El Diario Montañés - Campana sobre campana

Campana sobre campana

«Mi hijo lleva soportando este ruido desde que nació hace un año», denuncia una vecina que vive justo detrás de la iglesia

El Ayuntamiento podría sancionar al sacerdote de Sámano con una multa de 1.801 a 4.200 euros por consentir que el campanario de la iglesia de Montealegre sobrepase los decibelios permitidos

Desde que nació hace un año ha convivido con el molesto sonido del repicar de las campanas. Cada media hora tiene que soportar los 72 decibelios que emanan del campanario de la iglesia de Montealegre, en Sámano. Todo un suplicio. Iker Jeréz no es muy consciente todavía de lo que supone aguantar desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche este ensordecedor ruido, pero sus padres sí. Amaya y Óscar denunciaron hace más de un año, en el Ayuntamiento, que el volumen de sonido emitido por las campanas del reloj de la iglesia de San Andrés se había convertido en una auténtica pesadilla. Ante esta situación, los servicios técnicos del Consistorio procedieron a medir los niveles de ruido producidos por las campanas, dando como resultado el doble del nivel permitido por la Ordenanza Municipal de Protección de Medio Ambiente. En las tres mediciones se superó el nivel máximo de 36 decibelios en horario diurno y 30 decibelios en horario nocturno.

Desde el Ayuntamiento se instó al pedáneo de Sámano, Javier Eguren, a que se encargase de bajar el volumen del reloj de dicha iglesia, pero al parecer, el sacerdote Eleuterio Castaneo, más conocido en Castro como 'Terio', se opuso a esta medida, al considerar que todo estaba en orden. Pasado el tiempo, y en vista de que el párroco no ponía fin a este ruido, el concejal de Medio Ambiente, Pedro Quintana, se puso en contacto con él para advertirle de que si no respondía a la solicitud, el Ayuntamiento le abriría un expediente sancionador.

La negativa reiterada del párroco a solucionar el problema ha obligado al alcalde de Castro Urdiales, Fernando Muguruza, ha iniciar un expediente sancionador contra Eleuterio Castanedo, siendo responsable subsidiario el Obispado de Santander. Según comentó el propio alcalde Muguruza a este periódico, los hechos son constitutivos de una infracción muy grave. «La sanción a imponer consiste en una multa de 1.801 hasta 4.200 euros». El alcalde de Castro Urdiales asegura que el problema viene de atrás y que él ha intervenido en varias ocasiones para poner fin al asunto, pero parece que no le han hecho caso. Ahora se ha visto obligado aplicar la ley, después de avisar en varias ocasiones al responsable del problema.

A favor y en contra

En el barrio de Montealegre hay voces dispares en relación a este debate sobre el campanario. Algunos vecinos, los más devotos, aseguran que el ruido de las campanas no les ha molestado nunca. «Llevamos toda la vida viviendo aquí y nunca nos ha molestado el ruido, y eso que estamos al lado de la iglesia», comentaba una vecina ofendida por la denuncia de Amaya y su marido. «En todos los pueblos en los que hay iglesia, se escucha el repicar de las campanas. Es normal. Además, yo desde mi cocina no escucho ningún ruido», añade.

Pero este testimonio nada tiene que ver con la historia de Amaya, Oscar y su hijo Iker. Ellos también son vecinos de Montealegre de toda la vida. Hace tres años decidieron comprar un chalé justo detrás de la iglesia. «Por aquel entonces las campanas estaban apagadas», señala Amaya. Pero parece que con el tiempo el párroco volvió a conectarlas y hasta ahora siguen sonando cada media hora. «Mi marido cuando trabaja de noche y tiene que dormir de día se va a casa de su madre porque no puede conciliar el sueño». Amaya muestra todos los rincones de su casa para demostrar que en cualquier sitio se cuela el sonido de las campanas. «Da igual donde meta al niño que el sonido entra por todos los lados». No obstante, tiene la esperanza de que el asunto se vaya a resolver. Sabe que cuando se rasca el bolsillo de la gente, se toman medidas efectivas.

Solución

El pedáneo de Sámano, Javier Eguren, asegura que la solución al problema pasaría por desconectar el sonido de las campanas directamente. Parece ser que no se puede reducir el volumen, por lo que no quedaría otra opción. Si al final se apuesta por esta alternativa, Iker podrá descansar y dejará atrás un año de molesto ruido. A los que no les hará mucha gracia, será a ese grupo de vecinos que consideran que el repicar de las campanas es propio de los pueblos.

El Diario Montañés (19-06-2010)

  • CASTRO URDIALES: Campanas, campaneros y toques
  • Ruido y denuncias: Bibliografía

     

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