MARTÍNEZ ROIG, Eliseo - El tiempo y las campanas de la Valencia medieval

El tiempo y las campanas de la Valencia medieval


La antigüedad del tiempo, es la juventud del mundo. (Francis Bacon)

El paso del tiempo en la sociedad medieval

El aspecto del paso del tiempo y su calculo ha suscitado el interés desde tiempo atrás. El tiempo es algo percibido subjetivamente por los hombres y es interpretado de forma distinta por cada civilización y sociedad (Ortega 1999). El primer elemento para controlar el tiempo ha sido el Sol, con la alternancia del día y la noche y también por la Luna (Llop 1987). Es decir, la primera división temporal hace referencia a las horas de luz, cuando hay Sol, y las horas de la noche, cuando no hay Sol. Por tanto, este elemento natural sirve de referencia para controlar, de manera muy general, el paso del tiempo.

Tal y como apunta Llop, estos dos ciclos, el solar y el lunar, entrarían en confrontación, ya que suponen ciclos diferentes, véase el ciclo solar, un tiempo lineal, y el ciclo lunar, un tiempo circular. Ese tiempo cíclico sería el predominante en el hombre primitivo, que se asociaba a las fuerzas poderosas y ajenas a su voluntad (Llop 1987), es decir, aspectos relacionados con la Naturaleza.

Pero es el cristianismo el que introduce otra concepción temporal, la lineal sin renunciar completamente a la visión cíclica del tiempo como escribe Gurevitch (1979) citado por Llop (1987).

También Ortega nos cita en su artículo a Gurevitch, quien resume en Las categorías de la cultura medieval, que los bárbaros tenían una concepción antropomórfica del tiempo, el mundo era el tiempo de los hombres, mientras que con la llegada del cristianismo el tiempo se reorganizó alrededor de las liturgias y las festividades cristianas, es decir, el tiempo pertenece a Dios (Le Goff 1983).

La interpretación lineal del tiempo de la Iglesia viene marcada por el momento de la Encarnación, del nacimiento de Cristo. La aparición de Cristo, la realización de la promesa, la Encarnación dan al tiempo una dimensión histórica, o mejor un centro y la eternidad es la dilatación del tiempo al infinito (Le Goff 1983).

Este nuevo enfoque del tiempo vendrá “controlado” por los monasterios. Llop (1987) cita el capítulo XLVII de San Benito, en el cual mantiene que será el abad quien de la señal para la hora de la obra de Dios, tanto de día como de noche, a las horas correspondientes. Aparecen aquí las campanas como medio de comunicación, usadas en los monasterios para la llamada a las oraciones del día y de la noche. Serán los monasterios quienes controlen las partes de la jornada con sus toques de campanas. De este modo la sociedad se regía por esta división del día, llamadas las “horas canónicas”.

Las horas canónicas

Con el cristianismo se estableció una división de la jornada más allá de la salida y puesta del sol. Las jornadas de veinticuatro horas se dividían en función de las horas canónicas de los monasterios. (Ortega 1999). La jornada era marcada por los toques de campanas que llamaban a estas oraciones, y el año era marcado por las diversas festividades que solamente respetaban los monjes (Llop 1987). Estos toques de campanas se espaciaban por tres horas, y empezaba la jornada con la oración de maitines (12 de la noche), laudes (3 de la madrugada), prima (6 de la mañana), tercia, (9 de la mañana), sexta (mediodía), nonas (15 horas), vísperas (18 de la tarde) y completas (a las 21 de la noche) (Ortega 1999). Esta tradición de marcar las partes de la jornada tal y como se estableció en los monasterios se extendió a los clérigos urbanos de las ciudades crecientes (Llop 1987).

El calculo de los campaneros para el toque de las campanas se hacía a través de medios imprecisos, como muestras solares en las torres o en las paredes de las catedrales. El momento de la salida del sol, del mediodía y del ocaso eran claros referentes para el cálculo de los espacios de tiempo. Otros medios, como relojes de arena, candelas o incluso las plegarias podían ayudar al cálculo de los intervalos entre los distintos toques que llamaban a las oraciones diarias (Ortega 1999).

En los pueblos tan solo se escuchaban más o menos precisos el toque de oración al alba, el del ángelus al mediodía y el toque al anochecer, según los cuales se estructuraban los días. Toques y divisiones mucho más sencillos, por ser núcleos de población más pequeños.

La evolución de las ciudades y del comercio que en ellas tenía lugar, provocará, por lo general una necesidad de controlar el tiempo de una nueva forma. El tiempo se empieza a entender de otra forma y por esta razón necesita de una medida, más acorde con las exigencias de una sociedad que está evolucionando.

