HOYOS, Juan José - El sabio y el camino

El sabio y el camino

En sus bosques, el Parque Arví guarda incontables secretos: una red de antiguos caminos de piedra; huertas elevadas; salados; lagos artificiales; acequias de piedra; plataformas donde sus antiguos moradores hacían casas y huertas. Las pruebas de laboratorio demuestran que este asentamiento indio era más antiguo que el imperio Inca de Perú y el Azteca de México, y que fue contemporáneo de los Mayas.

¿Quiénes eran esos desconocidos que habitaron Arví? En 1541, el cronista Jean Baptiste Sardella decía que los soldados de Robledo encontraron allí muy grandes edificaciones de piedra destruidas y caminos de peña tajada más anchos que los del Cuzco. Él no se atrevió a seguir adelante porque pensó que quien los había hecho debió de ser "mucha posibilidad de gente".

El misterio de las ruinas es estudiado hace más de 25 años por el ingeniero Norberto Vélez y la arqueóloga Sofía Botero. Ellos descubrieron en Piedras Blancas vestigios de una larga red de caminos. También, piezas de cerámica, túmulos y hachas y cinceles de piedra de 5 mil y 7 mil años de antigüedad.

Norberto sospechó desde un comienzo que en Arví se ocultaba algo muy importante y con la ayuda de Sofía preparó un dossier fotográfico con los primeros hallazgos. En una reunión científica, entregó el dossier a Carlos Castaño Uribe, un antropólogo de la Universidad de los Andes que dirigía el Ideam y había sido alumno de Gerardo Reichel Dolmatoff. Él miró las fotos, sorprendido. "¡Ustedes encontraron Arví!", dijo, entusiasmado. Y siguió mirándolas y repitiendo: "¡Ustedes encontraron Arví!" Para los arqueólogos, Arví era un lugar mítico. En el siglo XV, su existencia era conocida por los indígenas del sur del continente y por los cronistas de Indias.

Sobre el significado de Arví para Reichel Dolmatoff, el padre de los estudios de arqueología en Colombia, viendo las fotos, su alumno contó esta historia: "Estábamos en la Sierra Nevada de Santa Marta en las excavaciones de Ciudad Perdida. Después de un largo día de trabajo, llegamos al campamento a organizar el material recolectado. El profesor Reichel limpiaba con brochas unas vasijas de cerámica para quitarles los residuos de tierra. Estábamos junto a las carpas, alumbrados por una lámpara Colleman. Ciudad Perdida estaba llena de guaqueros venidos del resto de América, Europa y Asia. Habíamos tenido que pedir protección de tropas del Ejército. Un soldado que estaba de ronda pasaba y miraba lo que hacíamos. De pronto se acercó al profesor Reichel y le preguntó: "Doctor, ¿por qué les interesan tanto esas piedras?" Él le explicó que eran piedras de una ciudad desconocida construida por indios desde antes de la llegada de Colón. Luego le dijo al soldado: "¿Y usted por qué me hace esa pregunta?"

Él respondió que era de un pueblo del sur de Colombia, y que cuando lo reclutaron para el Ejército lo enviaron a la Cuarta Brigada, en Medellín. "Nos sacaban a hacer polígono en unos bosques junto a una represa. Por allá había caminos de piedra y muros iguales a los de aquí. Cuando disparábamos, las balas desenterraban pedazos de vasijas de barro como las que ustedes están limpiando?". Aunque no pudieron precisar el punto exacto, Reichel les dijo a sus estudiantes: "Ese debe ser Arví. Hay que encontrarlo". Él no lo intentó por su respeto al trabajo científico de los demás arqueólogos en sus regiones.

En su infancia, Reichel se educó en Alemania en un colegio benedictino. Cuando vivía en Villa de Leyva, encomendó disponer de sus cenizas a su amigo, el padre benedictino Eduardo Monzón- Aguirre. Él estaba construyendo una ermita en medio de los bosques de Piedras Blancas. Cuando Reichel lo supo, le dijo: "Búscate una campana. Sin campana, ¿cómo vas a llamar a los feligreses?" El padre la compró en una tienda de antigüedades en Medellín. La campana tenía un sello: "París, 1874. A. von Hildebrand". Era el sello del fundidor. Él no sabe cómo llegó aquí desde París. Cuando Reichel murió en 1994, su esposa Alicia trajo las cenizas a la ermita. Después, el padre supo que el fundidor era un bisabuelo de Reichel por línea materna y los dos habían nacido en ciudades cercanas de Austria y Alemania. El azar no existe. Hoy, el sabio está sepultado en la ermita, en Arví, junto al antiguo camino indígena de piedra que jamás conoció. En lo alto de la torre está la campana que llama a la oración. En su tumba hay una lápida de piedra con su nombre y una inscripción en griego que dice: "La boca del sabio es una copa perfumada".

HOYOS, Juan José

El Colombiano (27-06-2010)

  • VILLALBA DE LA LAMPREANA: Campanas, campaneros y toques
  • HILDEBRAND, A. (PARIS): Inventario de campanas
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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