Levante-EMV - Mozos en la trucha

Mozos en la trucha


La Guillermina, campana medieval de medio millar de kilos de bronce, es la anunciadora del Domingo de Resurrección en Castielfabib, el pueblo del Rincón de Ademuz donde se juntan los Tres Reinos.

Lleva grabada en su cuerpo el Cordero Pascual, símbolo de la Eucaristía, el Señor resucitado y victorioso. En día tan señalado, tradición inmemorial es ser volteada por los mozos más atrevidos del pueblo subidos a las truchas, las manos agarradas fuertemente al peine de la cabeza del yugo y los pies puestos sobre el travesaño más largo del mismo.

El toque es lento, solemne, respetuoso, anunciador de la Pascua, reclamando la atención «Boz del angel que en el acto suena», como reza la vieja inscripción en ella esculpida. docena de jóvenes en el cuarto de campanas tientan la tradición. La campana es impulsada y saltan sobre ella, como si de un caballo a galope se tratara, agarrándose y pegándose fuertemente a su madera, volteando con ella, tradición que el saber popular remonta al medioevo.

El único cuidado a tener en cuenta es que la cabeza del volteador no sobresalga mucho del yugo y roce en la ventana de la campana y que los que la empujan en ese momento lo hagan con tino, al ritmo adecuado. Lo habitual es dar media docena de vueltas a la campana

Ha habido volteadores precoces, con 15 años, que han llegado lejos en la tradición, hasta casi cerca de los 50. En los historiales, como si se tratara de pilotos de aviación, hay quien cuenta en su haber vueltas 1.000 horas de volteo. También ha habido algún que otro cura a quien hicieron subir al campanario a voltear a la Guillermina, según esta antiquísima tradición.

Este año, un grupo de cincuenta campaneros de la Catedral de Utrecht (Holanda) ha visitado Castielfabib, para presenciar esta gesta, única en España, conocida como volteo humano, en visita organizada por el Gremio de Campaneros, una oportunidad única para los de Castielfabib para promocionarse turística y culturalmente en Holanda.

Castiel, como le llaman los lugareños, es un impresionante pueblo con un término municipal paisajístico, regado por las aguas del Turia y el Ebrón, que con sus 106 Km2 es el municipio más extenso de los que conforman el Rincón de Ademuz. A destacar su iglesia-fortaleza, asentada en un emplazamiento singular, representativo de diversos estilos y épocas que acoge en su parte inferior diversas dependencias como los almacenes del diezmo o la herrería. Se alza sobre un promontorio rocoso que domina el valle, el pueblo y la carretera. Sus orígenes parecen ser primeramente romanos y posteriormente árabes. Tras su construcción inicial, el edificio ha sufrido numerosas reformas, modificaciones y añadidos en su primitivo núcleo medieval. Son destacables las importantes muestras de pintura mural gótica descubiertas durante las tareas de reconstrucción.

En definitiva, un pueblo encantador donde perderse, especialmente en un Domingo de Pascua con tan hermosa tradición, donde pasar horas de descanso y esparcimiento leyendo las páginas de su historia en sus piedras vivas y parajes de hermosa naturaleza.

Baltasar Bueno

Levante - El Mercantil Valenciano (19-04-2014)

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