LUQUE JIMÉNEZ, Rafael - El lenguaje de las campanas: mensajes y matices

El lenguaje de las campanas: mensajes y matices

Las torres campanarios de las parroquias de los pueblos y espadañas de sus diseminadas ermitas han jugado un papel importantísimo de comunicación popular a través de su peculiar lenguaje sonoro tan rico en mensajes y matices. Cumplían todos los requisitos imprescindibles de cualquier sistema formal de comunicación: emisor, receptor, código, canal y una amplísima gama de mensajes concretos como contenido. Comprendían toda una teología cristiana de salvación trascendente, con una filosofía existencial que daba sentido a nuestras vidas y una sociología de comunicación social local que se ha ido transmitiendo de generación en generación hasta su casi total desaparición, en la que nos encontramos.
Mis vivencias personales desde mi lejana infancia están inmersas en múltiples recuerdos de tan variopintos toques mensajeros de las campanas que son un testigo inolvidable de nuestro patrimonio cultural, hoy casi completamente olvidado y que me gustaría revivirlo y en la medida de lo posible trasmitirlo al comprobado y reconocido buen hacer de nuestra corporación municipal para revivir y salvar el recuerdo de esta ancestral tradición cultural de nuestro pueblo si no todos los toques al menos los más significativos y emotivos.
La torre de mi pueblo no la puedo olvidar. Y no la puedo olvidar porque le tengo mucho amor. Su peculiar cuerpo de campanas rematado en bóveda cónica es una joya artística y caja de resonancia ¡única en el mundo!... En su vanos cuelgan tres campanas. Todas y cada una ha sido ritualmente consagrada y bautizada con su correspondiente nombre propio: la más grande llamada "la gorda" es Nuestra Señora de la Asunción. La "cascada" es Ana Josefa del Sagrado Corazón, un poco inferior a la anterior. Y el campanillo que se llama Divina Pastora. Como complementaria a estas tres está el esquilón que se llama Nuestra Señora del Rosario. Antes de subirlo al cuerpo de campanas estaba colocado en el vano occidental del tercer cuerpo de la torre. Si se le hacía un voleo con maestría y agilidad le añadía una específica y alegre armonía a los repiques y repiqueteos de las demás campanas. Si se le doblaba volcándolo con enérgico dominio y habilidad le transmitía a los funerales y entierros una característica tristeza y profundo dolor socio ambiental.
Estas cuatro campanas auxiliadas con las de las ermitas, manejadas puntual y magistralmente a través de los acólitos o campaneros,. bajo las órdenes y autoridad del párroco, eran la voz guía de todo un pueblo atentísimo siempre durante todas las veinticuatro horas de todos los días del año a la fidedigna interpretación y ejecución de lo transmitido en el lenguaje del más mínimo detalle de cada unos de cualquiera de sus innumerables toques. Por este motivo el desempeñar el oficio de acólito campanero era muy difícil, arriesgado, complejo, esclavo y muy sacrificado; necesitabas unas cualidades de madurez, destrezas y habilidades digito manuales de coordinación perceptiva y nervio muscular que no las poseía cualquier chaval para poder saber controlar y mantener con disciplina y discriminación auditiva el ritmo, tono, intensidad, cadencia y contabilidad de los diferente tañidos, dobles, dobles tañidos, repiques, repiqueteos, voleos o balanceos para que cada una de las campanas expresara con sus sonidos exactamente el mensaje que debían transmitir.
Siempre había que ajustarse fiel mente al exacto cumplimiento del impuesto arancelario religioso del momento y estipendio o emolumentos acordados en relación con la clase o categoría que conllevara el ceremonial litúrgico: rito, culto, novena, honras, hora santa, sermón, rosario, jubileo, exposición del santísimo, funeral, entierro, misa o sacramento que se fuera a celebrar o concelebrar y que había que matizar, plasmar y significar en cada uno de sus respectivos toques.
