SANTOS, Desiree - Con permiso de las cigüeñas

Con permiso de las cigüeñas

La torre de la Catedral Magistral vuelve a estar abierta al público. Nos subimos al cielo de la ciudad complutense con sus primeros visitantes

Autor: ESPÍNOLA, Iván
Autor: ESPÍNOLA, Iván

Últimos escalones. 163, 164 y... ¡165! “Ya estamos arriba Javi. Mira, si se ve nuestra casa”, le decía ayer Jesús, su hermano. Alcalá estaba a sus pies. A un lado, la Huerta del Obispo y el Palacio Arzobispal. Al frente, la cúpula de la Iglesia de Juanas, la torre de Santa María, la calle Mayor, la Cisneriana... A sus espaldas, Puerta de Madrid, Torre Garena, las torres de Chamartín o el Pirulí. “Es una pasada”, decía Miguel sin dejar de mirar a un lado y otro.

Los tres hermanos García, de 18, 15 y 10 años, estaban en las nubes, literalmente hablando. Como si de cigüeñas se tratasen, anidaron por unos minutos en lo más alto de la torre de la Catedral Magistral para disfrutar, a vista de pájaro, de la ciudad complutense. Ellos fueron unos de los primeros visitantes en subir a esta torre que podrá visitarse “hasta las próximas Navidades”, tal y como asegura el párroco del templo, Juan Miguel Prim.

Después de que el pasado mes de diciembre la torre se presentara al público durante unos días tras su rehabilitación, ahora vuelve a abrir sus puertas para convertirse en el mirador más alto del que alcalaínos y turistas pueden disfrutar en el Centro de la ciudad.

A las 11.45 horas, Miguel, Jesús y Javier esperaban dentro de la Catedral junto a una de las capillas a que comenzara la visita. “Nos hemos enterado por la página web de Diario de Alcalá de que volvían a abrir la torre y, como nos quedamos con las ganas la otra vez, hemos venido aprovechando que estamos de vacaciones”, explica el mayor de los hermanos, de 17 años, quien siempre quiso visitar la torre.

“Pensé que para un mirador que podía tener la ciudad era una pena que no se pudiera subir a él. Ahora ya sí y por eso no he querido perdérmelo”, explica.

Por delante, le quedaban entonces más de 160 escalones para poder tocar el cielo. Los 63 primeros los subieron, –al igual que lo hará usted si visita esta torre–, por la primera joya que esconde la estructura.

“Estamos en la escalera helicoidal creada por Rodrigo Gil de Hontañón en 1528. La misma se alza sobre un eje imaginario y sus peldaños, de una sola pieza, están perfectamente encastrados”, explicó Juan Lledó, el guía, una vez ascendido el primer tramo. “Si miráis ahora desde arriba de la escalera se ve muy bien ese eje imaginario. Si hacéis una foto, veréis que se parece al fósil de un nautilus, un caracol prehistórico”, matiza.

Y es cierto. De hecho, esta curiosa visión de la creación de Hontañón desde su punto más alto, es la imagen que ilustra las entradas de visita a la torre, a 2,5 euros cada una.

La escalera helicoidal va a dar a la primera de las paradas de esta visita turística: una pequeña sala situada a 11 metros de altura que próximamente albergará un museo sobre la evolución de la Catedral Magistral y la historia de la ciudad.

“Esta torre marca el lugar donde fueron martirizados, por orden del pretor Daciano, Justo y Pastor. El culto a los Santos Niños es el germen que dio lugar a una nueva Alcalá que ha llegado hasta nuestros días. Al principio aquí había una ermita que levantó el obispo Asturio a principios del siglo V. Habrá que esperar hasta 1477 para que se convierta en colegiata y en 1519 adquiere el título de Magistral de manos de Cisneros”, narra Juan. “¿Y por qué lo de Magistral?”, pregunta interesado Miguel. “Porque los canónigos de aquí debían ser maestros de la universidad, magister. Sólo hay dos templos en el mundo con dicho título: éste y la iglesia de San Pedro de Lovaina en Bélgica”, responde el guía.

Un nuevo tramo de escalera, en este caso de más de una treintena peldaños, lleva a la siguiente planta de la torre. La estancia, a 19 metros de altura, y todavía vacía, está previsto que albergue en su momento el segundo de los museos del complejo. Las cigüeñas y las campanas, residentes por excelencia de esta torre, serán posiblemente las protagonistas de esta muestra.

A 34 metros de altura

En el tercer piso, a 24 metros de altura, puede ver a dichas inquilinas in situ. Tras un nuevo tramo de escaleras, aparecen ante los visitantes las ocho campanas que marcan el paso del tiempo a diario. Cada una tiene su nombre: San Justo, San Pastor, Santa María... Ésta última es la más grande y pesa más de 1.500 kilos.

Llegó el momento de subir a lo más alto de la torre. En este caso es una escalera de madera la que lleva a los visitantes al cuarto piso de la torre, donde se encuentra el carrillón de Nuestra Señora del Rosario, compuesto por 15 campanas de entre 26 y los 56 kilos. “Ahora mismo estamos en el mirador más alto del Centro de la ciudad. Nos encontramos a 34 metros aunque la altura total de la torre, hasta la punta de su cruz, es de 62,05 metros”, añade Juan.

Las dimensiones de la estructura de piedra, unido al despejado cielo que luce la ciudad, hacen que las vistas no puedan ser mejores en estos días de verano. Desde ella puede ver a la perfección la calle Mayor con todas sus cúpulas, la Torre de Santa María, la Universidad Cisneriana, la cúpula de las Juanas, la Huerta del Obispo, Torre Garena, la sierra madrileña, los torres de Chamartín y hasta el Pirulí.

“¿Y estas letras que hay en las paredes de la torre?”, pregunta Javier Sánchez, un fotógrafo profesional que no ha querido perder la oportunidad de unirse a la visita. “Son las inscripciones que hacían los canteros para marcar las piedras que habían transportado y cobrar por ellas”, explica Juan.

Miguel, Jesús y Javier no dejan de hacer fotos. “Las vistas son geniales. Ha merecido la pena subir tantos escalones. ¡No era para tanto!”, dice entre risas el mayor de los hermanos García.

SANTOS, Desiree
Diario de Alcalá (19-07-2011)
  • ALCALÁ DE HENARES: Campanas, campaneros y toques
  • Visitas a campanarios: Bibliografía

     

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