PASTOR, Jorge - Los cirujanos de las campanas

Los cirujanos de las campanas

El arte de convertir el bronce en música celestial
Las tumban en la 'mesa de operaciones' y les meten el bisturí para lograr otros 300 años de sonido perfecto
Descolgar una campana requiere de un despliegue logístico en el que nada puede fallar

Dos variables para lograr la nota perfecta: calidad del bronce y grosor de las campanas

Fue una regresión. El choque del martillo contra el yunque, potente y repetitivo, evocaba otros tiempos, tiempos de un mundo sin máquinas, tiempos en los que la fuerza del hombre lo era todo. Un 80 por ciento de cobre y un 20 por ciento de estaño, ésa es la combinación mágica que impulsó el desarrollo de la humanidad hace unos 5.000 años, y ésa es también la aleación básica que permite convertir el bronce en música celestial, en alarma para prevenir a la población de una inminente catástrofe o en el oportuno 'gong' que advierte de que las agujas de reloj avanzan inexorablemente. Torredonjimeno acoge la única fundición de campanas que pervive en Andalucía. Se llama Rosas y fue fundada por un señor llamado Vicent Roses, que recaló por amor hace 130 años en la ciudad tosiriana -en 1881- y que allí fundó un negocio que ya ha llegado a la cuarta generación. De estos talleres han salido campanas de todas las catedrales de la comunidad, pero también de infinidad de pequeñas parroquias que, ajenas a las modernidades, internet y correos electrónicos, siguen llamando a misa con el repique de sus campanarios. Es la banda sonora de los domingos por la mañana en todos los municipios de la cristiana y apostólica piel de toro.

¿Cómo conseguir el sonido perfecto? Ésa es la pregunta del millón: la respuesta se llama experiencia, 130 años haciendo exactamente lo mismo. Alberto Damas, el maestro fundidor de Rosas, comenta que las dos variables que se deben tener en cuenta es, por una parte, la pureza del material, el cotizado 'bronce campanil', y por otra los grosores. «Jugando con estos factores obtenemos los diferentes matices y conseguimos los registros suficientes para interpretar todas las piezas que se deseen, desde el 'Ave María' de Lourdes o de Fátima hasta el himno nacional», comenta Damas, quien agrega que «otra de las claves para lograr la sonoridad perfecta es que el armazón para el volteo sea de madera». «La mejor es la de Iroko, un tipo de árbol que se cultiva en el áfrica subsahariana y que, además de proporcionar la resonancia adecuada, es sumamente resistente a los agentes meteorológicos por su bajo índice de dilatación ante el calor y de contracción ante el frío». «También influye mucho la orientación de las espadañas y las corrientes de viento, que conducen los acordes en una u otra dirección con mayor facilidad», apostilla.

A pesar de esta crisis económica que no deja títere con cabeza y de que las inversiones patrimoniales se han reducido drásticamente -los mecenas se baten en retirada-, la actividad en Rosas es frenética. Tanto es así que tienen previsto incrementar incluso la plantilla para que la faena no se retrase. Inmensas pérgolas, arrastradas por potentes trailers, se adentran cada semana en sus naves para descargar campanas desvencijadas traídas desde todos los puntos de España y también desde algunos 'territorios de ultramar'. Ahora mismo, por ejemplo, tienen el encargo de una iglesia de Costa Rica, una operación que requerirá de un despliegue logístico al que los diez empleados de Rosas están bastante acostumbrados. Primero traslado por carretera hasta el puerto de Sagunto, en Valencia, donde el enorme esquilón de cinco toneladas será embarcado, rumbo a babor, con destino al país centroamericano. Allí les esperará el cura franciscano, natural de Granada, que se fijó en ellos para este importante cometido. El personal se desplazará en avión unos días después, con tiempo suficiente para analizar la escena al detalle, para que nada falle en el momento del izado y la instalación, dos de las maniobras más estudiadas y peligrosas por la necesidad de utilizar grúas que requieren en algunos casos de elevaciones de hasta 50 y 60 metros, en función de la altura de las torres.

