RÍOS, Sara - ´Al que no le guste la campana que se vaya´

´Al que no le guste la campana que se vaya´

La mayor parte de los vecinos del convento de las monjas Capuchinas critica que el Síndic obligue a regular su tañido

«Las campanas del convento están aquí desde antes que llegásemos cualquiera de nosotros, así que no pueden quitarlas, al que no le guste la campana que se vaya», señaló ayer una de las vecinas de la calle Núñez de Arce de Castelló, en la que está situado el convento de las Capuchinas de Castelló.

La mayor parte de los vecinos defiende el tañir de las campanas, a pesar de que el Síndic de Greuges ha aceptado la queja presentado por un vecino, cuya identidad se desconoce, e insta al Ayuntamiento de Castelló a que adopte «todas las medidas que considere oportunas» para resolver cuanto antes las molestias acústicas que generan al denunciante.

«Es una tradición que las campanas suenen, además casi no se oyen y si se escuchan dan alegría», afirmó una vecina que vive al lado del convento. Este periódico no ha podido ponerse en contacto con las monjas capuchinas que viven en estas dependencias del S.XVII para conocer si tienen previsto reducir el ruido que provoca el volteo de las campanas que, según el informe del Síndic, sobrepasa «con mucho los decibelios permitidos por la actual normativa».

Según los vecinos, las monjas capuchinas no atienden estos días el teléfono ni las visitas «porque están en retiro espiritual debido a la Cuaresma». El cariño que profesa el vecindario a esta orden es palpable, así algunas personas mostraron su preocupación sobre la permanencia de esta orden. «Sólo quedan cinco monjitas, en los últimos años se han muerto algunas porque ya eran mayores, además ahora una de ellas está malita, así que ya no pueden ni abrir la capilla», señaló una vecina.

Situaciones como esta, también la encontramos en Artesa, pedanía de Onda, donde hace año y medio varios vecinos solicitaron que la campana de la parroquia de Santa Ana dejara de sonar por la noche por las molestias que los toques provocaban, cada hora, a los residentes más cercanos al templo, sobre todo en verano, cuando al tener las ventanas abiertas por el calor se escuchaba mucho más.

Tras una polémica entre los afectados y la parroquia, la campana deja de sonar por la noche a partir de junio, para volverla a conectar cuando llega el invierno.

El reloj de la discordia

Si se aborda el ruido que provoca el tañir de las campanas también hay que tener presente el que ocasionan los relojes de lo lugares públicos. Así el reloj de la plaza Santa Isabel de Almassora fue objeto de polémica tras la remodelación de este céntrico enclave hace ya varios años. Después de meses de protestas, los residentes lograron que el mecanismo del reloj respetara su tiempo de sueño y, a día de hoy, pocos se acuerdan de la lucha vecinal ni del reloj. De hecho, ni está en hora.

RÍOS, Sara

(16-04-2011)

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