El tiempo del comercio

Una nueva necesidad social hace que la medida del tiempo organizado por la Iglesia, evolucione hacia un sentido más social, más útil para el comerciante, para el mercader. Hasta ahora el tiempo era considerado de Dios, pero para el mercader el tiempo supone una hipoteca porque de él depende su ganancia (Le Goff 1983).

Estamos ante la necesidad de adaptarse a la evolución económica, más exactamente a las condiciones del trabajo urbano (Le Goff 1983). Este es un punto de enfrentamiento entre el tiempo que es de Dios y el mercader, que saca beneficio de él y por tanto se hace dueño de él también, cosa que contradice al tiempo de la iglesia, dominado por Dios (Le Goff 1983).

En estos momentos las redes comerciales se están generando y organizando y es por tanto cuando el tiempo deviene objeto de medida (Le Goff 1983). También Le Goff apunta que se laiciza al mismo tiempo, más por necesidades prácticas que por razones teológicas. Los mercaderes y artesanos sustituyen este tiempo de la Iglesia por el tiempo medido con más exactitud, utilizado para las tareas profanas y laicas, por el tiempo de los relojes.

Las campanas del “trabajo”, o el “reloj comunal” (Ortega 1999) se multiplican por las ciudades europeas. Le Goff nos apunta varios ejemplos, como el de la ciudad de Aire-sur-la-Lys, donde en 1335 se concede construir un campanario con una campana especial para el oficio de la pañería […] porque la dicha villa está gobernada por el oficio de la pañería. Es decir, la pañería adquiere una relevancia social y comercial tan significativa que ha de regirse su tiempo de una forma separada al resto. Estas campanas tocan el inicio y el final de las jornadas laborales de las personas que se encargan de estos oficios, quienes se convierten en los dueños de este tiempo. Indudablemente las necesidades económicas tienen mucho que ver con estas preocupaciones ciudadanas: aquí y allá se ve aparecer una campana del mercado, una campana de los granos, etc (Le Goff 1983). Es decir, cada grupo social, cada gremio hará por tener una campana que vaya marcando sus jornadas, sus tiempos, sus intervalos para el comercio, las transacciones, etc.

Los primeros relojes medievales

Dando un paso más adelante en cuanto a la separación del tiempo de la iglesia, Llop (1987) apunta que el tiempo urbano emancipado de la iglesia apareció quizás como consecuencia de la invención de los relojes mecánicos, y seguidamente, citando a Gurevitch añade que la aparición del tiempo regular aportaría el triunfo del tiempo lineal.

Se persigue la mejora de la certeza del control del paso de las horas, del tiempo, y aparecen en escena las primeras maquinarias de relojería común. Con la invención del reloj mecánico se establece un paso decisivo hacía las horas ciertas y se proporciona la hora en sentido matemático, la vigésima cuarta parte de la jornada y la hora de sesenta minutos se instala (Le Goff 1983).

Ocurre por lo general en Europa que se alzan relojes por doquier frente a los campanarios de las iglesias, instalados en torres en los ayuntamientos de las ciudades más importantes, acudiendo a un proceso de laicización donde va desapareciendo el monopolio de las campanas de iglesia para medida del tiempo (Le Goff 1983). Esto no ocurre tan generalmente en la península ni en Valencia, donde como veremos más adelante se aúnan los esfuerzos en una misma torre. Es el resultado de la necesidad de un control más riguroso del tiempo, más que los toques de campanas realizados siguiendo las variables de esos imprecisos instrumentos solares (Le Goff 1983).

Pero como toda nueva tecnología, los nuevos relojes introducidos en Europa durante el siglo XIV (Ortega 1999) padecieron de ciertas limitaciones y/o fallos, como las frecuentes averías (Le Goff 1983). Como continúa sugiriendo Le Goff, estos relojes y sus maquinarias eran instrumentos para prestigiar a las ciudades, aunque tengan fallos técnicos. Es decir, se convierten en objetos de dominación de los grandes señores, en objeto de diversión y en símbolo de poder de las ciudades.

Este nuevo tiempo y su medida más exacta se convierte en una de las primeras herramientas del hombre. El tiempo que antes pertenecía a Dios, ahora pertenece al hombre (Le Goff 1983).

El tiempo y las campanas de la Valencia Medieval

Las campanas medievales de Valencia

Con la conquista de Valencia por manos del rey Jaume I en 1238, acontece un cambio radical del modo de vivir y en consecuencia un nuevo paisaje sonoro asociado a las nuevas creencias y a la diferente organización social del territorio (A. Martín y Llop 2007).

