MARTÍNEZ, Antonio - "Siento lo que hago como un servicio a los demás"

"Siento lo que hago como un servicio a los demás"

Las campanas de Alcolea - Autor: MARTÍNEZ, Antonio
Las campanas de Alcolea - Autor: MARTÍNEZ, Antonio

"Bárbara me llamo, 100 quintales peso, el que no se lo quiera creer, que me levante a peso". Es la leyenda y desafío de una de las cuatro campanas de la torre de la Iglesia de La Asunción de Alcolea de Cinca por más señas. Una leyenda que conocen todos los alcoleanos, sobre todo los más mayores. Desde luego que los 100 quintales no los mueve José, sacristán y campanero, pues no es el hercúleo hebreo Sansón que derrotó a los filisteos, pero sí la bandea con el sistema eléctrico necesariamente impuesto en la gran mayoría de campanarios por Pallás, el incomparable relojero de Lascellas.

Leía el otro día, en un librito de Oriol Oliveras, "Decálogos", una página dedicada al "Decálogo para vivir con elegancia": "Dale a la gente más de lo que espera y hazlo alegremente… el regalo de manifestar signos de afecto. Ser generosos".

Pues José Montanuy Mir, ya que éste es su nombre inscrito en los registros de bautismo parroquiales y Juzgado de Alcolea, hijo de Santiago y Martina, es generoso, y da mucho a su pueblo; sacristán y campanero, presidente de la Cofradía del Rosario, presidente de la Asociación de Pensionistas y Jubilados, y vicepresidente de la Asamblea de Cruz Roja como voluntario.

Estos días, la "maquinaria "de José, el de Casa Alfántega, no anda muy fina y precisa de algún ajuste con aceites especiales para su puesta a punto, pero el hombre continúa repartiendo afectos.

Lo de Casa Alfántega procede de su bisabuelo que, desde Alfántega, bajaba por la ribera a cortejar a Alcolea y se quedó definitivamente después de contraer matrimonio con una buena y guapa moza del lugar. Así pues, aclarada la cuestión.

Algo de José Montanuy

José Montanuy Mir - Autor: MARTÍNEZ, Antonio
José Montanuy Mir - Autor: MARTÍNEZ, Antonio

José Montanuy Mir, aunque es sacristán, no sabe latín pero sí algo de francés pues cuando la guerra civil, sus padres, Santiago, "que trabajaba en una compañía de suministro eléctrico", y Martina, pasaron los Pirineos y se afincaron provisionalmente en un pueblo en el que, con sus hermanos Luis, Santiago y Francisco, fueron a "la escuela con una profesora española que, además de las materias escolares de los tiempos, nos enseñaba francés, sin que tampoco nos olvidáramos del español".

Al final, con su madre enferma, con sus hermanos Luis y Santiago regresaron a Alcolea, y Francisco, que era el mayor, se quedó a residir en Francia.

De su época escolar en Alcolea recuerda a sus maestros don Ángel y don Pedro, pero a los 12 años tuvo que incorporarse a "filas", es decir, a trabajar en casa del señor Antonio Junqueras Pocino, cuidando las gallinas y los tocinos y haciendo otras faenas a medida que uno se hacía mayor, y a los 20 obtuvo el carné de conducir para, según afirma, subirse "a los camiones de la casa". El intrépido y buen mozo José (también de buena figura y parecido, ¡qué coño!), como buen aragonés, tal vez recordando a Agustina Zaragoza (de Aragón), y la Batalla de las Eras en el sitio de Zaragoza defendiéndola de los "gabachos" invasores, sintió el olor a pólvora y marchó como voluntario al Regimiento de Artillería de Barcelona.

En la vuelta a la Ribera del Cinca y a los carasoles de Las Ripas, cogió de nuevo el volante, pero esta vez en casa de Salvador Junqueras, volante que ya no dejó hasta firmar en el libro del Ministerio de Trabajo su pase a la "reserva" como jubilado. "El trabajo y la carretera me han permitido conocer a mucha gente y he encontrado muchos amigos, pero también sufrí un accidente que me retuvo 41 días en la UVI hasta volver a la vida", revela José.

Josefina la de Ontiñena

En la vida de José, que al regreso de Francia con sus hermanos Luis y Santiago se crió con su tía Marieta, faltaba la quisquilla, el azafrán, la sal y el aceite para completar el menú, y fue en la vaguada Ontiñena, al otro lado del alto de Las Ripas, a la orilla del Alcanadre, que ya se va despidiendo de huertas y escorrentías antes de entregarse al Cinca, donde encontró a Josefina; una mujer para él apropiada, mujer curtida, con garbo y trabajadora… y buena bailadora, y amante de la jota y tradiciones.

Una buena misacha que, luego de una experiencia como tendera (con abadejo y cuatro judías y otros cuatro garbanzos), y, todo hay que decirlo, con la alianza matrimonial, marchó a casa de los Alfántega en Alcolea… para siempre, junto a su buen José y cerca de su hijo Santiago que por ambos se desvela. Pero en el relato hemos dejado, que no olvidado, lo de la Sacristía y las campanas que, desde hace casi 20 años, maneja con seriedad y señorío; de ello da fe el que suscribe. ¿Cómo fue Pues que el entonces párroco Pablo Mariñoso se quedó sin sacristán y el Consejo Pastoral Parroquial propuso voluntarios para ocupar el "sitial". José levantó la mano al observar que nadie quería "beber el vino de la vinajera"… y sacristán con el añadido de campanero para las campanas Bárbara, mosén Ramón, María Nieves y … Muchas veces ha subido al campanario pero jamás se ha atrevido con Bárbara, la de 100 quintales que, cuando la golpea el badajo, suena y resuena por toda la ribera y saben los ribeñeros, como los de Alcolea cuando hay misa de domingo o de fiesta mayor, de funeral o mortijuelo… o también a fuego; lo de arrebato con avisos para ir a los refugios ya pasó a la historia. "Tengo vagos recuerdos de una realidad que espero no se repita jamás de los jamases", declara.

"Me gusta ser sacristán porque me gusta y siento siempre todo lo que hago por y como un servicio a los demás. En este caso es por el pueblo y nuestra parroquia", y añade que siente la responsabilidad voluntaria de ser mayoral de la Cofradía del Rosario, y también se siente a gusto en la Cruz Roja. "Todo lo que supone dar algo a cambio de una sonrisa o un apretón de manos me ayuda a ser feliz", afirma.

Y agrega José que es feliz con su familia, y le gusta el fútbol con su querido equipo: el Alcolea, oír y ver bailar la jota, cazar la perdiz, mirar Las Ripas, continuar viviendo en su Alcolea… y un poco de baile con Josefina "cuando se tercia".

José y Josefina, los de Casa Álfantega de Alcolea: "El amor, la ilusión y los sueños son algunos de los elementos más necesarios para nuestra alma".

MARTÍNEZ, Antonio

Diario del Alto Aragón (28-11-2010)

  • ALCOLEA DE CINCA: Campanas, campaneros y toques
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  • Campaneros: Bibliografía

     

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