P. PEÑALVER, Carmen - Regreso a la geografía interior

Regreso a la geografía interior

Vuelvo a Jaén de noche y me parece que mi casa es más grande, más espaciosa. Pronto la llenamos y recobra su tamaño anterior. Me quedo dormida en el salón, entre desvelada y rota, con una sábana por ropa y frente a la puerta de la terraza, donde se mueve algo de aire.

De mañana me despiertan campanas lejanas que, pronto, según dicen, serán sonidos, no ruidos, pero mientras tanto suenan al capricho de los hombres de negro y despiertan a los que no hemos descansado por el calor y el desvelo del regreso. Me siento agotada. Bajo a tomar café y está casi todo cerrado. No hay gente, hace calor. La ciudad está en obras, hoy abandonadas, bastante sucia. No veo que estén poniendo tranvía sino haciendo zanjas por los márgenes.

Encuentro un bar abierto, pido los periodicos y, por lo que leo, parece que no me he ido. Miedo a las inundaciones en los Puentes en las tormentas recientes, lo del río Eliche, como antes de irme, muchas autoridades haciendo declaraciones, planes, proyectos, la Alcaldesa que parece estar por aquí, será lo que pretende. Me ponen un café que me hece sudar al primer sorbo. También la cara de enfado de Fernandez de Moya que coge carrerilla para dar el salto. Sudo por el canal de la espalda. Pienso si se me notará en la camiseta. Tras más de una quincena de ir a mi aire, despreocupada del cuerpo, nada más llegar de pronto me preocupa que se me note el sudor, que la camiseta sea demasiado escotada -lo es-, que estoy apoyada de una forma un poco chabacana contra la pared del bar. La vuelta a la ciudad, a la normalidad, parece coincidir con la vuelta al pudor, algo de timidez, a la rigidez del comportamiento, a la autocensura. Vuelta a mi geografía interior.

Subo hasta la Catedral para dar un paseo antes de que el sol lo inunde todo. La ciudad está vacía, parece abandonada, cerrada. Los pocos que nos cruzamos, nos miramos unos a otros como pensando ..y tú qué haces aquí…

Estoy bastante morena, soy de las que han vuelto y, no sé porqué, me siento más fastidiada incluso que las que no se han ido. Querrian ser yo y yo querría estar dormida pero me he despertado muy temprano, algo desorientada, con las bolsas de viaje aún cerradas, con las bolsas de los ojos muy marcadas y varias lavadoras por hacer. Los bañadores aún estarán húmedos del mar de ayer y las chicas duermen, sudando, sobre las mismas sábanas que dejaron al marchar.

Aquel mar brillante que me impedía ver, hoy deslumbra a los viajeros de la segunda mitad de agosto y yo paseo casi sola por una ciudad que conozco, extranjera en todas partes.

Vuelvo a casa, me conecto, veo la pantalla brillante, vacía. Me reflejo en la pantalla y me siento mayor. Pensé contaros tantas cosas en este regreso y no soy capaz sino de estas primeras impresiones.

Prometo contestar los correos que habeis mandado, las cosas curiosas que me habeis dicho, y contar algunas cosas que no conoceis… cómo ibais a conocerlas…

P. PEÑALVER, Carmen

lingarta (16-08-2009)

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