Los conquistadores traen consigo pequeñas campanas, fáciles de transportar, que empezaran a construir un nuevo espacio sonoro. Una de estas campanas podría ser una de las existentes en la Catedral de Valencia, dispuesta en unas vigas de madera justo enfrente de la puerta de la sacristía. Las campanas por tanto van a empezar a construir el espacio y el tiempo de esa nueva comunidad, de ese territorio que es la Valencia medieval.

El origen de las campanas es confuso, tal y como apunta Adela Mª Pellón, resulta difícil señalar con precisión el origen de las campanas ya que no hay constancia exacta de sus comienzos. Esta autora nos habla de las campanas en el Antiguo Testamento, pero la primera vez que estos instrumentos se conocen bajo el nombre de campana es en Italia en el siglo VI, en la región de Campania.

Existen leyendas y casos de vírgenes encontradas debajo de campanas enterradas en momentos anteriores a la conquista, que se fueron descubriendo durante ese periodo. La existencia de campanas de gran tamaño anteriores a la época árabe de la zona es de dudosa existencia ya que no es hasta el siglo XI que la tecnología se desarrolla y favorece la construcción de campanas de gran tamaño, al menos de un tamaño considerable como para “esconder” piezas escultóricas. (A. Martín y Llop 2007).

Por tanto consideraremos estas pequeñas campanas traídas durante la conquista como los primeros instrumentos con los que la sociedad valenciana medieval cuenta.

Tal y como avanzan los años, la catedral de Valencia se ve sumida en su construcción sobre los restos de la antigua mezquita mayor, consagrada a Santa María por el rey cristiano. En este edificio se construye una primera torre campanario, de un cierto estilo románico, ya que para la época de su construcción no se asemejaría a un fiel románico. Esta torre, de tamaño modesto, albergaba unas seis campanas. Pero tanto como la torre como las campanas no eran “dignas” de una ciudad como Valencia (A. Martín y Llop 2007).

Es por tanto en 1381 cuando se toma la decisión de construir una torre nueva, el Campanar Nou de la Catedral, conocido popularmente como El Micalet, que debe su nombre a la gran campana de las horas que cuelga en la espadaña. El poder civil de la ciudad y el eclesiástico se ponen de acuerdo para usar la misma torre, y así instalar el reloj municipal en esta torre de nueva construcción (A. Martín y Llop 2007). Cosa curiosa, ya que en Europa si que se construyen torres separadas. Avanzamos de este modo que en el caso de Valencia, como en la mayoría del territorio, los esfuerzos se aúnan para construir edificios de uso compartido.

Once campanas desde el primer momento de la construcción de la torre, que se alargó por motivos económicos en algún momento. De estas campanas, hay una, existente todavía, que proviene de aquella primera pequeña torre románica. Esta campana es la Caterina, fundida en 1305. Una verdadera joya conservada hasta nuestros días y que mantiene la misma voz, la misma música que en el siglo XIV. La campana más moderna, la Violant, ya es de 1735. Entre estas dos campanas están todas las demás, algunas refundidas en ocasiones. Este juego de campanas es uno de los más numerosos en cuanto a campanas de epigrafía gótica del estado español, entre ellas algunas ya de gran tamaño como pueden ser el Jaume (1429) o la campana mayor, la María (1544).

Estas campanas han marcado la vida social y han organizado el tiempo comunitario de la ciudad de Valencia desde que fueron fundidas. Sus sonidos son los mismos que antaño, pero la forma de hacerlas sonar ha ido modificándose con el paso de los siglos. Como luego describiremos, los primeros registros de toques nos muestran una forma de tocar providente del norte, de Cataluña. Esta forma no hacía voltear completamente las campanas, sino solo oscilarlas. Con la llegada del arzobispo San Juan de Ribera, las campanas empiezan a voltear completamente, tal y como lo hacían en el sur, lugar de procedencia de este arzobispo. La primera campana que voltea es la María de la catedral y el resto de torres toma este modelo. Así pues, cambia la técnica de hacerlas sonar y los toques evolucionan. En la actualidad se hacen sonar siguiendo la Consueta del siglo XVIII, adaptada a los tiempos que corren y las necesidades actuales.

Estas campanas construyeron y organizaron la vida de la ciudad medieval en adelante. Veremos ahora cómo iban construyendo y midiendo el paso del tiempo.

