GARDÓ, María - El badajo pone el ritmo

El badajo pone el ritmo

La torre de El Micalet organiza, a lo largo de todo el año, visitas para el público a los toques de campanas.

La campana más antigua de la Catedral de Valencia es del año 1305

Cuatro personas son necesarias para voltear las campanas de toneladas de peso

Francesc Llop en el repique de campanas - Autor: ROIG, Eliseu
Francesc Llop en el repique de campanas - Autor: ROIG, Eliseu

A diario ciudades y pueblos se inundan con el toque de sus campanas, un lenguaje oculto que ha acompañado al hombre a lo largo de su historia. En lo alto de la torre de El Micalet (la terraza tiene una altura de 51 metros), valencianos de todas las edades se esfuerzan por inmortalizar un sonido con siglos de antigüedad. Son los campaneros. Verlos es todo un espectáculo de música y tradición difícil de olvidar.

Para disfrutar de este particular concierto, el único requisito es ser capaz se subir los 207 escalones que llevan hasta el mismo centro del campanario. Una vez arriba, los asistentes pueden sentarse en los bancos centrales rodeados por las 11 campanas que componen el campanario.

En total son cinco grandes y seis pequeñas. «La más joven es de 1735», comenta Francesc Llop, presidente de la asociación de campaners de la Catedral de Valencia y doctor en Antropología Social por la Universidad Complutense en Madrid. La más antigua es la Caterina, del año 1305, hasta el momento la más antigua en uso de toda la Corona de Aragón.

El peso de las campanas más grandes oscila entre los 1.750 y 1.765 kilos de peso. Esta característica dificulta los toques y otorga grandeza al concierto. Para mover uno de estos instrumentos , a veces, son necesarios varios campaneros y mucha coordinación (fundamental para preservar su integridad).

Volteo y repique

Existen tres toques diferentes de campana: volteo, repique y toque de coro. Dependiendo de la festividad, los campaneros se preparan de forma diferente.

El repique (oscilación de las campanas) se llevaba a cabo desde la mitad del siglo XV. En el siglo XVI se impuso el volteo, o toque circular de todas ellas. A día de hoy se practica tanto el volteo como el repique y el toque de coro (la combinación de ambos).

Cuando un asistente sube hasta lo alto de El Micalet vive una experiencia diferente en función del sonido programado para ese día.

La ceremonia para conseguir repicar todas las campanas es especialmente curiosa. Mediante una cuerda se unen las cinco campanas grandes en el centro. Desde ese punto, un campanero puede moverlas a la vez. Las otras seis (más pequeñas) también las mueven los otros miembros de la asociación.

A la hora de realizar el volteo la actividad se complica. Para voltear las campanas más grandes y pesadas son necesarios hasta cuatro campaneros por cada una de ellas. Es fundamental que cada uno de ellos no pierda de vista ni el yugo ni el badajo, pues en cada vuelta la campana cae a peso. El toque de coros es un ritmo que combina los dos anteriores: en el repique se intercala en volteo de alguna de las campanas.

Desde el centro del campanario, Francesc Llop, presidente de la asociación y experto en el tema, se dedica a coordinar a todos ellos para lograr el toque exacto. «¡Ahora!», indica a sus integrantes.

El público que va a verlos cada semana permanece atento a cada uno de sus movimientos. Muchos hacen fotos y vídeos, pues un concierto de tal magnitud no se ve todos los días. Una melodía conmovedora llena la catedral en el momento álgido del toque. A su vez, el sonido que crean sale del campanario y llega a cada rincón del centro de la ciudad. Ellos saben que son los responsables de mantener viva una tradición centenaria. «Cuando escuchas la voz de una campana están escuchando un sonido del pasado, el mismo que llegaría a nuestros antepasados», comenta Llop.

Aunque a lo largo de los años se ha impuesto el toque automático, cada uno de sus integrantes intenta «reivindicar, tocar y divulgar esta tradición que ya acompañó a nuestros antepasados en las fiestas populares», comenta su presidente.

En la catedral de Valencia sólo están automatizadas las campanas «dels Quarts y el Micalet para el reloj; la Bàrbera, para los toques de coro diarios, así como el Manuel para el toque de cerrar las murallas y la Maria para las oraciones». La instalación de estas tres últimas no impide seguir con los toques manuales cuando las fiestas valencianas lo requieren.

Para no perderse ningún toque es necesario estar atento al Calendario Anual (que comienza con el Adviento). En él se programan todas las fiestas litúrgicas, así como los domingos de Adviento y de Cuaresma, los toques de vísperas de las Solemnidades en las que se canta en la Catedral, y las grandes celebraciones del templo.

