Del repique de campanas para avisar de un incendio a las más modernas tecnologías

Más de un siglo contra el fuego

Se movilizan en pocos segundos y llegan al fuego en apenas unos minutos

Los bomberos lorquinos están rememorando la existencia, desde hace más de un siglo, con algunos altibajos, de un cuerpo especializado dedicado a la lucha contra los incendios. Y lo hacen con una jornadas de puertas abiertas que tuvieron lugar ayer, en la que se realizaron todo tipo de demostraciones para que los ciudadanos pudieran conocer la tarea que llevan a cabo de forma permanente. Fue, como es natural, un simulacro que siempre es más llevadero que enfrentarse de verdad al fuego.

Lo más espectacular resultó un ejercicio de salvamento en un monte, con la ayuda de un helicóptero. No tuvieron que irse muy lejos, ya que el parque lorquino está al pie de un cerro elegido como escenario para la demostración. También se llevaron a cabo otras pruebas de excarcelación en vehículos, una tarea que suele prodigarse en los accidentes de tráfico.

El cuerpo de bomberos nació en Lorca como un servicio municipal, pero desde el año 1993 forma parte del Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia, un organismo dependiente de la Comunidad Autónoma. La plantilla actual es de 41 personas, aunque hay algunos puestos por cubrir. Si echamos la vista atrás, es sorprendente comprobar, de acuerdo con la documentación que se conserva en el Archivo Municipal, que el primer Cuerpo de Bomberos tenía una plantilla más numerosa.

El dato corresponde a 1892, época en que estaba al frente del Ayuntamiento como alcalde Francisco Pelegrín Rodríguez, que ocupaba el cargo por segunda vez. Precisamente el 28 de marzo de ese año fue cuando se aprobó el Reglamento del Cuerpo de Bomberos. El parque quedó instalado en la planta baja de la Casa Consistorial, y la plantilla la constituían un director, comandante, jefe de sección de zapadores, jefe de sección de bomberos, cinco jefes de bomberos, brigada, guarda-parque, tres cabos de bomberos, dos cabos de zapadores, dos médicos, dos practicantes, un capellán, furriel, dos cornetas, 25 zapadores y 20 bomberos.

Claro que, con anterioridad, ya existía preocupación en el municipio por el problema de los incendios, y en la Ordenanza Municipal de 1713 se establecían importantes multas para quienes hicieran fuego en la huerta y en el campo en tiempos de veda, por el riesgo que eso suponía para personas y haciendas. Esa inquietud se manifiesta también en 1747 cuando el Ayuntamiento acuerda, tras el incendio de las casetas de madera que había en la feria, que éstas debían hacerse de piedra.

Años más tarde un bando del alcalde de 1868 estipulaba que «a fin de evitar todo peligro de un incendio en las mieses colocadas en las eras que existen a la salida del barrio de San Cristóbal y San José, se prohibe fumar a la distancia de 20 pasos de las mismas, y que en dicho radio se introduzca persona alguna con fósforos».

Pero hasta los últimos años del siglo XIX no aparecen acuerdos orientados a la organización de un cuerpo de bomberos en la ciudad, aunque el Ayuntamiento adquirió una bomba contra incendios y hubo alguna propuesta de un grupo de voluntarios para actuar como bomberos.

Un incendio en febrero de 1890 empujó al Ayuntamiento a considerar de «imprescindible necesidad» la instauración de un servicio de bomberos y acordó que una comisión elaborara un proyecto de organización «por lo peligroso que es no disponer en Lorca de un servicio de incendios con que hacer frente a los siniestros que a menudo ocurren en la localidad». En septiembre de ese mismo año se concertó el servicio con un particular, que ofrecía un 'tren de batir incendios', a cambio de la explotación durante 15 años del arbitrio municipal de la feria.

Avisos de fuego

Ahora, el sonido de las sirenas es el reclamo que indica el paso veloz de los bomberos, bien a sofocar un incendio o a cualquiera de las otras actuaciones que suelen realizar. Los avisos llegan hasta el parque por los más modernos sistemas de comunicaciones a través del 112. En pocos segundos todo el dispositivo se pone en marcha, y el tiempo de llegada al lugar del siniestro depende de la distancia y los problemas de tráfico.

A estas alturas puede resulta curioso que, en esos primeros años de existencia del cuerpo de bomberos, se estableciera un código de comunicaciones para avisar de la existencia del fuego. El reglamento municipal dejaba bien claro que «toda persona que advierta prematuramente un fuego lo avisará a cualquier agente de la autoridad, quien tendrá el deber de comunicarlo a la parroquia del lugar del siniestro, para que el campanero toque a fuego, dando las campanadas siguientes, seguidas de un rebato: San Cristóbal, una; San José, dos; San Juan, tres; Santa María, cuatro; San Mateo, cinco; San Patricio, seis; San Pedro, siete; y Santiago, ocho».

Aquel primer cuerpo de bomberos, para el que se estableció el reglamento no las tuvo todas consigo ya que dos años después de su creación dimitieron sus cargos «por la falta de apoyo que encuentra dicho Cuerpo en este municipio y en la opinión pública», aunque todo parece indicar que esa renuncia estaba motivada en gran medida por no contar con los medios económicos necesarios para el desempeño de su labor.

Todo eso llevó a una reorganización de la plantilla que se quedó en 28 efectivos, y nuevos cambios llegaron en 1911, tras el terrible incendio que destruyó la iglesia de Santiago. Los responsables municipales consideraron necesaria una nueva reorganización pero, mientras no se producía, obligaron a los aguadores, que es esa época, al carecer de agua corriente, eran los encargados de distribuir el agua a los domicilios, que «cumplan las obligaciones que tienen de dejar llenos los cántaros en sus casas respectivas al acostarse, a fin de acudir a los incendios que se produzcan».

Ese mismo año el Cuerpo quedó integrado por 32 miembros y se adquirieron trajes y diverso material, ampliando las funciones al salvamento en caso de inundaciones, cordón sanitario por epidemias, y todos los servicios necesarios en caso de calamidad pública.

El cuerpo de bomberos de Lorca atravesó un periodo no muy claro de paralización a partir de 1923, y en agosto de 1935 varios concejales reclamaron «la necesidad urgente e inapelable de organizar un servicio de incendios dotado con el material y personal indispensable». Fue entonces cuando se ofrecieron a desempeñar este cometido varios trabajadores municipales hasta un total de 28. La proposición fue aceptada con la aclaración de que esas prestaciones tendrían carácter gratuito.

Así funcionaron los bomberos hasta que, de nuevo tras un incendio, el periódico El Lorquino señalaba «la conveniencia de reorganizar dicho servicio, como amparo a nuestras propiedades y acaso vidas, así como el rápido auxilio para el nutrido grupo de pueblos y caseríos que nos circundan». Y el año 1966 fue nombrado jefe del servicio de extinción de incendios el funcionario municipal Diego Lumeras Castillo, ya desaparecido.

El actual parque de bomberos tiene diez vehículos de distintos tamaños, algunos de ellos específicos para calles estrechas o actuaciones forestales. También cuenta con un brazo articulado de 37 metros, y unas instalaciones que se están quedando pequeñas. El personal realiza turnos de 24 horas en las que, aparte de atender las incidencias, revisan vehículos y material, practican intervenciones y de comunicaciones y gimnasia para mantenerse en forma.

SORIANO, A.

La Verdad (14-03-2010)

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