Los toques en la Consueta de la catedral de 1527

Una consueta, tal y como cita Llop i Álvaro a Serra y Tordera, analizando la Consueta de Xábea, es un libro o cuaderno de instrucciones, un manual de reglas o tradiciones que un regidor necesita para la puesta en escena de una obra teatral o litúrgica. En la transcripción de la Consueta de 1527 de la Catedral, realizada por Martí y Serra, se nos dice que esta consueta es tota mena de costums i observacions sobre les celebracions litúrgiques que s’hi feien, es decir, la escritura de los ceremoniales y protocolos que seguía la Catedral en cuanto a sus celebraciones litúrgicas. El toque de las campanas de la torre viene escrito con detalle, de cómo hacerlas sonar para cada tipo de toque, para toques de oración, de alarma, etc.

Como hemos señalado anteriormente, las campanas del Campanar Nou de la Catedral, tocaban distinto a como lo hacen en la actualidad, durante el paso de los siglos han ido modificándose las técnicas y las formas de hacerlas sonar. Así pues, del paso del campanario viejo al nuevo, se incrementó el número de campanas, de seis a once. Esto ya supondría un cambio interesante en cuanto a la cantidad y forma de los toques.

En 1527 la forma de hacer sonar los bronces catedralicios seguiría dos parámetros. El movimiento de las campanas en medias vueltas, sin llegar a voltear completamente, y el repique, el doble con los badajos que cuelgan en el interior de las campanas. Esta tradición fue heredada del norte, de donde provenían los conquistadores, pero también está presente en diversos puntos de la geografía española como eran Toledo, Salamanca, las Islas Baleares. En otros lugares del Mediterráneo, como Italia, también las campanas dan medias vueltas, y sobre todo en el mundo anglosajón, donde el Change Ringing impera y las campanas, sin contrapeso, se colocan boca arriba y giran en un sentido y otro sin dar vueltas completas, creando melodías.

En 1568, pocos años después de la datación de este manuscrito conservado en la Catedral, llegó a Valencia un nuevo arzobispo, San Juan de Ribera. En este momento evolucionan los toques de la Catedral y desencadenará el cambio en todo el territorio. Este nuevo arzobispo importa del sur una nueva técnica para tocar las campanas, el volteo tal y como hoy en día lo entendemos, esto es, dar vueltas continuadas y completas a las campanas. Además del volteo, las campanas siguieron repicando, moviendo los badajos. Las posibilidades rítmicas y creativas cambiaron. La primera campana que voltearía fue la María, la campana grande de la Catedral, la que mira hacía la antigua calle Zaragoza.

La interpretación de este texto, utilizando la transcripción realizada por Joaquim Martí Mestre y Xavier Serra Estellés, nos proporciona mucha información en cuanto a las formas y técnicas medievales de hacer sonar las campanas en Valencia. Pero también nos proporciona información interesante en cuanto a qué toques eran los que se hacían. Como venimos comentando anteriormente, las horas canónicas eran la base reguladora del tiempo de la iglesia en los monasterios y en las ciudades. Las campanas sonaban para avisar y acompañar estos momentos de oración que se tomaban como referencia temporal por la sociedad.

Si nos fijamos en el índice del segundo volumen de esta Consueta, podremos observar la cantidad de toques diferentes que se realizaban entonces. Destacamos aquellos que, por interés en este trabajo, tienen que ver con las horas canónicas. Tenemos los toques de matines (maitines), laudes, prima, vespres. En las descripción de los toques (un ejemplo lo ponemos más adelante, al hablar de la labor de recuperación) observamos el modo de hacerlas sonar, como bien indica el título del apartado correspondiente en la Consueta, L’Orde del tocar de les campanes, axí en domíniques com en qualsevol festivitat, per a vedar, alegries, al temporal, a l’arma, com qualsevol manera de tocar en tot l’any (Martí Mestre y Serra Estellés 2009).

Los toques nos describen qué campana va después de la otra y cómo se ha de hacer sonar. Vemos, tal y como comentábamos, la dualidad de forma de tocar, el doblar o repicar (posen lo gancho en lo b[a]tall y toquen [un]es XXXX batalladles, poch més o menys, ni massa [a·]spau ni massa prest; e a la darrera, tocaran unes huyt o deu batalladles, axí prestes, molt més que les altres) (Toquen la Maria a batalladles ab lo gancho prest, com qui dobla hun poch) y el lanzar a medio vuelo (E lo campaner y segon pugen lo Vicent fins a mija finestra […] Y dexen caure lo Vicent) (ço és, que aventen lo Manuel e paren-lo tres parades, aprés solten-lo). Las campanas en movimiento se balanceaban y se colocaban boca arriba con intervalos de tiempo.

En estas líneas también comprobamos las personas que entran en juego en estos toques de campanas. Sobretodo se hace referencia a lo campaner y lo segon, es decir, el primer campanero, pudiendo decir que es el titular, y el segundo, el ayudante principal. Además también se hace referencia a los escolans en diversos momentos, como ayudantes en las tareas del campanario.

