I. H. - ¿Quintana fue romana?

¿Quintana fue romana?

Expolios, particulares y la concentración parcelaria enterraron el pasado romano de Quintana del Marco. Sólo un busto en la espadaña de la iglesia y unos mosaicos en una cocina recuerdan a aquella época

Busto de Marco Aurelio ubicado en lo alto de la espadaña de la iglesia de San Pedro de Quintana del Marco - Autor: I. H.
Busto de Marco Aurelio ubicado en lo alto de la espadaña de la iglesia de San Pedro de Quintana del Marco - Autor: I. H.

Aunque hubo pasado romano en Quintana del Marco, el presente es casi inexistente. Que recuerde a aquella época quedan tan sólo el busto de Marco Aurelio coronando la espadaña de la iglesia de San Pedro y unos mosaicos en la cocina de la casa de la familia Charro, aunque según su testimonio “desaparecieron con las riadas”.

Los vestigios romanos hallados en el pago conocido como Los Villares fueron cogidos por particulares que los usaron a su conveniencia como adorno en las paredes en el caso de los mosaicos y como abrevaderos las pilas bautismales o los sepulcros. Los que corrieron mejor suerte están en museos y los que quedaron en el lugar acabaron también desapareciendo tras la concentración parcelaria.

Los tesoros de Quintana del Marco andan desperdigados por medio mundo pues, como dejan constancia los historiadores, algunas piezas se subastaron públicamente.

En el pueblo, los vecinos recuerdan los años de hallazgos. Un paisano de Quintana rememora cuando él era chico y su padre, que trabajaba de jornalero, “contaba que sacaban muchos mosaicos de las tierras, decía que eran muy bonitos, y los rompían para que la tierra diera fruto”. Está de acuerdo con que quizá debían haberse guardado todas aquellas piezas pero “qué sabían”. De todos modos, entiende que ni se guardaron “ni nos dejan ahora cultivar algunos terrenos, han cercado unas fincas y no podemos cultivarlas y allí ya no queda nada”, explica.

Al preguntarle por la familia Charro no sabe muy bien de quien se trata, pero la pista de que en su casa se conservan algunos de los mosaicos en la cocina no le hace dudar.

Las dos mujeres que habitan en la casa aseguran que allí ya no queda nada: “La riada se llevó todo lo que había, hija, aquí ya no queda nada”. Esto mismo se lo ha dicho ya a otros que vinieron preguntando hace unos años aunque, curiosamente hay fotos posteriores.

Seguramente estén cansados de recibir visitas de extraños e investigadores que quieren ver esos restos que, aunque a juicio de los expertos no tienen un gran valor, constituyen la poca herencia romana que se conserva de la villa hallada en Quintana del Marco además de tener el aliciente de ser piezas arqueológicas que se usan como encimera de cocina donde cortar el embutido.

Fue en mosaicos en lo que este pueblo de la provincia leonesa fue más rico. Esta villa romana, o lo que quedaba de ella tras los expolios y sustracciones ya reseñadas, acabó reducido a la nada con las obras de concentración parcelaria que se llevaron a cabo cuando ya había sido declarado Bien de Interés Cultural. A pesar de esta catalogación debería suponer cierto de grado de protección, las máquinas acabaron de enterrar el pasado romano de Quintana del Marco.

El otro testigo que queda de aquel pasado es el busto que corona la espadaña de la iglesia de San Pedro, un busto de mármol blanco que “siempre habíamos pensado que se trataba de San Pedro, yo de niño siempre escuché eso, pero un día vino un amigo del cura que era catedrático y dijo que se trataba de Marco Aurelio”, así lo recuerda un vecino que está sentado en el poyo de la puerta de su casa desde donde puede contemplar la iglesia.

Otro asegura que debe tener valor “porque se lo han querido llevar más de una vez”. A lo alto de la espadaña llegó en el siglo XVIII, cuando fue construida y es el recordatorio de lo que Quintana del Marco fue y ya casi está olvidado.

De los fragmentos que acabaron en museos, los de mayor renombre son los tres que fueron a parar al Museo Arqueológico de Madrid. Llegaron en 1906 los mosaicos que fueron sacados un año antes de la finca de los hermanos Charro. Querían que se mantuvieran en un lugar que garantizara su permanencia y en el que todo el mundo pudiera disfrutar de estas piezas. Fueron valorados en 40.000 pesetas y representaban el invierno, tres perdices y un faisán, respectivamente.

El mosaico de Hilas y las Ninfas, el de mayor relevancia, se encuentra en el Museo de León. Tiene unas medidas de 165 centímetros por 156. Fue depositado por Darío de la Mata en 1925 sin compra, aunque el Estado había querido adquirirlo en 1919 por 21.000 pesetas. Durante la Guerra Civil, el mosaico sufrió deterioros y tuvo que ser posteriormente restaurado.

El mismo Darío de la Mata llevó otro mosaico al patio de su casa en La Bañeza. Otro trozo se halla en el Museo de la Caminos de Astorga. Al margen de éstos, los que cada particular pudiera adquirir para sí en su día podrían haber sobrevivido a los años, pero lo que hay detrás de cada casa, sólo el dueño de la misma lo sabe.

El gran hallazgo de Los Villares, según las crónicas, tuvo lugar en 1899 por un vecino de Quintana del Marco, Pascual Vivas. Encontró “un busto de mármol blanco, muy bien hecho y al parecer romano” según describe el hallazgo Darío de la Mata en una carta. “Siguió arañando la tierra, encontrándose con un pavimento de mosaico muy bonito, del que varios sujetos tomaron lo que les convino para colocarlos en sus hogares y hacer sobre ellos lumbre echándolo a perder”.

Otra de las historias que se conocen acerca el destino de los restos fue el que recoge Matías Rodríguez en ‘Historia de Astorga’, publicada en el año 1909: “Fue hallada una hermosa cabeza de tamaño natural, adherida a una repisa, la cual fue vendida a un anticuario de Madrid en 190 pesetas”.

Distintos destinos para una de las villas romanas más destacadas de la provincia en la que este pasado romano es hoy, únicamente eso, historia, salvo por el busto de Marco Aurelio y los mosaicos que, dicen, se llevó la riada.

I. H.

La Crónica de León (14-12-2008)

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  • Campanarios: Bibliografía

     

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