ORTIZ ROCA, Ana - Las campanas salvan vidas

Las campanas salvan vidas

En Montgai, el campanero se llama Vicent y desde hace catorce años canaliza el duelo y el júbilo de las personas del pueblo a través del sonido de las tres campanas que cuelgan del campanario más alto de la Noguera. La campana más grande que ha visto Vicent es la del campanario de Os de Balaguer donde el último domingo de abril de cada año, se acoge la ‘Trobada de Campaners’ desde hace 21 años. Vicent no falta ningún año, le encanta reunirse con compañeros no tanto de profesión sino más bien de vocación, pues Vicent insiste en que es campanero porque realmente le gusta y porque lo siente. Una de sus anécdotas preferidas es el día en el que su mujer , Mª Rosa, tuvo que sustituirlo en la Trobada de Os, porque él tenía que tocar en un bautizo en Montgai. Fue una decisión difícil, pero pensó que tenía que cumplir con su cometido en el pueblo.
El campanario de Montgai marca las horas con la ayuda de un disquete que representa un tono aproximado de las campanas. Vicent, con toda la pena de su corazón, explica que la excelente maquinaria de relojería que hay a 50 metros de altitud, antes de llegar a la sala de las campanas, está estropeada desde hace tiempo, y es una pena que el campanario gótico de Montgai tenga que marcar las horas con un disquete conectado a unos altavoces. Pero así es todo, las viejas costumbres, aunque bonitas y entrañables, desaparecen para dar paso a la comodidad y a la práctica.
Sin embargo, Vicent sigue tocando las campanas en determinados días del año. Por ejemplo, los domingos hace una verdadera exhibición de sus cualidades, adquiridas gracias al antiguo campanero Joan Tarragona. Durante unos 10 ó 15 minutos hace tocar las campanas para anunciar que en media hora empezará la misa.
En las bodas que se han celebrado en la Iglesia de Montgai, han sido muchas las parejas que le han pedido que tocara para ellos, que tocara con el fin de que el sonido de las campanas, María y Asunción, trasmitieran la felicidad de los novios a través del aire, ya que el sonido es libre y no tiene fronteras más allá de la fuerza con la que se haga sonar la campana.
Una vez al año se tocan las matraques que se trata de un instrumento de madera que sustituye a las campanas en Semana Santa, cuando se conmemora la muerte de Jesús.

La ‘Vuitada’

Por otro lado, Vicent se muestra encantado con la vuitada. Se trata de tocar las campanas entre 12 y 14 minutos cada mañana durante los ocho días antes de Navidad, para celebrar la llegada del niño Jesús. Tiene un ritmo alegre y de fiesta y Vicent disfruta como el que más cuando ve que a la gente del pueblo le gusta oír sonar cada mañana las campanas. Unos se alegrarán por el sentido religioso, otros porque se acercan las vacaciones y muchos estarán contentos porque pronto se reunirán con toda la familia, y es que esto tienen de bueno las campanas, que se entusiasman por todo y por todos. Como es costumbre en muchos pueblos, las campanas también se animan con la fiesta mayor. En estas ocasiones alegres, Vicent confiesa que le encanta hacer sonar las dos campanas a la vez, le emociona el doble sonido que sale. Coge una con la mano derecha y la otra con la izquierda y “som-hi!”.
La tarea de campanero no sólo consiste en disfrutar tocando las campanas, como todo, tiene su parte antipática, aunque Vicent se muestra encantado de hacer todo lo relacionado con el cuidado de ‘sus’ campanas. Se encarga de la afinación, de limpiar la suciedad de las palomas – un gran problema que aún no tiene solución - y de engrasar los ejes. Los domingos ejerce un poco de sacristán, pone la calefacción en invierno, el aire en verano y enciende los cirios y las luces. Esto lo hace a cambio de un par de aperitivos al año y por amor a las campanas.
Vicent explica que las campanas daban mucha información. Si se oían tocar rápidamente, significaba que había un incendio en el pueblo y todos eran conscientes que debían arremangarse para sofocarlo. Luego estaba el tono del somatén, que consistía en un repicar rápido pero no tanto como el anterior. Éste informaba que alguien había entrado a robar en alguna casa, entre todos ahuyentaban al ‘malvado’. Los toques de defunción dan información sobre el fallecido. En Montgai, dos repeticiones significan que es un hombre el que se ha muerto, y si se repite tres veces el tono, entonces se trata de una mujer.

‘Deporte’ de riesgo

Las campanas del municipio fueron compradas, conjuntamente, por todo el pueblo en 1949. La campana más grande, Santa María, tiene una esquina rota pero sigue siendo tan imponente como siempre. Se puede decir que el oficio de campanero es un ‘deporte’ de riesgo y, tal y como dice Vicent, el movimiento de una campana “puede hacer más sangre que polvo”. Él aún conserva un badajo acabado en punta afilada que se rompió mientras tocaba, “me podía haber atravesado el pie”, recuerda.
Vicent admite que algunos días, sobre todo después de una tormenta que lo deja todo limpio y con un agradable aroma a “terra ferma”, sube al campanario y disfruta de una maravillosa vista que llega hasta más allá del Sant Crist de Balaguer.
El oficio se está acabando, sin embargo, Vicent está orgulloso de mostrar una foto de su nieta mayor, María, tocando una campana en Os de Balaguer, el pueblo de las campanas. Asegura que a sus nietas pequeñas también las animará a que sigan con la tradición. En Montgai parece que no hay intención, por parte de los jóvenes, de seguir con el trabajo de Vicent “es demasiado esclavizante”, alega el campanero.
El campanario de Montgai, el más alto de la Noguera, ha sido recientemente iluminado y ahora, por fin puede ser visto desde muy lejos.

ORTIZ ROCA, Ana
La Mañana (10-08-2008)
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