De lingote a instrumento

La elaboración de una campana es compleja. Por lo pronto, se necesitan dos o tres meses para que los lingotes de bronce, guardados 'como oro en paño' en una pequeña habitación de las herrerías, se transformen en un instrumento afinado que se escuche con nitidez en todos los hogares. Lo primero es la realización de un molde dividido en tres estratos: el interior, llamado 'macho', que descansa sobre unos ladrillos a modo de hornilla y que consiste en un troquel de adobe, arcilla y paja; el intermedio o 'falsa campana', recubierta de cera y grasa animal; y el externo o 'capa', donde quedarán grabados los motivos y adornos que tanto simbolismo entrañan. Finalizado el primer paso, se calienta la matriz mediante fuego de leña. Posteriormente se funde el bronce a temperaturas de entre 1.000 y 1.200 grados centígrados. Llega el momento del vertido sobre la horma, una fase sumamente delicada ya que los artesanos se juegan 'el todo o nada' en un solo minuto. La colada incandescente discurre por las cañerías como el magma serpentea por las laderas de un volcán, sin prisa pero sin pausa. Lo último, una vez finalizado el secado, se procede al acabado de la obra mediante la eliminación de las imperfecciones y el resalte de los motivos ornamentales mediante el uso de pequeños quinqueles. Después vendrán los ajustes acústicos.

Pero los pedidos más frecuentes no son precisamente de fabricación, sino de reparación. Según el maestro fundidor Alberto Damas, «la mayoría de las piezas remozadas en nuestra casa tienen dos siglos de antigüedad, lo que les confiere un significado especial tanto desde el punto de vista histórico y artístico como sentimental». «Además -añade- lo normal es que siempre se quieran conservar las inscripciones, nombres, fechas y las familias o instituciones que financiaron esa campana». Los procedimientos y los resultados finales variarán si se trata de hierro o de bronce. En el primer caso, Damas señala que poco se puede hacer para mejorar el aspecto, «ya que el óxido que se ha ido acumulando con el paso de las décadas no se puede limpiar, por lo que la tarea se centra en la mejora de los elementos de sujeción y engranajes asociados al telecontrol». «Cuando trabajamos con bronce sí se puede realizar una rehabilitación integral, lo que normalmente conlleva la reposición o cambio de yugo, que siempre debe ser de madera, la soldadura de todas las grietas, el pulido de la superficie para dejarla completamente reluciente y la puesta a punto de todos los mecanismos», asegura Damas.

El enemigo

Y es que si hay un enemigo para la armonía, ése es el hierro, un metal más barato y que poco a poco se fue imponiendo en templos, seos y basílicas. «Poco podemos hacer; resulta imposible sacar ni una sola nota», dice con resignación Damas. Todo empezó durante la Guerra Civil, cuando las campanas de bronce fueron retiradas de las atalayas y empleadas para funciones menos nobles que las ceremoniales, administrativas o de socorro. Se emplearon para la construcción de mortíferos cañones y metralla para bombas.

Tradición. Ésa es la palabra clave. Pero también innovación. Aquella imagen del campanero suspendidos en el eter, aprovechando el peso de su cuerpo para lograr los diez o doce vandeos que precedían al primero de los giros, al primero de los toques, quedó en el recuerdo. Ahora sólo hace falta encender el ordenador, seleccionar el tipo de melodía y esperar unos segundos, no más, para que los badajos hagan su trabajo y empiece a sonar la 'filarmónica'. Hasta con el móvil se puede activar todo el sistema. Todo el movimiento coordinado al milímetro, al segundo, sin posibilidad de fallo.
Pasado, presente y futuro. La Historia continúa.

Un material del terreno convertido en objeto sonoro

El último trabajo encargado a la Fundición Rosas es el de la rehabilitación de las trece campanas de la Catedral de Guadix. Un trabajo de emergencia ya que algunas de ellas corrían, incluso, serio riesgo de desprendimiento. Fisuras, sistemas de sujeción destrozados, engranajes deteriorados, yugos que reducían la sonoridad... requerían un 'tratamiento' urgente que se está acometiendo en estos momentos.

El conjunto en sí carece de interés histórico y artístico. Fue colocado ahí después de la Guerra Civil, en 1965. Pero su singularidad es otra de carácter más social. Siete de los trece esquilones fueron fabricados con hierro de la tierra, de las canteras de la minas de Alquife. Material del terreno convertido en objeto sonoro. Ésa es la peculiaridad que impide otras alternativas mucho más aconsejables desde el punto de vista armónico como la reposición del cuerpo.


PASTOR, Jorge

Ideal (21-02-2010)
  • GUADIX: Campanas, campaneros y toques
  • ROSAS, CAMPANAS (TORREDONJIMENO) : Inventario de campanas
  • ROSAS, CAMPANAS (TORREDONJIMENO) : Intervenciones
  • Fabricación, fundición de campanas: Bibliografía

     

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