CID CEBRIÁN, José Ramón - Tierra, Carnaval y Toros

Tierra, Carnaval y Toros

Antaño, a los niños de ambientes rurales de los campos de Ciudad Rodrigo, se les metía miedo con la grulla, que en sus periodos migratorios, con la llegada del invierno, se establecía temporalmente en los encinares y robledales en busca de la bellota. La grulla era un ave forastera y misteriosa, apenas se dejaba ver, pero en las largas noches del invierno, rompía el silencio con unos sobrecogedores gritos que producían el espanto de niños y personas que no fueran conocedores de la vida campesina. La gente del terruño denominaba “gurullar” a sus espeluznantes alaridos; también, por su parecido, se designaba así a los chillidos de la lechuza, el cárabo y el búho, los otros pájaros de la noche, mágicos y misteriosos.

Cuenta la leyenda tradicional que aquellos impresionantes gritos de la noche con frecuencia provenían de lamentos de la propia tierra, que llamaba a los hijos oriundos que se fueron y de ahí viene nuestro refrán popular: La Tierra gurulla, aunque no tenga plumas.

La Tierra de Ciudad Rodrigo, poco poblada, apartada y pobre, a lo largo de la historia, ha sido cruelmente golpeada por continuas guerras, saqueos, asedios y despoblaciones. En tiempos más modernos cuando ya no había guerras, fue sacudida, como siempre, con más hambre, con más necesidad y muchos de sus hijos se vieron forzados a realizar una emigración masiva a otras zonas más prósperas de España y del extranjero. Pero, qué atractivo tendrá esta maldita y bendita tierra que a muchos de sus hijos los atrae como si fuera un imán, incluso bastantes de los que emigraban volvían cuando venían a mejor fortuna, a invertir sus ahorros en la construcción o compra de una casa en el lugar donde se criaron.

En esta vieja tierra cuando llegó el cristianismo algunas fiestas paganas se adaptaron a la Iglesia; por ello, todas ellas tienen un santo como patrón. Pero hay uno tremendamente peculiar: es el único que no se encuentra dentro de las iglesias, San Antruejo. Ya lo indicaba Juan del Encina en el siglo XV:

Hoy comamos y bebamos,

y cantemos y holguemos,

que mañana ayunaremos.

Por honra de San Antruejo

Parémonos hoy bien anchos.

Embutamos estos panchos,

Recalquemos el pellejo;

Que es costumbre de concejo

Que todos hoy nos hartemos,

Que mañana ayunaremos.

Honremos a tan buen santo

Porque el hambre nos acorra;

Comamos a calca porra,

Que mañana hay gran quebranto.

Antruejo viene del latín introito que significa entrada, en este caso a la Cuaresma, por ello es sinónimo de carnaval. Nuestros mayores también usaban esta palabra para referirse a disfraz de carnaval: va vestido de antruejo. O alguien mal vestido: Parece un antruejo, o es un antruejo.

El Imperio Romano expandió por Europa el antruejo o carnaval, cuyo origen se remonta a la celebración de las fiestas que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del toro Apis en Egipto.

El carnaval está asociado principalmente con el catolicismo. Nebrija, en 1495, lo define ‘Carnaval o carnes tollendas: carnis priuium’ ‘privación de la carne’. Proviene del antiguo carne levare ‘quitar la carne’ porque después del Carnaval la Iglesia inicia el período de Cuaresma, cuarenta días durante los cuales no se come carne.

El carnaval, antruejo, o San Antruejo, es una fiesta de inversión social, todo se trasforma, la gente se disfraza y los pobres se sienten ricos, estaba muy arraigada por toda la Tierra de Ciudad Rodrigo y en los últimos años solamente se ha mantenido en la ciudad.

EL RELOJ SUELTO Y LA CAMPANA GORDA

El itinerario del carnaval de Ciudad Rodrigo está marcado a ritmo de campana, ese instrumento musical colocado en la torre que fue adaptado por la Iglesia Católica para convocar a los fieles, también ubicado en los consistorios, se utilizaba con fines civiles, como anunciar las horas conectado al reloj y avisar a la población con los toques de arrebato en las guerras, fiestas o catástrofes.

