MENA, Leticia - Cuando las horas molestan

Cuando las horas molestan

Un grupo de vecinos de Esles denuncia el volumen y la frecuencia con la que suena el reloj del campanario de San Cipriano



Hasta ayer mismo y desde hace dos meses, cuando la noche llegaba a Esles de Cayón el silencio se convertía en una marea que iba y venía cada hora. Los vecinos que viven en los aledaños de la iglesia de San Cipriano temblaban sin conciliar el sueño con cada campanada del reloj de la torre y es que, poco después de que la arreglaran en el mes de junio, un grupo de mujeres del pueblo decidió subir los decibelios a límites poco soportables para su salud. Insomnio, ansiedad, irritabilidad, disminución del rendimiento y de la concentración son sólo algunas de las consecuencias que han empezado a experimentar pero quieren dejar claro una cosa: «No pedimos que quiten el reloj. Lo único que solicitamos es que suene a unos decibelios y con una frecuencia que esté dentro de la legalidad para que podamos tener una vida tranquila».

El miércoles por la tarde, el Obispado decidió dejar el reloj de la iglesia en 'pausa' hasta que tomen una solución definitiva. Pero hasta el martes, el campanario digital llegaba a su máximo esplendor acústico cada quince minutos desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche. A partir de ahí, cada hora con la misma intensidad. Y a las doce del mediodía, después de las correspondientes campanadas, empezaba a sonar el ángelus. «Una preciosidad si lo hiciera a otro volumen», decía ayer Obdulia Delgado, una vecina que vive justo al lado de la iglesia y que comenta que la habitación de estudio de su nieta da justo hacia el campanario. «En época de exámenes ahí no se puede concentrar nadie», dice indignada.

Ahora no suena

Si se hubiera mantenido el nivel acústico que el campanero ajustó en un principio, estos vecinos se confiesan encantados de escuchar el reloj de fondo. Así se expresaba ayer Bárbara Ecenarro, una de las afectadas que ha encabezado la recogida de firmas para solicitar, por un lado al Ayuntamiento y por otro al Obispado, que se tomara alguna decisión. Lo que parece un problema que «se podría solucionar hablando» -como indica el propio alcalde pedáneo , Miguel Ángel Cobo-, se ha convertido en un enfrentamiento entre dos grupos de vecinos de Esles.

Los afectados dicen que «la culpa es de un grupo de mujeres del pueblo que no tienen otra cosa que hacer que incordiar y atacar verbalmente a todos los que no piensan como ellas». Y estas mujeres a las que se refieren y que son las que tienen la llave del templo, dicen que «somos las únicas que hacemos algo por la iglesia y tenemos que ver cómo cortan los cables o rompen el contador», dice Victoria Abascal. El pedáneo les explica que «eso no lo han hecho los vecinos que viven por allí. Sospecha quién puede ser pero les asegura no tiene nada que ver con quienes piden que el reloj suene a unas horas decentes. Lo ideal sería que lo hiciera a las medias y a las enteras desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche».

Todo por la iglesia

Victoria Abascal e Isabel Penagos están dispuestas a escucharles «si lo que piden es eso». «Nosotras no nos metemos con nadie, sólo hacemos cosas por la iglesia», asegura Victoria para recordar que «hemos rehabilitado el altar, que nos ha costado más de 11.000 euros; hemos encargado un armario para las cosas del señor cura y dos caballetes para poner unos tiestos, que ha salido por más de mil euros; y hemos arreglado el reloj, que ha costado exactamente 15.540 euros más el IVA, y hemos tenido que pagar al electricista 750 euros. Teníamos 18.000 euros que nos dio el anterior pedáneo y el resto que nos falta por pagar, nos lo va a dar la gente del pueblo». Isabel asiente mientras Victoria cuenta todo lo que han hecho por la iglesia. Y el pedáneo les dice que una cosa no quita la otra y les invita a que se sienten con los vecinos que viven cerca del campanario. «Aquí nadie quiere quitar el reloj, sólo que suene dentro de los términos que marca la ley, con una frecuencia y un volumen que estén dentro de la legalidad», les apunta.

Lexatin

Y quien pide precisamente esto y lo ha hecho a través de sendos escritos tanto al Obispado como al Ayuntamiento ha sido Bárbara Ecenarro. Esta universitaria vive muy cerca de la iglesia de San Cipriano con sus padres. Su madre, Laura Díaz-Tejeiro reconoce estar tomando 'lexatin' porque está muy alterada por el sonido de las campanas. «Cada vez que sonaban, todo retumbaba. Daba igual tener las ventanas abiertas o cerradas porque el sonido era insoportable. Incluso la caja del piano del salón resonaba durante un rato. Era horrible».

Ante esta situación y después de dirigirse al Consistorio de Santa María de Cayón sin respuesta, Bárbara escribió al Obispado. «El problema es que lo que prometía ser causa de placer para el oído se ha convertido en una tortura inaguantable para las familias residenciadas en los domicilios aledaños a la iglesia de San Cipriano». Esta es sólo uno de los puntos que Bárbara manejó en el documento que remitió al Obispado de Santander el pasado lunes y dos días después esta institución mandó parar la maquinaria del reloj de la torre hasta alcanzar un acuerdo.

MENA, Leticia
El Diario Montañés (25-07-2008)
  • SANTA MARIA DE CAYÓN: Campanas, campaneros y toques
  • Ruido y denuncias: Bibliografía

     

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