FLÓREZ, Aurora - Los sonidos de la rampa

Los sonidos de la rampa

Antonio Mendoza, campanero del Salvador, supervisando ayer el ensamblaje de la rampa. Foto DÍAZ JAPÓN
Antonio Mendoza, campanero del Salvador, supervisando ayer el ensamblaje de la rampa. Foto DÍAZ JAPÓN

Seis peldaños que salvar y una veintena de tableros de madera de pino vuelven a ocupar desde ayer un espacio entre los símbolos de los tempos inmateriales de Sevilla.
A las puertas del templo del Divino Salvador, la rampa, rampla, tablao o como quieran verbalizarlo apareció de nuevo montada a los ojos de los sevillanos anunciando la Semana Santa, preparada para recibir hoy la llegada del Señor de Pasión, y, sobre todo, significando la recuperación real del segundo templo más importante de la ciudad.
Allí, en el viejo sonido del resonar de zapatos nuevos, apretados y brillantes del Domingo de Ramos, el paso rápido de los nazarenitos blancos de Santiago y el racheo de las alpargatas costaleras que han quedado escondidos en la plaza, se acumulan los recuerdos de muchos sevillanos que fueron niños y esperaron impacientes a las puertas del templo y que hoy volverán ante la Colegiata para ver el regreso de su Señor.
Son, pocos o muchos, cinco años, pero en ese lustro la ciudad ha seguido su camino, envejeciendo, languideciendo a veces la vida en el centro, y ya los niños no juegan al fútbol lanzando el balón desde arriba de la rampa, pero ese mecano sí continúa señalando una fecha que se dibuja entre la pancarta que grita «capirotes» de Puerta Carmona, el incienso de los puestecillos de las esquinas que, de pronto, golpean los sentidos de los paseantes; las torrijas en los escaparates y el imaginario colectivo de una ciudad siempre en espera de un tiempo de gozos para los ojos y los espíritus.
Y como tantas otras cosas de la ciudad, la rampa del Salvador, lejos de las trivialidades, también tiene su propio ritual.
Ayer, Antonio Mendoza, campanero del templo y capiller de la Hermandad del Amor, y sus hijos Antonio, Jesús y David, se levantaron muy temprano para ir hasta una finca de Utrera, en la que un hermano del Amor guarda cada año las maderas.
Iba pensando en que, por fin, el Salvador, espléndidamente rehabilitado, volverá a abrir sus puertas; en que hoy, el Señor de Pasión vuelve a su casa, y después lo harán el Amor y la Borriquita . Y recordaba con emoción a don Juan Garrido Mesa, que llamaba a Antonio «guardia» del Salvador, y que fue el artífice de que el Salvador vuelva a abrirse para el pueblo».

Desde el abuelo José

Después, los Mendoza, guiados por Antonio, repitieron los pasos para montar la rampa que desde 1922, cuando la Hermandad del Amor se trasladó al Salvador, construyó año tras año su abuelo José, al que siguió su padre, también llamado Antonio, en una labor que ahora ellos repiten con la misma dedicación que sus ancestros.
Sí, claro que ha cambiado la forma de ensamblar este mecano que facilita el trabajo de los costaleros. De las puntillas y machota para un artilugio enteramente de madera se ha pasado al empleo de una estructura tubular que sustenta guías metálicas maestras sobre las que van los tableros de pino, que se mantienen y se pintan.
Antonio relata estos detalles en su casa, la misma en la que vivió su tatarabuelo José, en un patio del templo, y narra historias de la rampa y recuerdos de aquellos vecinos del poblado Corral de los Gallegos que se fueron al Polígono San Pablo que pululaban por una plaza efervescente, en la que hoy casi sólo juegan sus nietos y en la que la cerveza corre como un auténtico río, eso sí sigue siendo como siempre, frente a la estatua de Martínez Montañés.
En menos de tres horas, Antonio y sus hijos dejaron listos y acoplados ayer los alrededor de veinte metros de longitud de la rampa, que hace años hubo de ampliarse unos tres metros y medio, «dándole más caída, dice Antonio Mendoza, para que el avance de los costaleros fuera más cómodo.
Queda ahí, diseñada con escuadra y cartabón de emociones, como un testigo aparentemente sin trascendencia, para facilitar la subida a este tiempo de ritos en el que la primavera va a ganar a la temporalidad del invierno.
Hoy mismo, la rampa demostrará que no hay trigonometría que desentrañe el ángulo que devuelve al Hijo de Dios al Salvador.

FLÓREZ, Aurora
ABC Sevilla (16-02-2008)
  • SEVILLA: Campanas, campaneros y toques
  • MENDOZA VÁZQUEZ, ANTONIO (SEVILLA): Intervenciones
  • Campaneros: Bibliografía

     

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