SAAVEDRA, A. - Peque «echa enero fuera» con el repique de campanas

Peque «echa enero fuera» con el repique de campanas

Escolares y mayores avivan una tradición que estimula la regeneración

Varias mujeres tocan las campanas en la torre de la iglesia de Peque - Autor: SAAVEDRA, A.
Varias mujeres tocan las campanas en la torre de la iglesia de Peque - Autor: SAAVEDRA, A.

Los vecinos de Peque festejaron el pasado día 31 el fin del primer mes del año, el más duro, rememorando la tradición conocida como «echar enero fuera». Mayores y niños vieron alejarse a golpe de campana el mes de enero, tradición que se ha trasmitido a lo largo de las generaciones y que no se ha perdido pese al paso del tiempo. Los artífices en esta ocasión de rememorar la festividad popular han sido Enrique Ferrero -el campanero octogenario y maestro del oficio para los más pequeños-, Sabino Otero, Simón Mateos, Julio Prieto, Sonia Ferrero, Consolación Lobato, Patricia Calvo y María Isabel Prieto.

Todo estaba listo para el ritual: la campana en su sitio, los vecinos atentos al poder de los badajos y el campanero a la espera de que los niños salieran del colegio y se entregaran al repique en el campanario. Cuando el pueblo de Peque tenía escuela y muchos niños, los chavales mayores aguardaban con impaciencia las últimas horas de la tarde para dar el carpetazo a los pizarros y a las enciclopedias. La puesta de sol era el indicador de que enero trasponía por el Puente Tirico y por el Castro de Otero de Centenos, aunque una mitad pertenece a Otero y la otra mitad a Peque.

En Peque residen actualmente 11 niños y adolescentes, que cursan sus estudios en el CEIP Tera de Camarzana y en el IES Los Valles, también de Camarzana, por eso hubo que esperar al final de la jornada escolar y el regreso del autocar al pueblo para proceder a la despedida de enero. Durante casi dos horas niños y mayores se turnaron para alegrar con el sonido los ámbitos de Peque y evocar dichos como «alforjas para el mes de enero» y, al tiempo, anunciar que llegan San Blas y San Blasico. Andrés Peña relata, en el corrillo organizado a la puerta del bar, que esa tarde del 31 era un momento idóneo para avivar la imaginación de los niños, que efectivamente «sentían y veían» despedirse enero. Los mayores de antaño, cuando había más niños en el pueblo, eran más que espectadores y se sumaban activamente a la tradición. Los más ancianos defienden que no se pierda esta costumbre, que echa la mitad del invierno fuera. Una expulsión «que yo conozco de toda la vida», afirma María Isabel, al lado de su hija. Subir y bajar al campanario y turnarse a la hora de tañir el badajo es momento para las risas.

A Patricia Calvo, la más pequeña de este grupo, le hizo mucha ilusión subir a la torre acompañada de los mayores. Con cuatro o cinco años ya subía el día 31 a echar el mes de enero del pueblo, con su madre María Isabel, que subraya que este día es especial para los mayores y «les hace mucha ilusión que subamos a tocar la campana». Patricia dice que «ya sé tocar la campana», aunquedebido a la faena «me duelen un poco los dedos». Ha subido con Sonia, Consolación y su madre. El oficio de campanero en Peque puede ser que no pierda el relevo.

El único momento en que hacen un alto al repique es para asistir a la misa, que da comienzo sobre las siete de la tarde. Y enero traspuso una vez más, llegado el 31, con el soniquete del gran repique.

SAAVEDRA, A.

La Opinión de Zamora (02-02-2013)

  • PEQUE: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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