¿Por quién doblan las campanas?

El toque del campanario informaba y regía la vida en los pueblos del Valle de Baztan

Dos de las campanas de la imponente iglesia parroquial de San Lorenzo, de Ziga - Autor: ONDIKOL
Dos de las campanas de la imponente iglesia parroquial de San Lorenzo, de Ziga - Autor: ONDIKOL

Aún sobrevive en el recuerdo el viejo aforismo "De Santa Cruz de mayo a Santa Cruz de septiembre, se repican las campanas hasta que se quiebren", o sea, que desde mañana (3 de mayo, Invención de la Santa Cruz), aunque quizás se haya adelantado a ayer en Ultzama, donde, por eso de facilitar las cosas, nos da que la tradicional hermandad de las parroquiales de los pueblos ya habrá tenido lugar. Es sabido que las campanas, y esto por encima incluso de las creencias particulares, han sido el vehículo de información vecinal y daban cuenta del acontecer diario.

Las campanas, sorprendentemente denostadas ahora por gentes de tan fino oído que con el ruido de un alfiler que cae ya se molestan, en efecto se han usado para los más variados fines, religiosos y también sociales como para llamar a batzarre en Elizondo, sin ir más lejos. Tanto así que hasta se ha dado el caso, conocido, de solicitar un vecino la impugnación de la reunión por no haberse convocado a toque de campana.

Desde el campanario se llamaba a la población a los actos más diversos, desde a acudir a concejo, para el inicio de las fiestas, para el Angelus (que se tocaba tres veces), al amanecer o goizargi ezkile, al mediodía y al atardecer, o illun ezkile, que marcaba el fin de la jornada laboral y, allí donde los había, el cierre de los portones de las murallas. De la misma forma se daba alarma de incendio (de fuego), a rebato para advertir de algún peligro que pudiera acechar a la colectividad, de conjuro contra las tormentas, y hasta el que se decía toque del perdido, de cuando alguien no volvía y se le orientaba a golpe de la campana que existía para este caso.

Ya no digamos los toques fúnebres, el de agonía por el que se hacía saber de alguien que había emprendido el último tramo de su camino y se tocaba hasta que fallecía, cuando le seguía ya el de difunto indicándose incluso si era mujer, hombre o niño, si del pueblo o de los caseríos, y cuántos más. Entonces, el gentío no usaba reloj en su muñeca, que, como mucho, te lo regalaban por la primera comunión, la confirmación o cuando se acercaba la marcha a servir, a cumplir el servicio militar, otro tiempo fatal.

Entre los toques religiosos están los que servían para convocar actos litúrgicos o que advertían de que había llegado el momento de la oración individual, acompañamiento de las procesiones, la celebración de los bautizos, el toque de vísperas en la tarde de los domingos, el alegre volteo conjunto entre las parroquias de Elbete, de despedida, y de Elizondo, de recibimiento a la imagen de San Miguel, Mikel gurea.

Y aquí, entre nosotros, la conversación entre campanarios que se atribuía a los de las parroquias de Elbete y Elizondo, Lagaroz y Gartzain, Gartzain (zerri landan, zerri landan!) que advertía a sus vecinos de que había penetrado un cerdo en la huerta y amenazaba con comerse las hortalizas, y atrazak, atrazak! (¡sácalo, sácalo!) contestaban las de Irurita pidiendo ayuda. Y otro viejo proverbio dice que "no hay campanario sin campana", que la torre nueva de Elizondo no cumple.

Las de Amaiur cumplen cien años

En materia de campanas, aunque hay copiosa documentación y se recuperan costumbres y afición en muchos pueblos (como en Erratzu), es aconsejable por demás seguir a Isidoro Ursua Irigoyen (Campanas y campaneros en nuestras iglesias, Pamplona, 1987) que es uno de nuestros mejores expertos, igual que en otras materias. Este año, para octubre, cumplirán los cien las de Amaiur, iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, puede que otras también que no tenemos datadas. Se trabajaron y fundieron en el taller de Isidro Albizu, que fabricó también tres de las cuatro de la parroquia de San Lorenzo de Pamplona, y se compraron siendo párroco de la histórica villa don Cruz Goyeneche (Elbete, 1867-Amaiur, 1925) que bendijo por cierto la colocación de la primera piedra del originario monumento de Gaztelua en memoria de los defensores de Navarra. Estas campanas se llaman María Asunción (1.004 kilos, 75 arrobas de peso) y Dolores (502 kilos, 37,5 arrobas) y siguen sonando todos los días.

SANTAMARÍA, Lander

Noticias de Navarra (02-05-2011)

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