MACARIOAPARICIO - El día de todos los difuntos

El día de todos los difuntos

El día 1 de Noviembre, día de todos los Difuntos, era un día triste. Estaban tristes el aire y los campos. Estaba triste el pueblo con sus calles y casas. Y estaban tristes las personas, porque para eso era el día de Todos los Difuntos, y allí no había nadie que no tuviera difuntos que recordar y encomendar.

Ese día una parte del protagonismo se lo llevaban las campanas. Eran ellas con sus fuertes y armoniosos sonidos quienes daban el ambiente. La composición que desarrollaban, pues no eran sonidos inconexos lo que tocaban, estaba formada por dos partes: unos golpes de badajo fuertes y secos y un repiqueteo. Los golpes de badajo eran realmente duros y cortados, pues los expertos intérpretes no dejaban vibrar el metal de la campana. Y el repiqueteo era una melodía compuesta de seis u ocho golpes de diferente tono y sonoridad, combinados de tal manera que resultaba agradable su audición. No se conoce el autor de esta composición, pero merecería conocerse, pues demostraba una extraordinaria sensibilidad para recoger el sentimiento del día que se estaba celebrando. Y también un buen conocimiento de las características de nuestras campanas, obra, como nos ha ilustrado Rubén en esta misma pág. Web, del afamado taller de D.José Cabrillo Mayor en Salamanca.

Los participantes de esta ceremonia del toque de campanas eran los mozos del pueblo, todos o los veteranos, eso no lo sé. Pero me imagino que sería un privilegio que se reservarían para sí los mozos de mayor dignidad y gobierno. Como también me imagino que en el trastero o en la sacristía tendrían una nutrida pitanza regada con buen vino, para desafiar al frío y a la noche, pues la tarea del toque de campanas tenía que hacerse durante toda la noche y desde el campanario, casi a la intemperie.

Y finalmente, los protagonistas verdaderos de la celebración eran los vecinos, que compungidos recordaban a sus difuntos que eran numerosos y de todas las edades. Entonces los pueblos estaban formados de grandes familias afincadas en el lugar desde muy antiguo, por lo que entre los muros del cementerio local tenían enterrados a todos los ascendientes, y también descendientes, pues no faltaban los hijos muertos de niños o adolescentes, a causa principalmente de las circunstancias socio-económicas del país, de todos conocidas.

Por tanto, eran muchos los recuerdos que encogían el corazón de la gente, a quienes querían encomendar a Dios en las tres Misas que ese día celebraba el sacerdote y en el responso solemne en el cementerio. Se advertía, sin embargo, en medio de tanta pena, una serena resignación que brotaba de su fe y confianza en Dios, un sentimiento que les acompañaba en todos los acontecimientos importantes de la vida, y de una manera especial en el de la muerte.

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Fuentes de los Oteros - Grande por tradición (04-06-2010)

  • PAJARES DE LOS OTEROS: Campanas, campaneros y toques
  • CABRILLO MAYOR, JOSÉ (SALAMANCA): Inventario de campanas
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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