CASQUERO, Miguel Ángel - El sonoro regalo de Rosinos

El sonoro regalo de Rosinos

Tres campanas de bronce donadas por un religioso del valle son instaladas en los vanos de la torre del templo mariano de la localidad de Vidriales

Las tres campanas donadas a su llegada al santuario de Rosinos de Vidriales. - Autor: CASQUERO, Miguel Ángel
Las tres campanas donadas a su llegada al santuario de Rosinos de Vidriales. - Autor: CASQUERO, Miguel Ángel

El santuario de la Virgen del Campo en Rosinos de Vidriales tiene desde ayer campanas. No dos como hasta ahora, sino tres. Una de ellas de estreno, la mediana, y las otras dos, la pequeña refundida y la grande pulida. La casa palentina de fundiciones, «Quintana», instalaba ayer las tres campanas sobre los vanos de la torre cuadrangular del templo mariano construido en el año 1750. La donación de un religioso hijo del Valle, Álvaro Huerga, residente en Puerto Rico y que estudió en su niñez en la desaparecida preceptoría contigua al santuario, ha procurado que desde mañana, el cielo de Vidriales se llene de tañidos procedentes del edificio mariano coincidiendo con la celebración de la Primera Comunión de 11 niños de las parroquias vidrialesas.

La llegada de las tres campanas a los pies de la torre del santuario, ya logró, en la mañana de ayer, una cierta expectación. Son muchas las vivencias que concita este edificio aglutinador de las mayores concentraciones de vecinos de Vidriales.

El primer ascenso hasta la torre le tocó el turno a la campana más pequeña, la que tuvo que refundirse en los talleres palentinos de la villa de Saldaña. Precisamente uno de los familiares de la saga Quintana, cuya factoría se remonta al año 1637, Ignacio Quintana, se encargaba de supervisar los trabajos de instalación junto a otros dos operarios de la casa. Los 234 kilogramos de peso y 84 centímetros de diámetro del bronce sujeto al yugo de la dura madera de Costa de Marfil, el tronco de elondo o talí, «que también tiene su peso», advierte uno de los operarios, se colocan en el vano norte de la torre. El siguiente turno de subida a la torre le toca a la campana grande, cuyo ascenso se paraliza momentáneamente junto al segundo cuerpo de la torre donde se halla inserta sobre el paramento vertical de la cara sur una placa pétrea de un reloj de sol como si los dos instrumentos quisieran jugar marcando el tiempo, el convocado a través de los tañidos y el reflejado por los rayos del astro sol.

La gran campana de 457 kilogramos y 1,07 metros de diámetro tuvo que llevarse a los talleres de fundición para su limpieza y pulido. Unos trabajos realizados aplicando chorro de micro esfera de vidrio y posteriormente un baño para evitar la oxidación prematura. El proceso consiste en «aplicar un protector de metales», apunta Ignacio Quintana. Esta campana tenía originalmente un yugo de construcción metálico de cuerpo de fundición y se le ha aplicado al igual que al resto de las instaladas, un yugo de madera. La campana grande fabricada en la casa salmantina Cabrillo, era instalada ayer, tras su limpieza y pulido en la casa Quintana de Saldaña, en el vano central de la torre en lugar del vano sur que había ocupado desde su original instalación. Con la cruz en el exterior como mandan los cánones de los campaneros, «para ahuyentar las tormentas» y la leyenda en su cintura: «Rosinos de Vidriales. Año 20011». Coronando la cintura, reza la inscripción: «Siendo capellán don Pedro Ferrero y alcalde don Cirilo Delgado. Año 1976». El año en que fue refundida la única campana del santuario que llegaba a voltearse. Ahora las tres, permiten su volteo, precisamente al yugo y engranaje instalado.

Un receso en los trabajos, ya sobrepasado el Ángelus, venía a colocar sobre el vano sur a la campana mediana, la de estreno ya que se trata de un nuevo instrumento sonoro de 92 centímetros de diámetro y 274 kilogramos de metal.

Las tareas se completarían con la instalación en cada una de las tres campanas de sus correspondientes badajos unidos a las campanas. El pilón es metálico de hierro dulce y la caña de poliamida. «Se coloca poliamida para evitar la rotura de la caña del badajo», explica Ignacio Quintana satisfecho con los trabajos de instalación.

Ahora, solo falta comprobar el sonido del metal. Los rayos de sol del mediodía sacaban lustre a estas tintinábulas, testigos mudos de una necrópolis y restos de unos campamentos militares romanos. La torre del santuario de la Virgen del Campo en Rosinos de Vidriales estrenará, después de tres siglos, el volteo de tres campanas convocando a los vecinos del Valle.

CASQUERO, Miguel Ángel

La Opinión de Zamora (19-05-2012)

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