HÜBNER, Emil - Campanilla romana de Tarragona

Campanilla romana de Tarragona


Según las atentas comunicaciones con fecha del 25 de Abril, 4 y 16 de Junio, que debo á la amabilidad del Sr. D. Ángel del Arco y Molinero, director del Museo Arqueológico de Tarragona, se encontró hace poco en el suelo de la antigua capital de la Tarraconense, siempre fértil en objetos arqueológicos de alto interés, y en los desmontes de la Plaza del Progreso, una pequeña campana romana de bronce, cuya circunferencia más ancha es de 45 cm., y la altura de 12. Es de forma sencilla, casi semicircular, y tiene encima una asa redonda de 2 cm. de grueso, cuyo agujero es de 3 cm. de diámetro. En el interior hay otra asa correspondiente en su posición con la exterior, y de esa debía pender el badajo de hierro, que se encontró adherido á la superficie interior y desprendido del asa, figurando una pequeña porra de 3 cm. de diámetro y 9 de largura. Entre los bronces romanos de las colecciones arqueológicas no son raras las campanillas, como es de ver en el Museo de Nápoles, que conserva muchas procedentes de Pompeya, de Herculano y de otras poblaciones antiguas. También el Museo de Berlín posee varias, y no dudo que lo mismo sucede en los demás museos. Pero la nueva campanilla de Tarragona es la única, que yo sepa, que tiene un epígrafe grabado en su parte exterior. El cual corre entre las dos últimas de seis fajitas de á dos rayas, labradas á punzón, que ornan la superficie exterior, cercanas á la base, formando dos renglones. Las fotografías muy buenas, que acompañan la comunicación del señor del Arco, no dejan duda sobre su tenor, que es el que sigue:

VERNACLVS, no VERNACVLVS, como se había leído antes, se lee claramente á pesar de una corrosión de la superficie en este lugar. Muy clara es la palabra NVNTIVS, que antes había parecido NVN EIVS; nuntius es la ortografía correcta de la palabra, que sólo en edad muy reciente solía escribirse nuncius, y da un sentido muy bueno; nun eius ó nunc eius ninguno. Finalmente lo que en el segundo renglón se lee SECVLVM en vez de saeculum, que es lo más correcto, es, así como vernaclus en lugar de vernaculus, señal de pronunciación y escritura rústica, no rara en la época, á la cual el monumento ha de atribuirse con probabilidad. Porque el carácter de las letras, las hojitas de hiedra en el lugar de puntos, y el giro de las frases, sobre todo las exclamaciones en el segundo renglón, indican claramente la época de decadencia, que empieza casi con el imperio de Marco Aurelio, hacia el final del siglo segundo, y se extiende hasta cerca de la mitad del tercero. No creo que la campana sea de edad ni mucho más alta ni más baja. La inscripción, pues, dice:

Cacabulus sacris Augustis, vernaclus nuntius iunior;
Seculum bonum s(enatui) p(opulo) q(ue) R(omano) [et populo Romano]; felix Tarraco.

Sabido es que el lenguaje latino castizo no conoce la palabra campana ó campanula en el sentido moderno, y se cree que el culto cristiano, llamando á la iglesia los fieles que vivían en los campos, haya dado origen al sentido que hoy le dan todas las lenguas románicas. En el latín clásico no se conocía otra palabra con el sentido de campana fuera de tintinnabulum. Y que los tintinnabula se usaban en los sacrificios romanos, lo atestiguan palabras conocidas del Pseudulus de Plauto (r 3, 116). La inscripción de Tarragona nos ofrece una nueva palabra clásica al lado de tintinnabulum, tomada sin duda de la forma del instrumento, semejante al cacabus, la olla ó marmita. El cacabulus (ó cascabel, porque la palabra castellana parece derivada directamente del doble diminutivo cacabellus) sacris Augustis es la campanilla destinada al uso de los sacra Augusta, esto es, del culto, tan floreciente en Tarragona, de los divos Augustos y de los emperadores reinantes. Este culto en las colonias y municipios de las provincias era el centro del culto provincial. Flamines y flaminicae, sacerdotes y sacerdotisas de alto rango, y además numerosos colegios ó sodalicios de gente más baja, como los Augustales, eran empleados en este culto; el cual, por supuesto, exigía también empleados subalternos, ministros, como se llamaban, la mayor parte de ellos siervos de los templos, en cuyo servicio se empleaban. Como estos oficios solían trasladarse de padres á hijos, los siervos del templo eran casi todos domésticos, nacidos de familias que desde mucho tiempo vivían del mismo cargo. Esto es la significación de las palabras verna y vernaclus; la forma vernaclus, en lugar de vernaculus, como spectaclum, piaclum, vinclum y otras semejantes se empleaban lo mismo en el latín más antiguo que en el más reciente. El cascabel destinado al culto divino no era propiedad de un individuo, más bien del cargo ó ministerio. El siervo nacido en casa, que debía llamar al culto con el cascabel, tendría el oficio de nuntius senior (sacristán) porque anunciaba los sacrificios mayores; y no faltaría un nuntius iunior (monaguillo), empleado en los sacrificios de menos importancia. Esto es lo nuevo y lo importante que la inscripción de la campanilla Tarraconense nos enseña. Las demás son frases de costumbre: que el siglo sea bueno para el senado y el pueblo romano, y que Tarragona sea feliz. Como el que había concebido é hizo grabar el texto de la inscripción usaba formas del lenguaje del pueblo, tales como seculum y vernaclus, así parece que no advirtió la repetición equivocada de las últimas palabras contenidas en las siglas históricas S · P · Q · R senatus populusque Romanus, repitiendo sin necesidad alguna y escritas con todas las letras et populo Romano. Sin embargo, excusemos esta pequeña falta de atención y quedémosle agradecidos, porque nos ha conservado un testimonio precioso de la vida religiosa en la antigua capital de la provincia Tarraconense.

Que el cacabulus en España no era cosa desconocida ya en época más remota, resulta de dos ejemplares de un plomo curioso. Encontróse el uno en Lucena, y se conserva en el gabinete numismático del Museo Arqueológico Nacional, habiéndose dibujado en el Nuevo Método de nuestro inolvidable D. Antonio Delgado (vol. II, p. 340, lám. LXXX, 1, 2). El otro se encontró en Sevilla (véase C.I.L. II 4963,8 y en el Suplemento p. 1.000). En el anverso del gran medallón se ve figurado un joven desnudo que corriendo vierte agua de un jarro que sostiene con ambas manos; al lado está un phallus con alas como a'potropaion ó sea amuleto, y debajo una escoba, y las letras IVSO Q COILI Q, que creo quo dicen iuso (esto es, iusso, lo mismo que iussu) Q(uinti) Coili q(uaestoris), por mandato del cuestor Quintus Coelius. En el reverso se observa una mujer desnuda marchando, ó más bien saltando á izquierda, que con su izquierda trae sobre el hombro un bastón, terminado arriba en una planchita con las letras TRVM, y con su derecha alza una campanilla muy semejante en su forma á la de Tarragona; á los lados de ella están las letras R· S, nada menos ininteligibles que el prum... de su bastón. Las letras muestran las formas de la época de la república, á la cual pertenece también la escritura Coili en lugar de Coeli más reciente. No cabe duda que así la desnudez de los dos jóvenes de ambos sexos como los demás símbolos figurados en el plomo, indican un culto á nosotros desconocido.

Berlín, 20 de Junio de 1894.

HÜBNER, Emil
Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 25 (1894), pp. 39-42.
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (20-06-1894)
  • TARRAGONA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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