AGÓN TORNIL, Pedro - La Seo oscense y sus voces de bronce

La Seo oscense y sus voces de bronce

Historia Local

Maquinaria del antiguo reloj que hubo en el exterior de la torre y que ahora se puede ver en una de las plantas (foto Pedro Agón)
Maquinaria del antiguo reloj que hubo en el exterior de la torre y que ahora se puede ver en una de las plantas (foto Pedro Agón)

A la entrada de los sarracenos la Iglesia Catedral se convirtió en mezquita dedicada al culto abominable de Mahoma; reconquistada la ciudad por los cristianos en el año 1096, se restituyó a ella la Sede; y ya fuese la misma fábrica que había en tiempos de los godos, o ya la hubiese reedificado los sarracenos, era tan grande y suntuosa, que según afirma el Rey don Pedro en el privilegio de su instauración, era la Mezquita más excelente de España.

Parece que se había comenzado en el año 1300, pues en el día primero de junio, el obispo Fr. Ademaro y Capítulo, en atención a que la fábrica de la Catedral no tenía rentas para su construcción, y que no podía acabarse sin grandes expensas, hicieron un estatuto en que aplicaron a dicha fábrica todas las rentas y frutos, en el primer año de sus respectivas vacantes, de las dignidades, canongias, personados y oficios de la Sede, y la mitad de las rentas de las rectorías, vicarías y beneficios de la Diócesis, cuya colación, o confirmación pertenecía al obispo.

Martín López de Azlor, que sucedió en la dignidad a Fr. Ademaro, se esmeró mucho en promover la obra, y en su tiempo se concluyó la portada, como lo indican sus armas, que están en ella juntamente con las del Reyno, y las que usaba entonces la ciudad de Huesca. Es obra de mucha labor y de notoriedad. A dos varas del pavimento hay catorce estatuas de piedra, siete a cada lado, y son de once apóstoles, San Juan Bautista, San Lorenzo y San Vicente.

De los cimborrios que están sobre sus cabezas, salen siete arcos con simetría y proporción, y entre éstos hay cuatro órdenes de figuras de santos de relieve entero, con sus pedestales y cimborrios de variada y exquisita labor. El primer orden que es el inmediato a la puerta, tiene ocho figuras de profetas; el segundo diez de ángeles; el tercero catorce de vírgenes; y cuarto y mayor tiene dieciséis de santos mártires. Sobre el dintel de la puerta hay una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en los brazos, a su derecha los tres Reyes Magos que siguen la estrella, y a su izquierda la Magdalena y el Salvador que le aparece en traje de hortelano. La realizó Juan de Olotzaga, famoso arquitecto, de procedencia vizcaína a quien se debe la traza del templo, aunque no lo concluyó, dejó el modelo en la misma portada abierto en una piedra, que sirve de dosel a la referida imagen de Nuestra Señora, en que se ven las naves, crucero, trascoro, presbiterio, bóvedas y capillas con la proporción y dimensiones que tienen dentro.

La Catedral de Huesca, en los años 30 (dibujo de Pedro Agón).
La Catedral de Huesca, en los años 30 (dibujo de Pedro Agón).

La torre es una construcción medieval, corresponde al estilo de campanarios del gótico levantino, distribuida en cuatro plantas y que termina en una amplia terraza. En ella intervinieron los maestros Juan de Quadres, Pepe Jalopa y Juan de Alguiñero. Esta esbelta torre de 37 metros de altura que ahora conocemos es una parte de la que hubo hasta la contienda de 1936, ya que su segunda parte consistente en otro campanario rematado con un llamativo chapitel, fue pasto de las llamas ya no se repuso más, en su momento, debió reconstruirse, pese a que el mismo no era de la época.

Pero como dice el refrán: no hay mal que por bien no venga, desde finales del pasado mes de agosto, a la vez que se visita el Museo Diocesano, se tiene un aliciente más; la ascensión a la torre pasando por el campanario y después a la terraza, en cuyo recorrido se puede contemplar también la esfera y antigua maquinaria del grandioso reloj que tantos tiempos estuvo en la fachada principal de la Seo. En el campanario se pueden ver las antiquísimas y grandiosas campanas encargadas de anunciar los distintos toques litúrgicos y dar puntuales las horas y los cuartos. Junto a ellas hay un breve historial con el nombre con que fueron bautizadas o consagradas.

Parece ser que las campanas en el Cristianismo se introducen estando adelantada la Edad Media, cuyos fines principales son: con sus voces de bronce alabar al Dios verdadero, llamar al pueblo, reunir al clero, llorar a los difuntos, ahuyentar las nubes tempestuosas, dar lustre a las fiestas, plañir en las exequias, quebrantar los rayos, celebrar con cantos los sábados, disipar a las tempestades y apaciguar las disputas sangrientas.

