FORT, J. - El campanero jubilado

El campanero jubilado

Preguntando se va a...Reus


Don Juan Corts Llevat ha ejercido el cargo de campanero de la Torre de San Pedro hasta el día 1.0 de abril del corriente año. El día 6 del mismo mes o sea dos días antes de devolver las llaves al Ayuntamiento fuimos a visitarle en su domicilio.
— ¿Por qué ha dejado el cargo?
— Por haber pedido la jubilación y haberme sido concedida.
— ¿Cuántos años ha actuado de campanero?
— Efectivo cuarenta y tres y unos cuatro de ayudante.
— ¿Por fué que eligió usted el oficio de campanero?
— Mi suegro, que se llamaba Bartolomé Vendrell era entonces el campanero y yo le ayudaba como auxiliar. Cuando murió fué nombrado su hijo Jaime, que a su vez murió al poco tiempo. Entonces me nombraron a mí en propiedad.
— ¿Da mucho trabajo el oficio?
— Más que trabajo en sí, es que tienes que sujetarte a unos horarios determinados todos los días.
— ¿Es trabajo duro?
— Lo es cuando hay que mover las campanas grandes.
— ¿Cómo distribuía el tiempo?
— El horario establecido era a las seis y media y ocho y media de la mañana y una y media de la tarde que debía voltear la campana de San Pedro.
— ¿Qué significado tienen estos volteos?
— Antiguamente llamaban al trabajo. Ahora tienen poco objeto y parece que el Ayuntamiento los suprimirá.
— Pero hay otros volteos a más de los indicados.
— Se debe ir a voltear a las horas que avisan para los entierros. Antiguamente había algunos que, por ser civiles, no había volteo. Ahora se voltea en casi todos.
Después hay los repiques generales de campanas que se efectúan por Corpus y San Pedro y fiestas extraordinarias.
Los volteos generales son los que «branden» todas las campanas. Un volteo extraordinario dura aproximadamente una hora. Un cuarto de hora de «ventar», media hora de «toc», alternando con pequeños descansos.
— ¿Qué sueldo ganaba?
— Quinientas pesetas al mes.
— ¿Una vez jubilado qué sueldo le ha sido asignado?
— Todavía no lo sé.
-— ¿Por qué se ha jubilado?
-— Por la edad. Me cansaba mucho de tanto subir escaleras y tenía que subirlas un mínimo de tres veces al día hasta el primer piso.
— ¿Cuántas escaleras hay hasta el primer piso?
— Pues no lo sé. No me he entretenido nunca en contarlas. En cambio puedo decirle que en total hay 214.
— ¿Cuántas campanas hay en la actualidad en nuestro Campanario?
— Dos en el primer piso y dos en el segundo.
— ¿Cómo se llaman?
— Las del primer piso Misericordia y San Pedro. Las del segundo Horacia-Petra y San Bernardo, más conocida esta última por la «Campana dels gegants».
— ¿Cuántas había antes de la revolución?
—Antes había seis. Quitaron la Juana de San Pedro y la San Jaime, que estaban instaladas en el primer piso.
— ¿Misión de cada una de las cuatro campanas?
— En conjunto sirven para todo.
— ¿Considera necesario que la Torre de San Pedro volviera a tener seis campanas?
— Cuando disponíamos de seis campanas el servicio era más completo que ahora con cuatro.
-— ¿Le ha dolido dejar de ser campanero?
— Desde luego. Cuarenta y siete años ya son muchos años y en todas las cosas se pone cariño.
— ¿Cuál de los volteos le resultaba más agradable?
—Todos me eran iguales. En cada uno, por su clase, procuraba hacerlos lo mejor que podía, lo que siempre ha sido mi norma.
— ¿El más costoso de ejecutar?
— Los más costosos son siempre «els tocs generals», así como los más cansados.
— ¿Cuántas personas intervienen en un «toc general»?
— Seis. Cuando había todas las campanas, nueve.
— ¿En qué día del año le gustaba más ejercer el oficio?
— Por regla general todos eran igual y no tenía preferencia por ninguno.
— ¿Quedó alguna vez alguien encerrado en el Campanario?
— No. Ninguna.
— ¿Puede contarnos alguna anécdota?
— No recuerdo ninguna.
Entonces le objeté que, cuando yo era niño, una vez con un grupo de colegiales al pasar por la calle y ver la puerta del Campanario abierta se nos ocurrió subir. Cuando ya habíamos subido muchos escalones nos encontramos de frente con un hombre que debía de ser el campanero y apretamos a correr escaleras abajo.
— Esto conmigo también ha ocurrido infinidad de veces y no es que tuviera la intención de asustarles, sino que al subir recelosos y sabiendo que hacían una cosa que no estaba bien hecha, al topar conmigo, se asustaban y su reacción era correr escaleras abajo. Sin ir más lejos hace dos días ocurrió uno de estos casos que estamos comentando.
— El vulgo para determinar que una persona es informal y muy despreocupada acostumbra a decir «es un toca campanes». ¿Qué concepto le merece esta frase?
— Una especie de «poca solta que no treu cap a res».
— ¿Cómo se las arreglarán ahora sin usted?
—No lo sé, ya que en ello intervienen el señor Prior y el Ayuntamiento.
— Espíritu y materia. Mal asunto.

FORT, J. (1953)

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