Los toques fijos diarios eran los siguientes: El alba, los toques de la misa, el ángelus, vísperas, oración y ánimas El alba se tocaba al amanecer para interrumpir el descanso nocturno y empezar el trabajo de un nuevo día: Consistía en nueve campanadas con la campana mayor fraccionándolos de tres entres mientras se rezaba tres Aves Marías. terminando con un estribillo muy habitual de tañidos con las dos campanas a la vez, llamado clamor, y alternando un solo toque con cada una, dos veces. Si había muerto alguien, a través de los dobles se informa del sexo, si se trataba de un niño se anunciaba con repiques de gloria. La celebración del entierro sería por la tarde. La duración de los toques, intensidad y número de ermitas que participaban hacían referencia a la categoría y clase de entierro que habían encargado. Las misas eran exclusivamente por la mañana, y muy en relación con la clase de entierro que había tenido el difunto; los toques de las misa apenas han cambiado. Pero hay que reconocer que la introducción de la electrificación y electrónica en el toque de las campanas le han dado comodidad a sus toques pero las han empobrecido en la carga y riqueza hermenéutica que transmitían en sus antiguos y diferentes toques
El ángelus se tocaba a las 13h de acuerdo con el horario solar. Consistía en doce campanadas con la campana mayor y el estribillo igual al toque del alba. Se paralizaba el trabajo y todo el mundo se ponía de pie con la cabeza descubierta y levemente encorvados hacia la torre, oían en silencio con mucho respeto y devoción cada lento y espaciado pero contundente tañido, rezando mientras, las jaculatorias del ángelus, los que lo supieran, y alternándolas con su correspondiente Ave María. Si era víspera de alguna " fiesta iglesia" se hacía un gran repique con las tres campanas y echando al vuelo el esquilón, uniéndose a los repiques las campanas de todas las ermitas
Las vísperas se tocaban sobre las tres y media. Se incitaba a rezar por los difuntos y si había muerto alguien se doblaba al modo como he descrito anteriormente, anunciando el entierro para el día siguiente.
La oración se tocaba al anochecer. Sus toques eran como los del alba y si era víspera de fiesta o sábado se hacía el correspondiente anuncio con un buen repique de campanas según venía al caso.
Las ánimas era el último toque del día. Se tocaban sobre las diez de la noche para orar por nuestros difuntos, doblando con el esquilón y haciendo el estribillo de dos dobles con las dos campanas al mismo tiempo: dos alternos y un doble con las dos campanas juntas.
Y volviendo a mis vivencias y recuerdos: ¿Cómo no recordar las tan repetidas máximas latinas que solía poner el párroco D. Pedro Vallejo en labios de las campanas durante sus armoniosos repiques, mientras ensimismado y orgulloso contemplaba el cuerpo de campanas de la torre?: ¡Laudo Deum verum... plebem voco... Defunctos ploro..., nlmbum fugo..., festas decoro..., fulmina frango..., disipo ventos et sabata pango!, que traducido significa: ¡Yo alabo al Dios verdadero... Convoco al pueblo... Lloro a los muertos... Ahuyento las nubes... Doy lustre a las fiestas... Quebranto los rayos... Disipo las tempestades... Y celebro con alegría los sábados! ¿Cómo olvidar los persistentes dobles nocturnos de las noches del uno al dos de Noviembre llamada de los difuntos? ¿Cómo olvidar el repique de campanas que se le obsequió a Angel Marchena cuando regresó a su pueblo natal desde Rusia? ¡Aquello sí que fue echar las campanas al vuelo! Y era echar las campanas al vuelo: los tan prolongados y reiterativos repiques anunciando y pregonando la celebración de las fiestas de nuestro patrón San Bartolomé... San Pedro... Nuestra Señora de la Asunción, día de Santiago.. San Juan Bautista, de Jesús, el Corpus o la primera misa cantada de algún sacerdote luqueño. Etc etc..Jamás podremos olvidar el ejemplo de solidaridad y colaboración de todo el pueblo, cuando las campanas hace unos años "tocaron arrebato" al prenderse fuego en la parroquia Siempre hemos acudido solícitos y solidarios cuando las campanas nos anunciaban una procesión, una majestad, un santoleo, o doblan para un entierro y funeral, etc.
¿Quién de mi generación no recuerqa con añoranza los misteriosos toques de las misas primeras de los domingos y fiestas de guardar, como el día de Santiago, por ejemplo, a las seis de la mañana, y su posterior popular mercadillo de albahacas en el mercado de abastos y alrededores?...
Debo de reconocer la suntuosidad de las campanas de la torre del reloj pero nunca se podrá comparar la específica exclusividad puntual de su toque horario con la riqueza de mensajes y matices de la torre campanario de la parroquia. Tal vez sí podría retarse al lenguaje de las campanas, el lenguaje de los cencerros pero eso lo trataré otro día..

Cronista oficial de Luque

LUQUE JIMÉNEZ, Rafael
Luque (2008)
  • LUQUE: Campanas, campaneros y toques
  • Lista de toques: Bibliografía

     

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