En nuestro antruejo poseemos las dos campanas. “El reloj suelto”, con su ronco y característico don… don…, está retumbando en nuestra cabeza durante todo el carnaval y los días posteriores en el subconsciente; y la canción popular de “La Campana Gorda”, que viene a ser el himno del carnaval.

Hasta no hace muchos años hemos conocido el toque del “reloj suelto” para avisar a la población de un fuego o catástrofe: Una campanada si se producía en la Plaza Mayor, dos en la parroquia de Cerralbo, tres en San Pedro, cuatro en San Andrés, cinco en San Cristóbal, seis en el Puente y siete si el siniestro pertenecía a los campos del término. En la fiesta, se sigue tocando cuando el santo patrón San Sebastián entra en procesión en la Plaza Mayor, y en el carnaval con la llegada del encierro y salida del desencierro.

El tocar el “reloj suelto” viene de antiguo, preparando los festejos para celebrar el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, ya figura en el Libro de acuerdos de 1629 en el Archivo Histórico Municipal de Ciudad Rodrigo: “Se toque la campana del reloj de la Ciudad suelto ambas noches”. El dato se lo debemos a Juan Tomás Muñoz Garzón.

También está muy inmerso en la vida cotidiana y popular de Miróbriga; en cierta ocasión un farinato le dijo a otro:

-Hola Chago.

Y este le respondio:

-Como que Chago, yo soy don Santiago. Don, porque tengo el título de bachillerato elemental; don, porque tengo el título de bachillerato superior; don, por la oposición de funcionario de telégrafos; don, por la oposición de funcionario de la administración local.

El otro interlocutor sentenció:

-Bueno, bueno, con tanto don, don, don, don, tendremos que llamarle “reloj suelto”.

Ya estamos todos aquí

con muchísima ilusión

la alegría empieza ya

al llegar el Carnaval

La Campana Gorda que en la torre

colocaron de la catedral,

volverán a fundirla de nuevo

porque dicen que suena muy mal.

Esa es La Campana Gorda también llamada María de la O se encuentra en la torre de las campanas de la Catedral. Es la de mayor tamaño y de sonido más grave y profundo. Me contaban los antiguos campaneros, “Angelita, la Campanera” y “Pepe Campanas”, el último campanero de la Catedral, que en algún lugar posee la siguiente inscripción:

María de la O me llamo,

Cien quintales peso,

Si no lo crees cógeme a peso,

Da una vuelta por la ciudad

Y luego verás.

En tres momentos del día da tres campanadas: A las doce, el ángelus de medio día. A las ocho, el ángelus de la tarde. Y a las diez, el toque de ánimas. Con arreglo a estos toques, en la antigüedad, que no existía contaminación sonora, toda la población se guiaba por este horario, especialmente las gentes que vivían en el campo y que en su mayoría carecían de reloj.

Es la campana que se oye a más larga distancia, y los labradores antiguos valoraban más las tierras y fincas desde donde se escuchara, lo que dio lugar a la comarca denominada Socampana.

La murga “Los Becuadros” popularizó en 1916 la canción de “La Campana Gorda” que todos conocemos. Hoy día sigue tan viva, que grupos de música moderna han grabado sus versiones de rock, rocabilly y bacalao, con notable éxito, pero anterior a “Los Becuadros” se cantaba en la Tierra de Ciudad Rodrigo viejas tonadas de “La Campana Gorda” que incluso alguna llegó a recopilar don Dámaso Ledesma en su Cancionero Salmantino de 1907. Yo todavía la recogí como canción de ronda en El Payo:

La Campana Gorda

de la catedral,

suben y la tocan

con serenidad,

con serenidad.

Sirena del mar,

sirena del mar.

Cuando la escuché por primera vez, dada mi ignorancia, pensaba para mis adentros, qué mal se sabe esta gente “La Campana Gorda”, pero enseguida comprendí que era una versión mucho más antigua y primitiva que la de “Los Becuadros”.

La versión que más me impresionó fue la que escuché al Tío Pascual, un cabrero que tañía la gaita de forma cadenciosa y melancólica en la soledad del campo, mientras cuidaba sus ganados.

