campanas es ante todo una “tradición oral”, que sin gente joven que escuche a las personas mayores “se perderá a medida que ellas van muriendo”. “Los sonidos se tienen que grabar en la memoria y los toques”, defiende Blas, que reconoce que el día de la fiesta sube gente y le ayuda a voltearlas pero, apostilla, “el único que las repica soy yo”. Y es que hasta le llaman de otros pueblos para hacerlas sonar en las fiestas y procesiones porque “ya no hay nadie en ellos que lo haga, la gente que lo hacía ha ido muriendo”. “Por degracia se está perdiendo y es una cosa muy bonita, que forma parte de nuestra cultura”, lamenta.

Blas, echando al vuelo la campana, una técnica que requiere maña y fuerza - Autor: QUINITO
Blas, echando al vuelo la campana, una técnica que requiere maña y fuerza - Autor: QUINITO

Uno de los bronces de la iglesia de Campo, con un sonido muy peculiar - Autor: QUINITO
Uno de los bronces de la iglesia de Campo, con un sonido muy peculiar - Autor: QUINITO

Del repique al volteo, del 'tente nube' al toque de fiesta

Tocar las campanas también tiene su técnica y requiere que el campanero tenga sentido del ritmo. Así, voltear las campanas, o echarlas al vuelo, es hacerlas girar sobre si mismas y, para ello, la persona debe tener maña y fuerza para que, empujándolas con las manos y los pies, consiga que hagan un giro completo de 360 grados. El historiador Alonso Ponga destaca que solía ser “una actividad de mozos porque se requiere fuerza y maestría, de forma que cuando se echa al vuelo y se consigue que de la primera vuelta, se pueda mantener el ritmo accionando con los pies o con las manos el yugo hacia abajo”.

Pero uno de los toques más difíciles y bonitos es el repique, que acompasa los sonidos de las dos campanas con el campanero colocado entre ambas, a las que hace sonar empuñando las cuerdas o cadenas y moviendo rítmicamente una mano u otra, o las dos al mismo tiempo si el toque lo requiere. “Los toques de fiesta tienen ritmos muy alegres y cada campanero le da su toque especial, yo tengo por ejemplo un toque de fiesta con varias combinaciones y varios ritmos, llega un momento en el que el ritmo de la mano derecha no tiene nada que ver con el de la izquierda, son acordes de una campana con la otra”, señala Blas.

También se puede tocar una campana sola, conocido como “badajada” o “tocar a badajo”, pero es en el repique donde su sonido se parece más al lenguaje humano. Es más, muchos toques tiene su frase, que el campanero repite mentalmente mientras lo realiza. Lo confirma Blas y pone como ejemplo el caso del 'tente nube'. “Este toque tiene letra y ritmo: tente nube tente tú, que más puede Dios que tú, tente nube tente rayo, que más puede Dios que el diablo”, explica Blas, que puntualiza que se dice que las ondas sonoras de las campanas “abren la nube” y por eso se tocaban cuando la tormenta se acercaba al pueblo, “para espantarla”.

Blas Cubelos tiene ahora 34 años, con apenas siete empezó a tocar las campanas en el pueblo - Autor: QUINITO
Blas Cubelos tiene ahora 34 años, con apenas siete empezó a tocar las campanas en el pueblo - Autor: QUINITO

“Las campanas y el pendón, del pueblo son”

Por otro lado, en los toques también se aprecian diferencias por zonas y pueblos, algo que Blas ha comprobado en encuentros de campaneros, como el de Villavante o el que durante dos años se realizó en Santa Marina de Torre. Así, precisa que los toques de fiesta suelen ser más parecidos y que las diferencias se dan más en los toques a muerto. “Los toques de muerto son diferentes, el toque de aquí del Bierzo es muy parecido al que habia en Galicia, mientras que en León es de otra manera, no es el mismo”, apunta el campanero de Campo, que explica que en su pueblo es distinto, según la persona fallecida sea hombre o mujer. “Se empieza por la campana grande y se cuentan nueve segundos cuando es mujer y trece cuando es hombre, de más despacio a más deprisa, es un sonido lento hasta que se van juntan los dos toques y terminan las dos campnas sonando juntas”, cuenta.

Pero hoy en día prácticamente el toque de las campanas se reserva a entierros, fiestas y procesiones, para convocar a los vecinos a misa. Décadas atrás, su sonido marcaba el ritmo de la vida y era un medio de comunicación cuando no existían los teléfonos ni los mensajes. “Se tocaba el día que una persona moría, al día siguiente y el día del entierro, servía para comunicarse cuando todavía no existían las esquelas”, precisa Blas. Pero también eran muy funcionales para llamar a la vecera del ganado o reclamar la vuelta de lo trabajadores del campo, también para convocar a las gentes del pueblo al concejo o alertar a todos del fuego. “Hoy por hoy, ya no se hacen tantos toques, se suele tocar a muerto y en las fiestas y procesiones, yo sigo tocando en los entierros, los domingos a misa y siguiendo con la tradición”, reconoce Blas.

La iglesia de Campo, en el pueblo dicen que su tercera campana se llevó a la basílica de La Encina - Autor: QUINITO
La iglesia de Campo, en el pueblo dicen que su tercera campana se llevó a la basílica de La Encina - Autor: QUINITO

SILVÁN, V.

el biezo noticias (07-09-2014)

  • PONFERRADA: Campanas, campaneros y toques
  • CUBELOS, BLAS (CAMPO DE PONFERRADA): Toques y otras actividades
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