En último lugar destacar de estos textos el carácter que tienen. Están escritos por la gente que interpretaba los mismos toques o que los conocía con detalle. La descripción de estos toques, el lenguaje empleado es uno que va a servir principalmente a aquellos que han de continuar con los toques, aquellos que pueden conocer ciertos elementos que se describen. Como por ejemplo el calculo de los tiempos de silencio o de duración de los toques. Encontramos referencias al computo del tiempo en horas (Cascun toch, axí de general com de quatre campanes, dura una hora, en la qual fan tres parades, y cadascuna parada dura una quarta, e lo intervall de una parada a l’altra, mija quarta; enaxí que les tres parades ab los dos intervalls dura una hora), referencias algo más confusas y ambiguas, dejadas un poco a la interpretación personal (altre poquet) (poch més o menys), y referencias a distancias o intervalos de tiempo que implican movimientos de un lugar a otro (tant c[o]m anar d’ací a la Carneceria Nova y tornar) (tant com staria algú en pujar y avallar lo campanar).

Son curiosas estas últimas referencias temporales que hacen alusión a movimientos de lugar, a espacios físicos contando el tiempo que se tarda. Sin ninguna duda podemos afirmar que se tratan de espacios que la gente que se dedica a los toques de las campanas conocen, igual que aquellos que escriben los procedimientos de los toques, es decir, las consuetas, las normas para los toques las saben interpretar fielmente aquellos que tocan las campanas, aquellos que están vinculados a la actividad y aquellos que la aprenderán.

El reloj de la “Casa de la Ciutat” de Valencia

Como apuntábamos en capítulos anteriores, la tecnología llega a la forma de medir el tiempo en forma de mecanismos que dividen la jornada en veinticuatro partes iguales de 60 minutos. Los relojes mecánicos llegan a las ciudades a partir del siglo XIV. Estas maquinarias separaran el tiempo religioso y lo convertirán en un tiempo civil, sobre todo por que se instalan en nuevas torres separadas de las iglesias por parte de los ayuntamientos.

Valencia será pionera en la instalación de un reloj público, hacia 1378. (A. Martín y Llop 2007). Este reloj, el primero de la península ibérica, dará ciertos problemas, como el retraso de hasta casi seis horas al día, tal y como también escribíamos varios párrafos antes. El reloj estaba colocado en la última pieza de la sala del Concejo (Floro 1990), esto es, en la “Casa de la Ciutat”, lo que hoy entenderíamos por el ayuntamiento. Este edificio estaba situado en lo que es hoy el Palau de la Generalitat, tanto es así, que la calle que caería enfrente del reloj todavía mantiene una huella, el Carrer del Rellotge Vell. Es por tanto este reloj un signo de prestigio, de poder municipal por poder costearlo (A. Martín y Llop 2007).

Añade Floro que ya que la campana del reloj estaba a poca altura, no se oía su sonido desde lejos. Recordemos además que la iluminación pública, y mucho menos la particular, era deficiente y cara, así pues, el uso que se pudiera obtener del reloj era bastante reducido, la vida comunitaria seguía organizándose a través de los toques de campanas litúrgicos que coincidían con los momentos de oración durante las horas de sol (A. Martín y Llop 2007).

Por estos factores y por el hecho de que en 1381 empezó la construcción del Campanar Nou de la Catedral, se fijaron las vistas en él. Contradiciendo mucha de la experiencia vista en Europa, en este caso se aunaron esfuerzos entre los diferentes poderes de la ciudad para fundir una gran campana de las horas y colocarla en la monumental torre que se estaba construyendo (Floro 1990). Este hecho no se corresponde con la tradición general europea, donde el poder civil construye su propia torre donde instalar su reloj, donde instalar su tiempo. En el caso que nos ocupa, Valencia, los poderes reúnen los esfuerzos y los distintos tiempos conviven en armonía facilitados desde la misma construcción, desde la misma torre.

Así transcribe Floro el acuerdo al que se llegó entre el Obispo y Cabildo, los jurados, obreros de murs y valls y el síndico procurador de la Universidad.

