MÉNDEZ PÉREZ DE PRESNO, Marcelino - Las campanas de Vegadeo

Las campanas de Vegadeo

Marcelino Méndez, José Villar Vidal, Emilio Méndez, Fermín del Río Sela y Rubial
Marcelino Méndez, José Villar Vidal, Emilio Méndez, Fermín del Río Sela y Rubial "Bota de Oro" volteando la campana en las Fiestas del Quince. - Autor: MÉNDEZ PÉREZ DE PRESNO, Marcelino

Campana de mi lugar
tú me quieres bien de veras
cantaste cuando nací
y llorarás cuando me muera.

LA CARMELA
campana mayor de la Iglesia parroquial, fue donada por el médico vegadense D. Ramiro López Rancaño, abuelo de Encarnita Morales Rancaño, hace unos años fallecida y de los Vijandes, D. Eladio, D. Francisco, D. Ramiro, etc., y fué donada en recuerdo de su primera mujer Dña Carmen Capdevila, de ahí su nombre de Carmela, y de sus hijas Benigna, Adelina y Laura López Rancaño y Capdevila, que en el término de diez días fallecieron todas del cólera, epidemia que asoló esta comarca en los años de 1854 -56.

Fue construida en Madrid, año de 1911, por D. Constantino Linares Ortiz, tiene un peso de unas sesenta arrobas castellanas, costó dos mil setecientas cincuenta pts de entonces, incluídos gastos de colocación y transporte, con una garantía de quince años. Una vez recibida la campana, se encargó de los trabajos para subirla a la torre el maestro carpintero D. Torcuato Monteserín, cosa que sucedió sin contratiempos. Tiene una inscripción que dice : “ Esta campana está dedicada a la Virgen del Carmen por una familia piadosa”.

LA PAULA
yo le llamaré así, que es como lo he oído a mis mayores, hecha en una fundición de Mondoñedo, Blanco Palacio, año de 1866, es la pequeña, la que mira hacia el campo, tiene una preciosa inscripción que dice : “Mi voz convoca a la oración a los fieles de la Vega".

También podemos decir, que para todos aquellos, que en nuestra juventud, volteábamos las campanas en las Fiestas, era mucho el esfuerzo que nos costaba el comenzar, debido a su peso, sobre todo la Carmela, pero todo lo dábamos por bien hecho pensando en la que nos esperaba en casa de Alvariño, con las cañas y piononos y el extraordinario vino de misa, tiempos pasados con recuerdos indelebles, en los que nos parecía que éramos protagonistas de algo que sin nosotros no sucedería.

Desde aquí quiero recordar a Firme del Río, ya durmiendo el sueño eterno, a José Villar, “Pepe da Pruida” y Rubial “Bota de Oro”, hace muchos años lejos de aquí, a Emilio Méndez, “de Marcos”, también fuera del terruño hace mucho tiempo, Fernando del Río, “El Neno”, José del Río, por Madrid, hermano de Firme y Fernando, Ramón Sierra, “Guerrilla” hoy por Gijón, otros anteriores a nosotros, como Antonio Alonso Arias “Michines”, Higinio Jardón, y muchos otros que de momento, quizá queden en el tintero. Éramos una especie de gremio de las campanas, aunque a veces teníamos que llevar la Patrona, como se ve en las fotos, pero sin duda lo nuestro era el volteo y dar la alegría necesaria a la procesión, sobre todo en la subida a la calle Mayor, donde era grande el esfuerzo, sobre todo para los llevadores de San Roque, entre ellos muy antiguamente, Manuel Méndez “Manolo de Marcos”, mi querido tío, con otros componentes de la “Colla”, más modernamente, Antonio Rodríguez Zárate “Roxo”, y tantos otros que ya no recuerdo, pero que están ahí.

Las campanas tocadas a vuelo, anuncian alborozadas a los cuatro vientos, que La Vega – Vegadeo – se encuentra en fiestas, en sus fiestas tradicionales y antiguas, y digo antiguas, porque en este día, era costumbre que en la Procesión al Campo de Medal, que venía desde la Capilla de Nuestra Señora del Abeto, ubicada en aquellos tiempos en la Abraira, fueran bailando delante de la Virgen el Gremio de maestros zapateros, con camisa planchada, una banda de seda y castañuelas, costumbre que se conservó hasta el año de 1848, siendo los últimos bailarines, el tío Juan de Minguto, tío Miguel de Chulín, tío Bastián y Pedro Méndez, llamado el tío Cielo, mi bisabuelo.

Termino queridos vegadenses con unos versos de alguien que quiso mucho a su terruño, a su Vega, que jamás la olvidó, ni el sonido de sus campanas, era Campoamor de la Fuente, versos escritos en la nostalgia y la distancia y que dicen así:

Viene la noche de verbena,
de amoríos y de encanto,
que ponía mucho gozo en
el corazón del pueblo.
Y las carinas de rosa,
de las mozucas del pueblo,
hacían soñar amores
en un paraíso nuevo.

MÉNDEZ PÉREZ DE PRESNO, Marcelino

Riadeleo (2010)

  • VEIGA D'EO: Campanas, campaneros y toques
  • BLANCO PALACIO, FRANCISCO (MONDOÑEDO): Inventario de campanas
  • LINARES ORTIZ, CONSTANTINO DE (CARABANCHEL BAJO): Inventario de campanas
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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