GRÀCIA, José Miguel - Lamento por una campana

Lamento por una campana

(Al diari “La Comarca” d’Alcanyís surt publicat avui aquest article que reivindica l’antic so de la campana gran de la Codonyera i altres coses més)


La última campanada de las horas se prolongaba amortiguándose lentamente durante un periodo de tiempo indefinido. Un tono potente y melodioso movía con decisión nuestro tímpano al mismo tiempo que lo acariciaba sin ambajes: era una redonda sensación musical. Y esperábamos con ansia la repetición de las campanadas de las horas. El tiempo y la vida se hacían música a través de la campana de La Codoñera/la Codonyera.

Pero el pleno disfrute de la Valera, así se llamaba la campana de la Codonyera, se producía en los días de fiesta mayor o en las vísperas, cuando unos cuantos aguerridos mozos subían ansiosos las escaleras del campanario y una vez apartadas la maza del reloj y el freno, empezaban a empujar la campana hacia fuera para acercar el yugo a sus manos. Y era entonces cuando, alargando los brazos con el tronco inclinado hacia atrás, se forzaba el primer golpe de badajo (batall). Pronto llegaba otro, y otro más, la campana alcanzaba la velocidad adecuada y la cadencia de las campanadas era la perfecta. ¡Clonc, cataclonc! ¡Clonc cataclonc!: una verdadera delicia que se acercaba a una íntima sensación sexual. Nunca he escuchado un bandeo más armonioso, ni de mejor cromatismo sonoro, ni una nota musical de campana tan bien sostenida. Como la Valera no había otra! A alguien le oí decir: solo en Toledo hay una que se le parece. Como hablo en pasado de la campana, el lector se preguntará si la campana gran de la Codonyera ya no existe, pues bien, sí existe, pero esta casi muda, con voz cascajosa, sin tono y menos aún resonancia: está rajada, tiene una grieta, está casi muerta. Hace más de un año, o tal vez dos que no se puede voltear y las horas suenan —es un decir— tan apagadas que generan nostalgia y un sentimiento profundo de desesperanza.

La Valera, fundida en el año 1855 en la cuesta de la Basseta de la Codonyera, afortunadamente tiene arreglo. La solución vendría dada por la soldadura de la hendidura y no por ninguna otra alternativa. Con la soldadura, limpieza del bronce y ajuste del yugo (les grenyes), realizadas por manos técnicas artesanas en sus instalaciones, se recuperaría el sonido anterior y hasta podría superarlo en transparencia. Por la zona de Levante existe alguna empresa dedicada a estos menesteres. La refundición seria una destrucción del patrimonio histórico y una pérdida del sonido anterior. En los casos en que una campana histórica no se quiere o no se puede soldar por la gravedad o amplitud de su rotura, la única alternativa que queda es la de quedar expuesta en algún museo para su contemplación. En el campanario habrá de colocarse una nueva que podrá ser una copia de la antigua pero con sonido completamente diferente. Toda campana histórica tiene su sonido propio e irrepetible.

A pesar de que en las gentes de la Codonyera se ha instalado en general una especie de aceptación del destino de su moribunda campana —nadie sabe que le ha pasado—, me niego a pensar que no exista un grupo de personas que se oponga a convertir su campana solamente en pasado e historia, envuelta entre los sones melodiosos del recuerdo que los años se encargarían de borrar.

Las campanas enferman con los años, o por ser atacadas por badajos de materiales inadecuados u operaciones de fijación no procedentes, entre otras causas. Si sus heridas no son restañadas les puede alcanzar la muerte. La campana de la Codonyera ha de pasar por el quirófano, no puede quedarse como está. No deben repetirse más muertes del patrimonio histórico, cultural y etnológico de la Codonyera como: los molinos de aceite con sus prensas de piedra (también los menos antiguos), lo Molí Siscar (molino de harina en plena ruina), la Acequia (la obra hidráulica más importante del pueblo), las antiguas fuentes de la villa, lo Trinquet (extraordinaria joya que aún podría recuperarse), la Nevera (llena de escombros y vergüenza), muchas construcciones de piedra seca (fuentes, pozos, casetes, paredes), balcones y puertas de madera, dovelas y arcos típicos de las fachadas, las trincheras de la Guerra Civil, etc., etc. Todo un valioso y singular patrimonio, de cuya orfandad se lamentarán los siglos. La desaparición del patrimonio cultural es la más pesada de las cargas y un eficaz freno del desarrollo turístico y económico.

Mientras tanto toneladas de hormigón se han convertido en excesivos y antiestéticos muros, paredes y ociosas calles. Y lo que es peor, hay quien se empeña en levantar también muros virtuales de incomprensión, rechazo y aislamiento. Alguien vendrá que, a los sones de la Valera restaurada, confíe realmente en el progreso de este querido pueblo, en un creativo futuro de servicios, con nuevas ideas que movilicen la juventud, que limpien su entorno de inacabadas obras y de fealdad sobrevenida, de molestos olores evitables y de atávicos convencionalismos, que lo hagan tan acogedor a los propios vecinos como a cuantos puedan venir de fuera, y que lo enriquezcan económica y culturalmente.

Y algo más para acabar, no se me había olvidado, no: nuestra lengua también se va muriendo poco a poco. El que quiera hacer algo para salvarla, aunque tenga conocimientos y ganas suficientes, qué se apriete bien los machos, si no quiere morir en el intento. Habrá de derribar un muro de falsa defensa y agresividad fomentada, producto de unas ideas políticas y de una baja autoestima.

GRÀCIA, José Miguel

Lo finestró del Gràcia (30-08-2011)

  • LA CODOÑERA / LA CODONYERA: Campanas, campaneros y toques
  • Destrucciones de campanarios y campanas: Bibliografía

     

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