Capitols fets e concordáis entre lo molt reverent Senyor lo senyor Bísbe de Valencia e lo honorable capiiol de la sen e los honorables jarais, racional, obrers de Murs e de Valls e lo sindich de la ciutat de Valencia sobre lo relotge lo qual se dea fer en la dita ciutat per sonar les hores del dia e de la nit, los quals son segons ques seguixen: —Primerament que de continent sia fet un gran seny lo qual sia mes en la sumitat del campanar nou de la dita seu quant sera acabat e ara de present sia posat en lo dit campanar en lo sastre que hui es pus alt en un bastiment de fusta en manera que no empaig la obra fahedora en lo dit campanar e ago se faga en aquella millor e pus profitosa manera que fer se puxa a coneguda deis dits obrers a consell del Mestre de la obra de la dita sea;—ítem que les coses en lo precedent capítol contengudes se fagen es paguen de la pecunia de les obres de Murs e de Valls e que de continent se meta ma e sien hauts diners de la dita obra si ni fia sino que de continent ne sia carregat gensal sobre la obra de Murs e de Valls tant que lo preu baste a fer e executar les coses en lo precedent capítol contengudes;—ítem que lo dit seny e altres coses en desús dites sien fetes fer per los obrers de Murs e de Valls;— ítem que de la pecunia de Murs e de Valls de la dita ciutat sien donats e pagáis pera la obra del dit campanar mil florins, los quals sien liurats al obrer e administrador de les pecunies de la dita sea pera convertir aquells en obra del dit campanar en tres pagues eguals go es trescens trenta tres florins tres sous huit en lo primer día de Marg del any mil quatrecens denau e altres trecens trenta tres florins tres sous huit lo primer día de Marg del any mil quatrecens vint e altres trecens trenta tres florins tres sous huit lo primer día de Marg del any mil quatrecents vint e hu;—Item que les hores del día e de la nit sien sonades per dues persones idonees de dotce en dotce hores comengant sonar a míg día e a miga nit;—ítem que go que costaran de salari les dites dues persones paguen de les altres pecunies de la dita ciutat e no de les pecunies de obres de Murs e de Valls;—ítem que les dites hores sien sonades, están les dites dues persones fora de dit campanar en una casa de la obra de dit campanar; — ítem que lo patí pera casa hon han e deuran estar los homens quí sonaran les dites hores sia donal per los dits senyors bisbe e capítol, e la obra de Mars e de Valls haja obrar la dita casa condescent lion los dits fiomens se colloquen e haja pagar los artificis e materials necesaris a sonar les dites hores e ago a coneguda deis dits obrers e los dits homens hi sien mesos per los Jurats de la dita ciutat la qual ciutat haja pagar lar salari anual;— ítem que tro lo dit seny sia fet que tantost se toquen les dites hores ab lo hu deis senys majors qui hui son en la dita sea e que sien sonades per los scolans de la dita seu pagantlos de lurs treballs los jurats de la dita ciutat de les pecunies de la dita ciutat;— ítem que lo dit seny quant sera fet no serveixca ne haja servir a altres coses sino a sonar les dites hores.

La idea sigue siendo la de la importancia de Valencia, de la ciudad, demostrar el poder de la ciudad con una campana que se oyese el toque de las horas dentro de la ciudad sino también desde los arrabales.

A la campana que se construyó se le puso por nombre Miguel, siendo bendecida el día de San Miguel. Esta campana fue sucedida por alguna otra más por romperse. Apunta Lázaro Floro que la campana fue construida antes que el reloj, por lo cual dos hombres la tocaban cada hora. El reloj que se realizó también fue sustituido por algún otro dados los nuevos avances que se consiguieron en las maquinarias.

En la actualidad conservamos la última campana, fundida en 1532 por Luis Trilles, a la cual le faltan las asas por habérsele roto en 1623. Hasta este momento la campana colgaba de chapiteles de madera, no es hasta el siglo XVIII que se construyó la actual espadaña renacentista que no concuerda con el estilo gótico catalán del campanario. La última maquinaria de relojería de la catedral permaneció hasta los años 60, momento en el que seguramente sería vendida como chatarra. Los toques de las horas son gestionados en este momento por un ordenador, manteniendo los sistemas de toque con mazas por gravedad en la campana de las horas, nuestro querido Micalet.

La recuperación de un toque medieval de la catedral de Valencia

El 30 de Noviembre de 2012 aconteció en la Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María de la Asunción de Valencia la recuperación de un toque medieval perteneciente a la consueta anteriormente expuesta, del siglo XVI. Se trató del Toque a Maitines. El motivo por el cual se realizó este toque fue la celebración del Cant de la Sibil·la Valenciana. Tal y como se describe por el servicio de prensa del arzobispado, el Cant de la Sibil·la es un drama paralitúrgico que hasta el siglo XVI se escenificaba la noche de Navidad en diferentes catedrales de España, especialmente en las pertenecientes a la antigua Corona de Aragón. Por tanto se creyó conveniente el estudio de uno de los toques realizados a media noche, para una de las horas canónicas como son el rezo de Maitines, hora aproximada de realización de este canto en la Nochebuena. El toque no coincidió con las doce de la noche, como era lo corriente en la época medieval, pero se eligió este toque por ir en consonancia con el canto celebrado en el interior del templo.