EL TORO EN ESTA TIERRA Y EL CARNAVAL DEL TORO

Dicen los entendidos taurinos que “los toros con sol y moscas”. En esta tierra, también son los toros con frío helador. Este pregonero donde más frío ha pasado en su vida ha sido en los toros. Nunca se le olvidará el principio de pulmonía provocado en una tienta del Bolsín, durante una gélida tarde, en la dehesa de Sageras, cuando se pasó un largo tentadero sentado en la tapia de la placita de tientas, batiéndole la espalda y los riñones un viento cierzo helador.

Nuestra fiesta de carnestolendas, además de tantos elementos arcaicos, tiene una característica esencial, el “tótem ibérico”, que se venera en pleno invierno y jamás se suspende festejo taurino alguno, así llueva, nieve, o estemos a diez grados bajo cero. Por ello se denomina “Carnaval del Toro”.

Don Casiano Sánchez Aires, natural de Yecla de Yeltes y conocedor como nadie de todas las fiestas tradicionales en estos campos, en su Breve Reseña del Partido Judicial de Ciudad Rodrigo, publicado en 1904, ya le llamaba la atención y afirmaba sobre las diversiones de Miróbriga: Siendo de mayor resonancia las de Carnaval, que con sus dos corridas diarias de novillos ante una apiñada muchedumbre como los diablillos de Dante, (aunque llueva hasta nacer galápagos en el cogote, y cuya salsa está en el encierro). En tales días, mademoiselle Temperance anda de incógnito, o no sale al público, por temor de constiparse.

La primera referencia del toro en esta tierra la tenemos en la cuenca del río Águeda, a quince kilómetros, aguas abajo de la ciudad, en el yacimiento rupestre de Siega Verde. Allí existen más de quinientas representaciones de animales, prevaleciendo bóvidos y équidos; pertenecen al Paleolítico Superior, es decir hace unos 18.000 años. Destaca de todas las figuras (a mí particularmente me impresiona), el enorme toro del panel número 5: su conservación, belleza y expresión, mantiene esa majestuosidad propia del toro en el campo, permanece encampanado, como si fuera a huir o arrancarse; en su interior aparece un lobo también en actitud de ataque. Resulta sorprendente la similitud morfológica con el toro de lidia o morucho autóctono de la tierra (hasta el punto que diversas gentes de campo de la zona, aseguraban que ese toro fue grabado por algún pastor hace escasos años).

Cuando observo esa magnífica obra de arte me imagino a los humanos del Paleolítico cazando estos toros, que con frecuencia tendrían que burlar y jugar con sus fieras embestidas, dando lugar al nacimiento de la tauromaquia.

El documento escrito más antiguo que se conoce sobre el correr los toros en Ciudad Rodrigo es de 1417. Inicialmente era una fiesta en la que solo participaban los caballeros a caballo que le servía como entrenamiento y preparación para la guerra, se realizaban en la plaza del Castillo pero a partir del siglo XVI se comienzan a celebrar en la Plaza Mayor. Se corrían toros en las fiestas de San Isidro, Corpus Christi, San Juan, San Pedro, Santiago Apóstol, Nuestra Señora de Agosto, Virgen de Septiembre o por “alegrías del Rey” (cuando se producían onomásticas, nacimientos, o bodas de la familia real).

El correr toros en las grandes fiestas de Miróbriga estaba tan arraigado que en las ordenanzas de principios del siglo XVI aparece con cierta frecuencia las disposiciones para regular estas fiestas, incluso el pago de rentas para explotación de bienes comunales mediante pujas y un toro, medio toro, o ayuda de un toro.

Esta Tierra, por su condición fronteriza con Portugal y Extremadura, como indiqué en un principio, ha soportado continuas guerras a lo largo de la historia, cuando no eran los romanos, fueron los árabes, los portugueses, los franceses o los ingleses. En los periodos de paz se celebraba su fiesta por excelencia de corridas de toros, porque el Tótem Ibérico, además de considerarse dios de la fertilidad y de la fecundidad por los antiguos, en esta Tierra también ejercía de paloma de la paz.

