SANCHO, Lorena - La morada del último juglar

La morada del último juglar

Pozaldez dio a conocer sus encantos a través de las coplas de Luisito

Refranes
'Portillo y Pozaldez desde los infiernos se ven'.

Patrimonio
Tiene dos iglesias, la de San Boal, del siglo XVI, donde está el Cristo del Corroto, y la de Santa María, también del siglo XVI y con un retablo barroco. San Boal tiene además una estilizada torre y está incluida en la ruta del mudéjar. En las afueras del pueblo está la ermita que custodia la imagen de la Virgen de los Remedios.

Turismo
Existe una casa de turismo rural con 13 habitaciones. Tiene una fuente de la época de Carlos IV, del año 1790 y un monumento a su vecino Luis García Mongero, conocido como 'Luisito el de Pozaldez'.

Gastronomía
La panadería conserva un horno de leña donde se elaboran hogazas, pastas y bollos. Existen cuatro bodegas que embotellan vino verdejo en la DO Rueda.

Fiestas y tradiciones
Celebran a Santa Águeda y en mayo sacan en procesión a la Virgen de los Remedios, a San Isidro y a San Boal, patrón del pueblo. En agosto celebran las fiestas de verano.

Falleció hace ya cinco años, pero el vecino más conocido de cuantos ha dado Pozaldez sigue presente en el pueblo, en los recuerdos de cuantos habitan en él y, desde hace poco, también en forma de monumento. Los azulejos que reproducen una imagen del bajito y bonachón Luis García Mongero, conocido como Luisito el de Pozaldez, le dedican unas frases que bien resumen la importancia que su periplo por distintas provincias de la región supuso para este municipio de las Tierras de Medina: 'Al pueblo de Pozaldez le conoce media España, es su nombre muy sonado, Luisito le dio la fama'.

Frases tan conocidas como 'Para esta mocita una jotita' se escuchaban en aquellos lugares donde se rendía culto al patrón. De fiesta en fiesta por Valladolid, Ávila, Zamora y Salamanca, Luisito convirtió la mendicidad en un arte que le permitía vivir sin penurias el invierno. De su vida errante da fe prácticamente todo el pueblo. En este caso es Lucio, de 78 años, conocido como El capellán (se encarga de atender las dos iglesias), quien habla sobre Luisito: «Todo el mundo conoce Pozaldez por Luis, el juglar, no se metía con nadie pero mira que los chicos le hacían rabiar», comenta mientras controla el botón automático del repique de campanas. «Es muy cómodo pero de vez en cuando se estropea», puntualiza. ¿Y aquello que cuentan de que murió rico? «Mentira todo como una catedral. ¿Se ha hecho alguien rico por pedir?».

Pozaldez, el pueblo de Luis García Mongero, está de fiestas. Sus dos iglesias se engalanan para rendir culto a San Boal, cuya imagen está ya ornamentada con flores en la iglesia de su mismo nombre. Es el templo de verano, - «somos así de chulos», dice Lucio-, el de invierno se reserva para Santa María, que conserva un retablo que los pozaldejos cuidan como oro en paño. El concejal Guillermo Rodríguez, guía en esta ruta por el pueblo, explica los motivos: «Para llegar a San Boal hay que subir bastante y la gente mayor se queja, porque dicen que en invierno cuesta, así que decidimos dejar una para verano y otra para invierno».

El arte de la erosión

La iglesia goticomudéjar de San Boal luce una torre de grandes dimensiones. Se aprecia desde varios kilómetros a la redonda, de ahí el refrán: 'Portillo y Pozaldez desde los infiernos se ven'. Curiosamente la erosión ha dejado una estampa inusual en su fachada, donde el paso del tiempo ha descubierto cráneos incrustados en la pared, «parece ser que de algún enterramiento antiguo», dice Guillermo.

En su interior destaca el artesonado del coro, el órgano en uso y el Cristo del Corroto, restaurado por la Fundación Las Edades del Hombre y sacado en procesión en Semana Santa por los jóvenes de su cofradía. «Dicen que es de un discípulo de Gregorio Fernández», precisa Juan Luis, ayudante de Lucio en el repique de campanas.

Las tres niñas bonitas de Pozaldez se completan con la ermita de la Virgen de los Remedios, cuya imagen tiene su novena y procesión a primeros de mayo. La custodian y cuidan los más de cien miembros de una cofradía, identificados con nombre y apellidos en un listado colgado a la entrada de la ermita. En él aparece también como cofrade de honor el ex presidente de la Junta Juan José Lucas, también nombrado alcalde honorario.

La ermita se encuentra en las afueras del pueblo, desde donde se puede incluso divisar la silueta de la sierra en una vista entrecortada por el mar de viñedos que conforma un paisaje propio de cuadro, como los del pintor local Ladislao Sanz, Ladis. Es aquí, en Pozaldez, donde también exprimen un exquisito verdejo en la DO Rueda. Cuatro bodegas lo elaboran de forma profesional, aunque pervive entre los vecinos la costumbre de tener un pequeño majuelo y embotellar una pequeña producción. La tradición vinícola de este pueblo se asoma a las calles en forma de respiraderos.

Casi todas las casas del pueblo tenían bodegas. «Pozaldez se ha caracterizado siempre por la escasez de agua», comenta Guillermo mientras dirige sus pasos hacia unos caños de 1790, «por eso aquí se bebía tanto vino», concluye. Las campanas del pueblo de Luisito dejan de repicar una hora más tarde. Lucio apaga el sistema automático de volteo. Empiezan las fiestas de San Boal, pero el último juglar no cantará sus coplas, lo harán sus recuerdos.

SANCHO, Lorena

El Norte de Castilla (22-05-2010)

  • POZALDEZ: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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