Este toque medieval, recogido en la consueta de 1527, consta de la siguiente descripción:

Al primer toch, campaner y segon aventen lo squellot fins tant que aqueden ab la campaneta del sembori los capellans que vénen a matines. Y ans de tot, en acabar de tocar XII hores, lo escolà del altar fa senyal ab la dita campaneta del sembori, a may parar, fins tan que responen al campaner ab lo Esquellot, lo qual toquen per parades, fins qu·els aqueden ab la dita campaneta, com dit és; y sellavors, dexen-lo caure. Aprés de una bona estona, tant corn staria algú en pujar y avallar lo campanar, fan lo segon toch, ço és, que lo campaner y segon tiren lo Vicent hun poch, y aprés paren lo Vicent; e lo segon aventa la Chica y dobla la Despertada; e quant la Chica és alta, lo campaner dexa caure lo Vicent y dobla ab lo Manuel; y a la fi lo segon dexa caure la Chica doblant ab la Despertada. Y axí acaben de tocar a matines.

Primero analizamos en las formas de tocar (aventen, dexa caure, doblant), y comprobamos que la tradición no es todavía la del volteo de las campanas, sino de los movimientos oscilantes, parando las campanas boca arriba, como anteriormente se ha descrito que se venía realizando en Cataluña, las Islas Baleares, Toledo y en parte del Mediterráneo.

Analizando otras partes del texto, observamos expresiones temporales que no marcan minutos ni otra medida más que el tiempo en que se tarda en subir y bajar la torre por su escalera de caracol. Como ya hemos anotado anteriormente, estas directrices en cuanto a la secuenciación de los toques está descrita por aquellos que realizaban los toques y dirigida a aquellos que deberían seguir ejecutándolos. Cada pauta está descrita en el sentido de ser sencilla y útil para las personas encargadas de hacer sonar las campanas. Leemos la frase una bona estona, tant corn staria algú en pujar y avallar lo campanar. En este caso se nos está aclarando el tiempo, más o menos exacto en el que las campanas han de guardar un silencio.

Todas estas interpretaciones se tuvieron en cuenta el día en que el toque se volvió a realizar, el 30 de noviembre de 2012. Los campaneros fueron instruidos en cómo habían de hacer sonar las campanas (es decir, las oscilaciones y los repiques), así como los tiempos en los que tenían que tocar, parar y volver a tocar. El computo del tiempo en el intervalo de no tocar también se materializó tal y como indica la consueta, con el espacio de tiempo que se tarda en subir y bajar, aunque en este caso en el sentido inverso, por encontrarse todos los campaneros en la sala de campanas. Con este mismo trabajo sobre los toques medievales de la catedral se adjunta un documento audiovisual donde se recoge el sonido y los movimientos de los campaneros, observados por público que permanece junto a los campaneros mientras estos ejecutan los toques.

Los campaneros actuales del Micalet

Nuevos aires llegaron a la catedral de Valencia en 1988, para la fiesta del Corpus. Un grupo de voluntarios, algunos de ellos que seguían tocando desde hacía años en el Colegio del Corpus Christi conocido como El Patriarca, volvieron a poner en marcha las campanas del Micalet, volviendo en alguna ocasión más durante ese año. En enero de 1989, el día de San Vicente Mártir era fundado el Gremi de Campaners Valencians. A partir de este momento estos campaneros voluntarios se encargarían de los toques para las fiestas, solemnidades, volteos y repiques del calendario litúrgico, así como para ocasiones extraordinarias.

Y decimos nuevos aires porque fue una nueva forma de entender las funciones de los campaneros. Hasta el momento los campaneros habían sido personal remunerado, hasta la desgraciada electrificación de campanas que empezó en los años sesenta. Estos nuevos campaneros entran en la torre de la catedral con una nueva mirada hacia los toques de campanas. Al igual que muchos de los campaneros tradicionales de la ciudad, son “aficionados” a tocar las campanas, con la diferencia de que no cobrarán por ello, puesto que son voluntarios comprometidos con el mantenimiento de estos sonidos tan especiales. En su libro titulado L’Afició a les Campanes (2003), Llop describe esta afición con unas pocas palabras: L’afició era la motivació suficient que congregava entorn de les campanes gent molt diversa. Es decir, era un oficio remunerado, pero que muchas de las personas que se dedicaban a él lo hacían por afición, por gusto. Esta característica es la que se mantiene con los campaneros actuales, un grupo de gente de diversas edades, estudiantes y empleados que están unidos por el interés y la afición a tocar las campanas. Es pues este un modelo interesante en cuanto a recuperación de patrimonio y su conservación, difusión y proyección.