En la Guerra de Sucesión, la plaza de Ciudad Rodrigo es sitiada y tomada por los portugueses en 1706 y retomada por los españoles en 1707, – lo que un siglo después se volvería a repetir en la Guerra de la Independencia con Franceses y Británicos, cuyo Bicentenario ahora estamos conmemorando- . Cuando concluyó la citada Guerra de Sucesión la Tierra estaba esquilmada, llena de muerte y epidemias, la ciudad y los pueblos arrasados y arruinados, el Arrabal de San Francisco totalmente destruido. Pero al recuperarse un poco se celebra con la fiesta de toros, esta vez durante los días de carnestolendas.

El Carnaval con toros nace en 1732, es decir que la presente edición es la 380. Es el dato más antiguo que se conoce a la fecha sobre el Carnaval con toros como tal. El dato se lo debemos a Juan Tomás Muñoz Garzón, que la encontró en el Archivo Histórico Municipal de Ciudad Rodrigo, en el libro de acuerdos de 1732, donde figura la sesión de 11 de febrero: Ablose en este Ayuntamiento largamente en rrazón de aver pasado muchos años por la calamidad y contratiempos padezidos en la guerra sin que se ayan executado corridas de toros en esta Ziudad, siendo assí que practicaba antes de ella una corrida anual en cada un año, pra cuio fin con el efecto que llaman de yunterías contribuya con la porzión de toros estipulada en las concordias entre Ziudad y Tierra acerca de dichas yunterías, y considerándose que de el restablezimiento dicha corrida anual no solo se ssigue la diverssión y regozijo común, sino es tamvién la utilidad y venefizio por las concurrencias en avastos públicos y otras consequencias favorables a la estimazón de la antigua observancia, se acordó de claustro pleno, que desde el presente año en adelante se disponga y execute en los tiempos más oportunos la referida corrida de toros anual.

La fecha más oportuna para instaurar esa corrida anual va a ser en carnaval, así en el mismo año de 1732, en la sesión del 21 de febrero figura: Acordose que los cavalleros comisarios que fueron para las ttres corridas de novillos que se efecttuaron en las tres corridas de novillos que se ejecutaron en los tres días de domingo, lunes y martes de las próximas passadas carnestolendas, libren en el efecto de ganancia de carnicerías todos los gastos que se han hecho para cerrar la plaza.

En este siglo XVIII, se populariza el toreo a pie, efectivamente en el documento anterior también figuran en Ciudad Rodrigo: y recibiendo dos doblones que se mandaron dar a dos mozos forasteros que en dhas ttres corridas se ocuparon de sorttear los expressados novillos. Incluso hay documentos del siglo XVII donde encontramos la existencia de un torero local que se le recompensa por lo bien que había toreado en el año 1670: “Más doscientos reales que por despacho en toda forma de diez y siete de julio deste presente año, pagó a Andrés Alonso Yglesias, torero, veçino de esta Ciud, qe se le mandaron librar por lo bien que abía toreado en la corrida de toros que el dho día se hubo en esta Ciud”

Hasta nuestros días el Carnaval del toro de Ciudad Rodrigo, ha mantenido multitud de elementos ancestrales, casi todo es vieja tradición y solera, los encierros y desencierros, las pruebas, las capeas y los toros de muerte, las agujas, los tablaos, la plaza en la plaza sin que sea redundancia, de la misma forma que se celebraban las fiestas taurinas en los siglos XVII y XVIII, cuando un deporte o entrenamiento de nobles a caballo se convierte en la tauromaquia como arte, como profesión y como fiesta nacional, por el protagonismo de los peones que desplazan a los caballeros y surge el toreo a pie. En el Carnaval del Toro Mirobrigense se ha parado el tiempo y se puede degustar la tauromaquia más primitiva y remota.

Ha surgido un fenómeno social curioso, mientras que con los tiempos modernos el folclore tradicional se pierde mas rapidamente en la ciudad, y en los pueblos de la comarca se conserva mejor, con el carnaval sucede lo contrario, en todas la localidades de la región se pierde y en la ciudad se conserva. Sin lugar a dudas ha sido debido a la prohibicion del carnaval durante el periodo histórico de la dictadura de Franco. En Ciudad Rodrigo al estar tan arraigado en sus gentes el Carnaval del Toro, se siguió celebrando trocando el nombre de carnaval por el de “fiestas tradicionales”. Así en algunos pueblos de su tierra, como el caso del Rebollar, a los habitantes de Ciudad Rodrigo se les apoda “Carnavalerus”.