Antaño la campanología era manual, pulsada con cuerdas por los recordados campaneros oscenses, alguno de ellos auténticos artistas de distintos niveles, como Pascual Calvete (padre e hijo), los hermanos José y Julián Aquilué, Mariano Delpech, Juan Pardo (el sillero), Enrique (Cebolleta), Juan-Antonio Sanagustín, Luis Palacín y Lorenzo Rivarés. Este último, en tiempos de la Guerra de Liberación, evitó que la campana mayor catedralicia fuera arrojada a la plaza.

La campana más antigua de Huesca se encuentra en la Misericordia, junto a la antigua Residencia de Niños, nominada Santa Mónica, fue fundida en el año 1663. Por cierto, tras la remodelación de esta torre. ¿Dónde fue a parar la citada campana? La más joven, Lorenza, está en la torre de la Catedral y data de 1928. La de oraciones es de 1818 y Santa Lucía es de 1896. La de El Cimbalico, que avisaba a los canónigos para asistir al coro, es de 1913. La del Fosal sustituye a la que aún se recuerda como de los Perdidos, cuya misión era orientar al anochecer a los que estaban en el campo o posibles perdidos. La mayor es María, de 1850 y la mediana es Santo Cristo de los Milagros, de 1829. La del Corpus Christi, por llevar ese nombre, en el día de su fiesta era la única campana que no dejaba de sonar con sus prolongados y célebres bandeos.

El recordado Pascual Calvete junto a la campana mayor de la Catedral. Año 1976 (foto Moliner-archivo Pedro Agón).
El recordado Pascual Calvete junto a la campana mayor de la Catedral. Año 1976 (foto Moliner-archivo Pedro Agón).
[Nota del editor: la fotografía corresponde a la campana mayor de San Pedro el Viejo de Huesca, donde Calvete era campanero.]

El gran maestro de la campanología que fue Pascual Calvete (hijo) llegó a conocer más de cien toques, destacando los redobles de Año Nuevo, Santos Reyes, San Blas, toque a Misa de Comunión General, Ascensión del Señor, Corpus Christi, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, Santiago, Santa Ana (fiesta de los Infantes de la Catedral), Nuestra Señora del Rosario, Virgen del Pilar, Santa Catalina, Inmaculada Concepción, Santa Lucía, Natividad del Señor, Misa de Pastores (a las ocho horas en la Catedral), Lignum Crucis, a Rogativa, a la Doctrina, Misiones, Angelus, Alba, Bendición de términos y Procesión seguida de Misa Pontificia el día de San Lorenzo.

Otros toques importantes eran el alzar a Dios, los de Cuaresma, el Vessila (con campana a media vuelta), el Miserere (con carracla en el primer templo diocesano), a Tinieblas, al Lavatorio, al Sermón de las Siete Palabras, de Resurrección en la Vigilia Pascual, a Bendición de Palmas el Domingo de Ramos, de Vía Crucis, y los sonidos tristes de Agonía, Arrebato, Fuego y Perdido. Y a funeral, que los había de varias clases. Curiosamente este artífice campanero que fue Pascual Calvete, el último superviviente profesional, nacido un 2 de junio de 1924, debajo de la torre de Santo Domingo y San Martín, ya casi desde entonces repica por todos los templos oscenses, tuvo que redoblar a muerto en el funeral de su padre. También repicó por los fallecimientos de los Papas Pío XI, Pío XII y Juan XXIII. También al traslado de los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta El Escorial.

Entre las campanas mayores del mundo se encuentra la del Kremiln, fundida en 1733 bajo el reinado de la Emperatriz Ana. La más grande volteable tiene veinticinco toneladas de peso y está en Colonia, siendo la mayor de Alemania; hecha con un cañón cogido a los franceses de un peso aproximado de veintisiete toneladas. En Canterbury se necesitan veinticuatro hombres para tocar una campana. Hay otras gigantescas como la de San Pedro de Roma, que tiene un peso de nueve toneladas. En Indochina existe una campana que pesa 117.800 kilos. La mayor de España está en Toledo con 18 toneladas. La volteable más grande en Montserrat y en Pamplona la de la Catedral del año 1581 que pesa casi doce toneladas. Sin embargo, la mayor de las de Huesca no llega a una tonelada.

Y retomando la ascensión a la torre de La Seo oscense, una vez contempladas las siete campanas y en algún caso dejando atrás el susto si ha coincidido la estancia cuando los martillos o mazos ejercen su función dando horas o cuartos, emprendemos los últimos peldaños. Es el tramo más dificultoso porque se agudiza considerablemente la estrechez de la espiral, pero una vez superado resulta sumamente gratificante y relajante alcanzar el balcón principal y recrear la vista desde todos los ángulos, llegándose a divisar toda la ciudad, las sierras prepirenaicas, la comarca de la Hoya y otros pintorescos lugares. Esta innovación ha impactado de tal manera entre los oscenses y forasteros de todas las edades que en estos tres meses transcurridos han pasado ya cerca de 9.000 personas por el Museo Diocesano, la Catedral y su torre.

AGÓN TORNIL, Pedro
Diario del Alto Aragón (30-12-2007)
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  • Campaneros: Bibliografía

     

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