Los que no puedan esperar a ver el espectáculo están de enhorabuena. Este fin de semana vienen programados dos toques. El día 7 a las 19.30 hay toque 'Mort' (de difuntos y mucho más solemne) y el sábado 8 habrá repique a las 19.30 horas. El resto de fechas pueden consultarse en la página web de la asociación: www.campaners.com., principal fuente de información sobre el tema. «A través de esta dirección intentamos adaptarnos a los tiempos y expandir nuestra afición», comenta el presidente de la asociación de Campaners de la Catedral.

Antepasados

El sonido de las campanas es tan antiguo como la historia de las civilizaciones. Sus ritmos cambian dependiendo del lugar. Lo que los españoles reconocen como un sonido de alegre y de fiesta, en otras partes del mundo en significado de luto y duelo.

Los toques, del mismo modo, son diferentes: « encontramos el uso privilegiado del ritmo en algunos lugares, o la tendencia a la melodía en otros», comenta Llop.

En Occidente los romanos ya empleaban campanillas para la apertura y cierre de los baños y otros avisos, y también para sus actividades religiosas. Había campanas de bronce fundido, de forma parecida a la actual, pero de pequeño tamaño: cuatro o cinco centímetros de diámetro. «Las que tenían algo mayores, como una encontrada en Tarragona, eran del tamaño de un tazón invertido, con un asa para agarrarlas», explica el experto. Este modelo se utilizó durante muchos siglos pues hay una campana parecida en Córdoba del siglo IX.

De las campanas orientales se sabe menos: «aunque en una tumba de un famoso emperador chino se encontró un conjunto de más de cuarenta que serviría seguramente para tocar melodías con martillos: estas campanas tienen más de dos mil quinientos años», explica el presidente de la asociación de Campaners de la Catedral. Dentro del mundo cristiano, las campanas comienzan a generalizarse a partir de 1200. Se empleaban para dos cosas diferentes: para marcar el paso del tiempo y para anunciar (o acompañar actividades).

Grupos de campaneros

Siglos más tarde, la sociedad se dio cuenta de la importancia de estos instrumentos históricos y la necesidad de conservarlos como un testimonio de las voces del pasado.

De este modo, a finales de los ochenta, creció un movimiento cada vez mayor: los nuevos grupos de campaneros. No eran profesionales pagados, sino otro tipo de gente: historiadores, antropólogos, arqueólogos, amigos de las tradiciones, o simplemente personas que descubren el placer de tocar las campanas. «Los nuevos campaneros reflexionan sobre su trabajo, investigan, publican postales, libros y discos, hacen congresos», analiza Llop. Dentro de esta nueva corriente, hubo dos grandes movimientos en España: en Cataluña y en Castilla. En esas zonas donde aún quedaban campaneros tradicionales.

Los encuentros sirvieron para compartir conocimientos, para hacer pequeños concursos donde los ancianos enseñaron y enseñan a los jóvenes.

En València, sin embargo, el 80% de las campanas estaban electrificadas. Por ello, se fundó un nuevo grupo en el que los nuevos campaneros querían volver a tocar las campanas, restaurando las instalaciones, quitando los motores, reponiendo los yugos de madera, recuperando los toques antiguos.

Como es natural, el fenómeno se desarrolló a partir de las catedrales: Segorbe y València, con sendos grupos de campaneros. Entonces crearon una asociación en 1989, el Gremi de Campaners Valencians, del que forman parte hoy cerca de doscientos socios, que investiga, toca y restaura campanas y ofrece una información constante en Internet.

Francesc Llop ha dedicado su vida a mantener viva la tradición del toque de las campanas. Lo cierto es que el ciudadano se ha acostumbrado a su sonido, pero si un día faltase se echaría de menos.

Mientras tanto el espectáculo continúa en lo alto de la torre del Micalet. Es imposible asistir a uno de los toques y no percatarse de que se está escuchando un sonido tan grandioso como histórico. Música que escuchó hace siglos y que llega intacta hasta nuestro oídos.

TOQUES EN EL MICALET

Dónde. En lo alto de la torre de El Micalet. Sala de Campaners.

Dirección. Calle Barchilla, número 1.

Cuándo. Este fin de semana hay toques el día 7 y el día 8 a las 19.30 horas. El resto de toques pueden consultarse en la web: www.campaners.com.

Precio. 2 euros y 1 euro para menores y grupos de personas.

Más información. Sede de la asociación cultural de Campaners: Ermita de Santa Llúcia (C/ del Hospital, 15 ) Teléfono: 96 385 66 52

GARDÓ, María

Las Provincias (07-01-2011)

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