En nuestro folclore no pueden faltar las descripciones de aquellas primitivas tauromaquias que hoy solo se pueden apreciar en muy pocos lugares, como Ciudad Rodrigo: El toro de muerte, las damas en los balcones, el torero que torea con su capa o capote de abrigo y da lugar a que se convierta en capa o capote de torear, el maleta que se calza las alpargatas para salir al ruedo, la barrera, los tablaos, o las alusiones a algunos de los primeros ganaderos de toros de lidia que de forma profesional surgen allá por la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se implantan los toreros a pie dando inicio a las actuales corridas de toros, de ellos destaca don José Prieto Ramajo de Ciudad Rodrigo – frente a los de Benavente y La Mancha- , con divisa blanca y encarnada, que por cierto, adquiere la antigüedad lidiando por primera vez en Madrid, nada más y nada menos que el 22 de septiembre de 1789.

1

Que salga el toro, que salga,

salga el toro del toril;

salga mi amante a matarlo

que lo quiero ver morir.

2

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

las damas en los balcones:

¡que muera el toro , que muera!

3

Ya está el torito en la plaza

y el maleta en el portal

atandose la alpargata

pa salir a torear.

1

Torero tira la capa ,

torero tira el capote,

torero tira la capa

que viene el toro y te coge,

2

Que viene el toro y te coge,

que viene el toro y te pilla.

Torero tira la capa,

plántale las banderillas.

3

Yo la capa no la tiro

que me la puede romper,

y a luego la mi morena

no me la quiere coser.

1

Toros de don José Núñez,

vecino de Benavente,

tu divisa verde y blanca

en mansedumbre se pierde.

2

Zacatena de la Mancha,

toros de don Ramón Sierra,

qué toros más toros son

y ninguno los torea.

3

Toros de Ciudad Rodrigo,

con divisa roja blanca;

toros de don José Prieto,

toros de buena camada.

DOS APUNTES PARA EL BICENTENARIO DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Sin lugar a dudas el plato fuerte del carnaval es el encierro a caballo. Se perdió a principios de la década de los años setenta por la escasez de caballistas encerradores y la dificultad de realizar el encierro por la extensión del casco urbano en el arrabal, pero se recuperó en el Carnaval de 1984, solamente para el encierro del domingo. Desde entonces el encierro a caballo se ha venido celebrando con los más diversos resultados, quizá por aquello de que: “En carnaval todo pasa”, ha pasado de todo. No puedo menos de recordar los últimos años del siglo XX cuando participaba como caballista encerrador, incluso algunos años, ataviado con el traje de charro y el caballo aparejado con las guarniciones tradicionales charras. Acaecieron años que entró el encierro bien, pero también los hubo que llegó muy tarde e incompleto, en particular el domingo de carnaval de 1986: se escapó todo el encierro y solamente hubo toros por la tarde. Aquello fue un escándalo con visos de catástrofe y ningún caballista se atrevió a acercarse a la población para evitar los insultos y abucheos de la indignada muchedumbre. Cuando los encerradores intentábamos impotentemente dirigir aquellas reses que se escapaban por todos los lados, me acordaba de la sabiduría y pericia de los antiguos, y en estos años que estamos conmemorando el Bicentenario de la Guerra de la Independencia no puedo menos que recordar la siguiente hazaña:

Cuando los franceses tienen tomada la ciudad desde julio de 1810 a enero de 1812, poseían para el abastecimiento de la ciudad una manada de vacas y otra de cabras, que todas las mañanas sacaban fuera de murallas a pastar, en los alrededores de la plaza. La madrugada del 14 de octubre de 1811 llegó Don Julián Sánchez “El Charro” con parte de sus lanceros, que como es conocido, eran guerrilleros de origen campesino procedentes de la comarca y jugaban en gran desventaja con el poderosísimo ejercito francés, pero debido a sus conocimientos del terreno y del manejo del ganado, pues muchos eran pastores y vaqueros, fueron capaces de arrebatar las doscientas vacas y trescientas cabras, que se llevaron a su campamento de Lumbrales a galope tendido esquivando el tiroteo del ejército napoleónico. Desde luego, “que uñas” tenías que tener aquellos hombres.