Importancia patrimonial de la recuperación de los toques de campanas

Este grupo de campaneros, refundado bajo el nombre de Campaners de la Catedral de València, realiza las labores de gestión cultural del patrimonio cultural campanero de esta torre y de aquellas donde se requiere de su colaboración. Labores de documentación, investigación, digitalización, difusión y conservación de la rica cultura campanera de este territorio, además de tocar las campanas acorde con la tradición local. Esta es parte de la descripción que encontramos en la página web de los propios campaneros, una de las más completas sobre el tema en España y Europa:

Els CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALÈNCIA és una associació cultural que s'encarrega del toc de les campanes de la Catedral de València durant totes les festivitats de l'any, i forma part del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS, associació cultural, fundada en 1989, i refundada en 2012 dedicada a recuperar la tradició de tocar les campanes manualment. […] A banda de l'activitat sonora, els associats es dediquen a l'estudi, la investigació, la conservació i el seguiment de les restauracions. Es tracta de conéixer, utilitzar, conservar i difondre les peculiars característiques d'un instrument musical destinat a usos comunitaris. No oblidem que les campanes, ben conservades, sonen igual al llarg dels segles i són, per tant, la més antiga música viva, la més alta i sonora vida comunitària. […]

Podemos entonces señalar la importancia de este grupo de campaneros en cuanto a la gestión de la recuperación de este patrimonio inmaterial de la ciudad de Valencia. Una asociación cultural sin ánimo de lucro que se dedica, por iniciativa propia, a la gestión y conservación de este elemento patrimonial. El resultado de esta precisa, objetiva y necesaria gestión ha sido la incoación del expediente por parte del Consell que declarará el toque manual de las campanas de la Catedral de Valencia, la torre del Fadrí de Castellón, la catedral de Segorbe y la torre de Albaida, Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial (DOCV 10-12-2012) (BOE 03-01-2013), recibiendo de esta forma la más alta protección a nivel patrimonial y que aporta relevancia a esta actividad a nivel social y cultural.

Conclusiones

Hemos hecho un recorrido por la forma de medición del tiempo en la edad medieval. Y de la mano de diversos autores hemos podido observar la evolución que ha tenido la medición del tiempo en la sociedad de la Europa medieval. Desde el calculo basándose en las características de la naturaleza, los ciclos del sol y la luna, pasando por las horas canónicas que se hacían saber con el toque de campanas en los monasterios y en las ciudades, hasta el control del tiempo de trabajo por campanas comunales finalizando en la invención y difusión del reloj mecánico.

En el caso de Valencia hemos visto como evoluciona el conjunto de campanas, la torre y la forma de hacerlas sonar. Así como las viejas reglas que seguían los campaneros para los diferentes toques que los días requerían. Normas medievales que evolucionaron hasta lo que hoy conocemos.

Pero la reflexión sobre el tiempo la podemos concluir con el hecho de que todo lo estudiado sobre la influencia de la iglesia en la sociedad europea y la rotura que se produce con el tiempo de los mercaderes y después con el tiempo de los relojes, no es del todo correlativo al caso valenciano. En Valencia no se construye una torre separada, para identificar el tiempo civil, sino que se aprovecha la misma construcción. Y sobre todo, y volviendo a citar a Llop en su artículo sobre Las campanas y las horas (1987), damos con una pista que nos conduce a pensar que la sociedad valenciana no deja de organizarse y regirse alrededor de los toques litúrgicos de la catedral y de las parroquias, ya que los pueblos, villas y ciudades (de Valencia y de Aragón) marcharían con cinco o seis siglos de retraso respecto a esa Europa central. El cambio total a ese tiempo lineal que viene definido finalmente por los relojes mecánicos, parece haber ocurrido en nuestros días.

Así podemos concluir que ese tiempo organizado alrededor de las campanas no fue tan separado de la vida cotidiana hasta hace bien poco, todo un tema interesante para seguir estudiando e interpretando.

Bibliografía

Libros

Artículos

Web

MARTÍNEZ ROIG, Eliseo
Universitat de València - Facultat de Geografia e Història (15-02-2013)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • MARTÍNEZ ROIG, ELISEO (PAIPORTA) : Toques y otras actividades
  • Tesis y otros trabajos académicos: Bibliografía

     

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    : 18-10-2017
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