HERNÁNDEZ, Jesús - Un toque a la tradición

Un toque a la tradición

La iglesia de san Lorenzo dispone por primera vez de dos campanas, refundidas, procedentes de la ermita sayaguesa de Santarén de los Peces

Una especie de celosía protege a las dos campanas del templo zamorano. Foto Javier de la Fuente
Una especie de celosía protege a las dos campanas del templo zamorano. Foto Javier de la Fuente

La iglesia de san Lorenzo, erigida canónicamente en septiembre de 1972 -la primera piedra, sin embargo, «fue colocada el 28 de marzo de 1977», apuntan los datos diocesanos-, dispone de dos bronces refundidos, que coronan, como guardados en una celosía, por primera vez, el templo. Además, algunas reformas efectuadas durante los últimos meses confieren otro aspecto estético, interiormente, a la obra diseñada por los arquitectos Angel Casaseca y Alberto Jiménez, y que se enriquece artísticamente con algunas vidrieras del iconoclasta Luis Quico. La significación religiosa, cultural y social de las campanas -lo sagrado y lo profano no se estorban en algunos casos- vivió con el hombre y su memoria... Signos.

Los sonidos de las campanas humanizan la vida de las ciudades. Hablan de júbilo y de tristezas, que es cuanto viven las familias. Sin embargo, los vanos de la iglesia de san Lorenzo permanecían vacíos desde el principio. Y una preocupación de su responsable pastoral, Jesús Campos, y del Consejo Parroquial era ésta: dotar de campanas al templo del barrio de los Bloques. «Han sido traídas de la ermita sayaguesa de Santarén de los Peces, cedidas por la Delegación Diocesana para el Patrimonio a nuestra parroquia para su nuevo uso. Ambas estaba rotas y se han fundido de nuevo en la Casa Quintana», de Saldaña (Palencia), explica el sacerdote.

Las campanas tienen nombre y nota musical. Lo manda la tradición, que, en este caso, no es un catálogo de normas inútiles. Si la parroquia recibe la advocación de un santo, y se pone bajo su patrocinio, aquéllas también se acogen a esa pauta. «A la hora de renombrarlas, la mayor siempre se pone bajo la advocación de Santa María. En nuestro caso, con el título del Henar. La otra lleva el nombre de San Vicente de Paúl, porque las Hijas de la Caridad han sido, desde los mismos comienzos de la parroquia, hasta hoy también, uno de los pilares de esta comunidad eclesial». Las religiosas se hallan presentes en el Hospital Provincial, la Casa-Hogar Nuestra Señora del Tránsito y el colegio María Inmaculada. Constituyen «un testimonio de consagración evangélica en el contexto y vida parroquiales».

La Casa Quintana refundió la "campana grande", denominada de San Sebastián, que databa de 1864. Tenía un diámetro de 556 milímetros y contaba con un peso de 81 kilos. En la actualidad, ha incrementado sus dimensiones: aquél es de 590 milímetros y éste se eleva a 121 kilos. Su alzado: 472 milímetros. Como nota musical, Mi2. La "pequeña", fechada en 1902, pasa de 497 a 517 milímetros y de 79 a 85 kilos. Y "Sol2" es su nota. El alzado se establece en 415 milímetros. El templo dispone, asimismo, de una "campana litúrgica", que «es de nueva factura e indica, con su sonido, el inicio de la celebración cristiana». Se halla colocada «entre la puerta de la Sacristía y la Capilla del Santísimo», explica Campos Santiago.

En otro tiempo (en otras épocas), el campanario también representaba un "instrumento musical", que avisaba de laboreos de sol a sol, de fuegos e inundaciones, de pérdidas de personas y animalicos tan necesarios para la pequeña hacienda. En aquellos tiempos.
Pablo VI, un intelectual que dudaba, decía que las campanas «hacen sentir su voz, que resuena entre tierra y cielo; es el diálogo de la fe y la oración, suspendido en lo alto, sobre nuestra vida terrena, horizontal y profana». El actual párroco de san Lorenzo destaca que son un «símbolo de la contemplación, por cuanto, suspendidas en el campanario, no llega hasta ellas el revuelo de las cosas humanas, ni la distraen las vicisitudes de los tiempos, si no es para asociarse a las manifestaciones religiosas y fiestas solemnes del calendario»? Un patrimonio religioso y cultural. Sus sonidos son, tantas veces -se trata del repique alegre o del encordar lúgubre- , un toque a la reflexión.

HERNÁNDEZ, Jesús
La Opinión de Zamora (17-09-2008)
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