Todavía en nuestro folclore popular se conservó alguna referencia.

En Zamarra y Pastores aprendí las coplas del vaquero-guerrillero Lucas Barroso, que se cantan en el ritmo más autóctono y arcaico de nuestra tierra, el de “Charro Verdadero”.

Allá va Lucas Barroso

vaquero de gallardía,

Trae las vacas cansadas

y la yegua mu rendida.

Trae las vacas cansadas

y la yegua mu rendida.

De pelear con los franceses,

De pelear con los franceses,

Dos o tres veces al día,

Una vez por la mañana

Y otra vez al mediodía,

Y otra vez por la tarde,

Cuando el sol se trasponía.

El vaquero vota y jura

Que cuando venga el verano,

Ha de quitar la su yegua

Y ha de coger un caballo,

Ha de quitar la su yegua

Y ha de coger un caballo.

Dicen que Napoleón,

Dicen que Napoleón

Fue un emperador muy grande

Y en España no valió

Mas que diecinueve reales,

Y en España no valió

Mas que diecinueve reales.

EL TORO Y LA MUERTE

Todos los años en el precarnaval se suscita una gran polémica en torno al tamaño y calidad de los toros, siembre se exageran las noticias con determinados toros o encierros que van a venir, es la salsa del carnaval. Este año, por lo visto, el encierro del lunes tiene tal tamaño que hay quien afirma que no cabe por la calle Madrid. La única lástima es que en los últimos años se traen al carnaval mirobrigense toros de la lejana Andalucía, despreciando las magníficas ganaderías de nuestra tierra. El caso es que hace muchísimos años se trajo un toro tan bravo, que para verlo y ajustarlo lo tuvieron que hacer de noche, cuentan los más viejos que aquel toro ocasionó una tragedia matando a un torero. En nuestro carnaval que se combina lo mejor de la vieja tradición con lo mejor de la era moderna, gracias al excelente equipo médico y quirófano portátil, se han librado muchas vidas de las astas de los toros, pero en la historia del carnaval más reciente, se nos muestra que en ciertas ocasiones se ha vestido de luto por la tragedia. Los más mayores no olvidarán cuando en el año 1964, un toro, en la parte inferior de la plaza, mató al maletilla Julio Cánovas. Sus compañeros torerillos y todo Ciudad Rodrigo realizaron una colecta para trasladar el cadáver a su pueblo natal, Alcantarilla (Murcia), no sin antes rendirle el último homenaje masivo, rezándole un responso en el mismo punto de la plaza que se produjo la fatal cogida.

Más recientemente, en los años 1984 y 1985, cayeron respectivamente dos hombres, que coincidieron en ser los dos de Lumbrales y producirse el desenlace en Martes de Carnaval.

Es la otra cara de la moneda. El Carnaval, lleno de fiesta, alegría, luz, colorido y vida, se convierte en tristeza, oscuridad, luto y muerte. Quizás por ello en la canción tradicional de esta Tierra sean tan abundantes las coplas y romances referentes a la tragedia de la muerte por el toro: desde “los Mozos de Monleón” que recopilara Dámaso Ledesma y que popularizara Federico García Lorca, a otras piezas apenas conocidas, como “Cachucha”, “La Torina”, “Muerte de Francisco”, “Miércoles Santo fue”, muertes de toreros como “Pepe-Hillo”, “Pepete” o “Granero”.

A este pregonero le impresionó de sobremanera el romance que aprendió en la comarca del Rebollar, antiguo Campo de Robledo de la Tierra de Ciudad Rodrigo. Es una elegía en la que aparecen aspectos legendarios como el torerillo que sale al toro aquejado de mal de amores, la maldición de la madre que se llega a cumplir, el vestir el hijo una ropa especial para el rito iniciático de salir al toro en la corrida, incluso aspectos mitológicos como la mujer que se fecunda con la muerte y la maldición cumplida en tragedia, y a los nueve meses sale bramando como el Minotauro, porque curiosamente la especie humana y la vacuna son los dos únicos animales que coinciden en el periodo de gestación.

El torito de este año

ya lo tienen ajustao

que lo compraron de noche

por eso dicen que es bravo.

