DIONISIO, Miguel Ángel - La torre de San Miguel

La torre de San Miguel

Su perfil es inconfundible. Como corresponde a una de sus funciones, la de atalaya de vigilancia, se divisa en la lejanía, aunque desde Toledo se descubre sólo al aproximarse por la carretera. Me refiero, claro está, a la torre que se yergue enhiesta en La Puebla de Montalbán.

Dicha torre ha tenido un protagonismo especial en esta XXI Edición del Festival Celestina, un evento que se ha consolidado ya como uno de los acontecimientos culturales del verano en la provincia de Toledo. Este año he podido asistir al mismo y me parece admirable el esfuerzo, la ilusión y el empeño que los vecinos de La Puebla dedican al mismo. Uno de los festivales a los que debería ser inexcusable acudir en este mes de agosto. Un encuentro con la Historia, la Literatura, el Arte, la Gastronomía, con un programa cultural muy amplio y variado. Magnífico ejemplo de cómo el riquísimo patrimonio histórico-artístico español es un factor de dinamización económica para nuestros pueblos, ofreciendo una alternativa para los jóvenes, creando puestos de trabajo, evitando el éxodo que día tras día vacía nuestro entorno rural.

Pero volvamos a la torre. Obra del maestro Cristóbal Ortiz en 1604, es lo único que resta de la antigua parroquia de San Miguel. Tras las obras de restauración, aún pendientes de ser culminadas a la espera de nuevos recursos económicos, este año se ha abierto al público, con una serie de visitas guiadas que han sido todo un éxito, en torno a las 500 personas en el fin de semana. Las visitas, además de la explicación de la historia de la torre, de la desaparecida parroquia de San Miguel y de la figura de don Álvaro de Luna, muy ligada al antiguo señorío de Montalbán, concluían en el último cuerpo, el de las campanas, con la escenificación del lamento de Pleberio, el padre de Melibea, tras el suicido de ésta. Junto a esta conclusión dramática, espléndido colofón a las diferentes representaciones que han tenido lugar, la subida vale realmente la pena por las espléndidas vistas, que permiten divisar una amplia panorámica de los alrededores. No en vano los franceses la convirtieron, durante la guerra de la Independencia, en un punto de vigilancia para controlar los movimientos de los guerrilleros.

La iniciativa ha sido estupenda, un extraordinario ejemplo de recuperación del patrimonio y puesta en valor del mismo. Durante demasiado tiempo, muchas poblaciones, en aras de una mal entendida modernización, han destruido sus cascos urbanos con nuevas, y generalmente feas, construcciones, cuando la restauración del patrimonio, el cuidado y mejora del entramado urbano, junto a la buena gestión del mismo y las iniciativas culturales, son la mayor garantía de futuro para gran número de nuestros pueblos.

Desde este torreón mi enhorabuena a los vecinos de La Puebla. Ojalá cunda su ejemplo y sean muchos los pueblos que se empeñen en la conservación y puesta en valor de su patrimonio.

DIONISIO, Miguel Ángel
La Tribuna de Toledo (30-08-2019)

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