-Madre me saque la ropa

que me voy a la corrida

que hay un torito muy bravo

y a clavar las banderillas.

-La ropa no te la saco

ni tú a la corrida vas

que me han dicho esta tarde

que el toro te va a matar.

-A mí no me mata el toro

ni tampoco los toreros

que me mata una morena

que tiene los ojos negros.

Que la saque o no la saque

ni la deje de sacar

yo a la corrida me voy

y aún que la busque prestá.

-Permita Dios y los santos

y la Virgen del Rosario

que si a la corrida vas,

que te traigan en un carro,

la chaqueta y el sombrero

de los sindiestros colgando.

Caminito de la plaza

tres mocitos han llegado

preguntando por el toro

y el torito esta encerrado,

¿Qué edad tiene el toro?

y el toro tiene ocho años.

El torero llamo el toro

nunca sea mal nombrado

y le ha dao una cornada

por el lado de un costado.

Ya le meten un pañuelo

ya le meten tres y cuatro

y el torerito decía:

-Yo ya muero, yo ya acabo.

Que llamen al señor cura

Pa que venga a auxiliarlo

No se pudo confesar

Por que estaba ya espirando.

Ya lo montan en un carro

ya lo llevan a su casa,

aquí tiene usté a su hijo

le prepare la mortaja.

-Esa fue la maldición

que le eché al salir de casa.

A eso de los nueve meses

salió la madre bramando,

bramaba más que bramaba,

más que un toro de ocho años.

Para este pregonero el precarnaval cultural ha sido muy especial, no puede menos de destacar la calidad de todos los pregones realizados, en su mayoría por pregoneros amigos:

-Fran López Galán por Asociación carnavaldeltoro.es

-Tomás Morenés en la Peña del Caballo, con la garrocha de plata a Emiliano Carreño.

-Vicente Llorca en la Asociación Charra del Caballo.

-Javier Valverde en los Amigos del Aguacilillo.

-Rebeca Jerez en el Centro Cultural y Recreativo el Porvenir.

-Dionisio Fernández Gatta en la Peña Puerta del Desencierro, con los porteros mayores: Victorino Risueño y Alfonso Gómez, y madrinas de honor: Antonia Pérez y Romana Martín.

-Julián González en el Centro Día de Personas Mayores.

-Nino Rodríguez Miguel en la Residencia Mixta de la Diputación.

-Carlos García Medina en la Peña el Farinato.

-Inmaculada Dávila en las peñas de la casetas.

-Isabel Bernardo en el Bolsín Taurino Mirobrigense.

A todos ellos mi mayor admiración y felicitación.

Solamente quiero lamentar en este precarnaval la no celebración del pregón infantil, que posiblemente sea el más importante, dado que es el único que va a mantener la identidad de nuestra tierra en el futuro, porque nuestros niños se implican con su raíz carnavalera.

Este mi pregón, quisiera dedicarlo al ser más maravilloso de la creación, la mujer. A todas las mujeres de la Tierra de Ciudad Rodrigo. A las tres mujeres de mi vida: mi madre Mercedes que se encuentra en el carnaval del más allá, mi esposa María Luisa y mi hijita María Luisa. Y en especial a la reina y damas del carnaval mirobrigense 2012. Cristina, Silvia, Laura y Leticia. Representáis la belleza, juventud y alegría de nuestra tierra, del carnaval y de la vida.

Niñas bellas, hermosas, lozanas

cual las flores en el mes de abril,

olvidad estos días vuestras cuitas

y a la calle, salidnos a oír.

Este humilde pregonero no ha sido agraciado por Dios con la vena poética, ni siquiera para cantar la hermosura de la reina y damas del Carnaval y las grandezas de Miróbriga, por ello recurre a la tradición de la lírica popular de nuestra tierra cuando en las viejas rondas se cantaba la belleza de las damas:

Silvia, Cristina,

Isabel y Laura,

Son los cuatro luceros

De la mañana.

Como quieres que venga

De noche a verte

Si la tu despedida

Me da la muerte.

La despedida os doy

la que dan los labradores

con las coyundas al hombro

y adiós ramito de flores.

CID CEBRIÁN, José Ramón

Ciudad Rodrigo al Día (17-02-2012)

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